Hay una nueva especie de entrevistadores que crece al ritmo de la crisis. Hacen todo lo posible para quedarse con lo mejor de cada candidato a un puesto de trabajo sin gastar ni un céntimo a cambio. Obtienen así ideas creativas o información confidencial sin coste alguno.

Un puesto de trabajo después de años de paro o un ascenso de sueldo tras la recesión. Hay situaciones que convierten al ser humano en un blanco fácil para los depredadores. Especialmente en tiempos de crisis, cuando faltan empleos y abundan los delincuentes. Es la época de los ladrones de buenas ideas, que usan las entrevistas de trabajo para sacar lo mejor de un candidato desesperado y luego dejarle en la estacada. ¿Qué mejor que aprovechar el talante de un potencial trabajador para absorber lo mejor de su cerebro sin tener que pagar nada a cambio?

Es el aviso de Alan L.Sklover, un abogado y blogger –SkloverWorkingWisdom.com–) de Estados Unidos de cuyas teorías se han hecho eco a ambos lados del charco. Su advertencia se titula “Robo de entrevistas”, un artículo en el que da las siete claves para evitar la creciente tendencia a aprovecharse de los aspirantes a un puesto de trabajo con preguntas comprometidas en las que se requieren ideas creativas o información confidencial. O, lo que es lo mismo, donde se busca sacar al candidato lo mejor de sí mismo, esa parte de su cerebro que le hace distinto del resto de su categoría.

Sklover pone como ejemplo un caso real relatado por una trabajadora de Estados Unidos, país acostumbrado a la interacción entre expertos en recursos humanos y trabajadores con problemas en sus puestos de trabajo. La protagonista es una mujer de 36 años, experta en artes gráficas y con un excelente currículo en el mundo de la publicidad. Su historia es la siguiente: ante el auge de los medios online, se interesa por las nuevas tendencias y encuentra una oportunidad como directora de arte en una web pionera en moda.

Su primera entrevista fue realmente bien. Tanto, que llegó a casa diciendo a su marido que ése era su trabajo, tras una conversación en la que volcó toda su creatividad y todo el fruto de su experiencia para dar ideas con las que optimizar la home de la publicación y crear modernas creaciones para otras aplicaciones. Después de muchos cafés, pastas, horas de entretenidas entrevistas y gastos en software con los que enviar un borrador a la empresa, sólo obtuvo el plantón por respuesta. Y una enseñanza que dar al resto del mundo que Sklover resume en siete ideas.

  1. Prepare sus respuestas ante cualquier cuestión que pueda resultar confidencial, comprometida o reveladora de ideas que aún no quiere desvelar. A veces una compañía, conocedora de esta nueva moda de preguntas, no busca la mejor contestación. Sólo quiere saber cómo se desenvuelve el candidato ante esa petición de información confidencial.

  2. No hable de su trabajo actual. “¿A qué se ha dedicado en los últimos doce meses?” La habitual pregunta no es casual. Y en su mano está hacerse valer o poner en peligro su puesto actual. “Si pertenece al mundo de las finanzas, no desvele las últimas discusiones en su empresa; si es músico, no hable de los que espera que sean los últimos éxitos; si es comercial, no discuta sobre nuevos productos”. En vez de todo eso, aconseja el gurú, explique su visión general de la industria, o remita al entrevistador a los últimos artículos que haya leído.

  3. Con amabilidad, rechace cualquier petición de información confidencial: debe demostrar que es una persona honesta hacia su compañía actual. Admita que es incapaz de compartir ese tipo de datos y, con cortesía, dirija la conversación de nuevo hacia temas más seguros, como las tendencias del sector.

  4. El abogado aconseja imprimir su seña de identidad en los documentos que presente a la nueva empresa. Puede poner un copyright (@su nombre- todos los derechos reservados) o una frase estilo “propiedad de Antonio González, no utilizar sin consentimiento escrito”. No será 100% efectivo, pero deja ver sus intenciones.

  5. A veces nada de esto vale y no queda más remedio que dar al entrevistador un aperitivo de su trabajo, que le puede llevar decenas de horas. El abogado no duda a la hora de aconsejar al candidato que pida un importe por esa obra inicial. Su filosofía es sencilla: explique con prudencia que le lleva tiempo realizar esa muestra, el mismo que podría estar utilizando para otro tipo de labores con las que ganar dinero.

  6. No olvide guardar una copia escrita de todo. Sobre todo, de aquello que pacte con el potencial empleador. La forma más fácil de proteger la originalidad es enviar un email a las personas implicadas en la entrevista para dejar claro que cualquier idea que pueda compartir no será utilizada o divulgada a nadie más. Asegúrese de conservar, sobre todo, un “ok / estoy de acuerdo” por respuesta.

  7. "La confianza vende y vende bien", recuerda Sklover. Aconseja no tener miedo a reconocer que uno está incómodo con determinadas preguntas. Es una reacción humana muy natural el intentar hacer feliz al entrevistador y, por eso, evitar decir o hacer cualquier cosa que pueda reducir al mínimo sus posibilidades de ser contratado. La inclinación natural es decirle al entrevistador lo que quiere oír... Y a buen depredador, pocas respuestas bastan.


El comodín: ¿Le importa si contesto más tarde?

“Ésa es una gran pregunta, pero no estoy del todo seguro de que pueda responder en este momento sin compartir la información confidencial. Me gustaría dar a esta cuestión una reflexión adicional. ¿Le importa si no le contesto en este momento? “. El gurú Alan L.Sklover ofrece esta respuesta como comodín ante cualquier pregunta que le pueda resultar incómoda o confidencial. Aunque recuerda que no siempre se hacen estas cuestiones con mala intención.

Muchas empresas plantean estas preguntas como trampa al entrevistado, para que éste pueda demostrar que no puede ser engañado por la competencia en una situación límite. Piensan que si ellos pueden hacerlo, los demás también podrán, poniendo en riesgo los intereses de la compañía. Tenga en cuenta, además, que si decide compartir determinados datos puede poner en riesgo su puesto actual. El abogado y blogger pone como ejemplo un entrevistador que pidió al candidato una lista de sus clientes en la empresa de la competencia, lo que en Nueva York sería un delito castigado con pena de prisión.

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