Elisenda Camps, presentadora de radio y televisión: "La madurez, tan respetada y venerada en culturas orientales, se está convirtiendo en un handicap tanto a nivel profesional como personal. Ocurre en todos los sectores (industria, banca, comercio, etcétera) pero hay algunos especialmente crueles, como la televisión, el cine o el teatro."

El binomio paro-jubilación me intranquiliza. Con la aprobación de la reforma de la ley de pensiones y el con el elevado índice de desempleo que sufre nuestro país es fácil plantearse más de un interrogante.

A partir de ahora, nos jubilaremos oficialmente a los 67 con 37 años cotizados y, con un poco de suerte y si disponemos de 38 y medio, seremos de los privilegiados que podremos hacerlo a los 65 con el 100% de la pensión.

La pregunta es: ¿Quién nos asegura que vamos a tener un trabajo estable hasta los 65 o 67 que nos permita cotizar los años exigidos ? Es cierto que la esperanza de vida es cada vez mayor, que llegamos a edades avanzadas, en general en buena forma, y que intelectualmente podemos estar en plenas facultades para trabajar. Pero ¿de qué nos sirve cuando actualmente gran parte de las empresas reducen su plantilla y optan por despedir a los trabajadores que sobrepasan los 50?

En muchas ocasiones, esa vacante no se cubre y el trabajo lo asume otro compañero o bien se contrata a alguien más joven, quizás con mas estudios pero sin bagaje profesional, con menos cargas familiares y que acceda a trabajar por un sueldo menor.

¿Qué ocurre entonces con la experiencia laboral, la responsabilidad y la credibilidad que atesoran los profesionales de más edad? Parece que estas capacidades, adquiridas con los años, han dejado de ser valoradas.

Ahora se lleva limpiar las empresas de trabajadores maduros para ahorrar costes. Eso sí, en detrimento en muchos casos, de un buen servicio, producto o gestión.

Esta madurez, tan respetada y venerada en culturas orientales, se está convirtiendo en un handicap tanto a nivel profesional como personal. Ocurre en todos los sectores (industria, banca, comercio, etcétera) pero hay algunos especialmente crueles, como la televisión, el cine o el teatro, donde la imagen tiene un peso específico importante.

Veamos, un hombre madura y con la aparición de las primeras canas se vuelve mucho más interesante y atractivo… ¡No importa si tiene barriga o sufre alopecia! No ocurre así en el caso de la mujer que al cumplir años se convierte, según creen algunos, en una mujer mayor y poco atractiva con lo cual necesita un recambio.

En general, se lleva mal el paso de los años en televisión. Así lo puso de manifiesto la periodista Rosa María Mateo en la entrevista publicada por La Vanguardia a raíz de una sentencia que obligaba a readmitir a una presentadora de informativos de la BBC, Marian O´Reilly, despedida por ser demasiado mayor con unos esplendidos 53 años.

La imagen importa en algunas profesiones más que en otras, es cierto, pero ¿hay que ser eternamente joven y guapa para poder trabajar en televisión? ¿No es importante la experiencia profesional y la capacidad de comunicar? Sinceramente, creo que no es justo.

También las actrices se quejan de que no trabajan a partir de cierta edad y de que a menudo se opta por contratar y caracterizar a otras más jóvenes para un papel de mujer madura . Otra absurdidad. La conclusión es que, sea cual sea el sector en el que trabajemos, engrosar las listas del paro pasados los 50 es un grave inconveniente. No es fácil incorporarse de nuevo al mercado laboral. Pero nos queda la esperanza de que esta sociedad nuestra evolucione y sea un poco más sensible, de que termine la crisis económica y aumenten las oportunidades laborales para todos.

Mientras tanto, podemos reciclarnos, realizar cursos, intentar reorientar nuestra profesión, reinventarnos… y poner una vela a Santa Rita para que nos ayude a cotizar para la jubilación.

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