Más de la mitad de los trabajadores españoles gana la media de mil euros. Este dato del Eurostat Population and Social Conditions, nos coloca por debajo de la mayoría de los países centroeuropeos, cuyos sueldos están por encima del 'mileurismo '.

En seis socios comunitarios, las nóminas de mil euros son prácticamente inexistentes. En España, en cambio, más de la mitad de los trabajadores están 'atrapados ' en ese sueldo.

El mundo puede ser añil o negro en función de los zapatos con los que se pisa. Transitar por la rocosa Côte d 'Azur o disfrutar de la placidez bávara de Starnberger See no tiene precio para los franceses o belgas. La holgada horma salarial de los países del centro y norte de la Unión lo resiste todo: cafés a 2,50 euros y bocadillos de contenido liviano a 10. La clave está en el sueldo, obviamente, pero más aún en la productividad.

Un joven inexperto ganaría un mínimo de 1.462 euros en Irlanda; 1.642, en Luxemburgo y 1.321, en Francia (en catorce pagas y en términos brutos). Los márgenes respecto al caso español "donde el Salario Mínimo Interprofesional es de 728 euros" también son amplios, incluso si se tiene en cuenta los sueldos expresados en estándares de poder adquisitivo.

Así, un británico novato percibe, de entrada, 1.154 euros mensuales, frente a los 1.336 euros de Holanda o los 804 euros de Malta. Pese a que nadie se le escapan que siguen siendo retribuciones modestas respecto a la media de sus países (ver gráfico), guardan una doble lectura positiva.

Por un lado, el mileurismo propiamente dicho está superado en seis de los veinte socios estudiados en el último boletín de Eurostat Population and Social Conditions (Bélgica, Luxemburgo, Irlanda, Francia, Holanda y Reino Unido). Por otro, mientras en España más de la mitad de la población trabajadora (10,8 millones) está etiquetada por ganar mil euros, en el resto las personas con un perfil teóricamente similar representan sólo el 14%.

Según las principales organizaciones sindicales, uno de cada siete eurotrabajadores "recibe un salario bajo", es decir, "menor que las dos terceras partes del salario medio", una definición que engloba a aquellos que ganan menos de 24.082 euros anuales (1.720 euros al mes), un ejemplo gráfico de que ser mileurista en la eurozona está más próximo al dosmileurismo. ¿Pero qué motiva esto?

Algo básico: el 64% de las nóminas de la eurozona se fijan de espaldas al crecimiento de la inflación, mientras en el caso español el 70% están ligadas a ella, según el Banco de España. La clave radica en que esta política salarial favorece a un grupo limitado de trabajadores, básicamente a los que tienen un contrato indefinido "desde el año 2000 han visto crecer su masa salarial un 12%", por lo que el mercado compensa esta rigidez con el 30% de asalariados restantes.

En el Viejo Continente, el patrón que dicta los impulsos retributivos viene de la mano de la productividad. Entre 2001 y 2007 (años anteriores al estallido de la crisis subprime) la producción por hora trabajada en el conjunto de la UE-15 aumentó un 8% o, lo que es lo mismo, a una tasa anual del 1,3%. Ante este relativo alarde de eficacia, el aumento de este indicador en España fue de sólo el 5,8%, es decir, una tasa del 0,9% anual, sólo por delante de Italia.

El mercado sigue ignorando su talón de Aquiles y continúa revisando los salarios a golpes de crecimiento del IPC y, ahora, por encima de éste, para disgusto de Miguel Ángel Fernández Ordóñez. El gobernador del Banco de España ha criticado reiteradamente los "rígidos mecanismos" en la negociación de las retribuciones en España. Sin ir más lejos, el incremento salarial pactado en los 3.400 convenios firmados hasta julio fue del 2,67%, frente a la caída del 1,4% que marcó el dato de inflación adelantado.

El Acuerdo de Negociación Colectiva quedó roto en marzo por las discrepancias de la patronal y los sindicatos que, pese a la recesión, no están dispuestos a firmar incrementos retributivos inferiores al 2%. Tras el fallido diálogo social, todo apunta a que cerrar este frente será complicado.

La cuestión viene agravada por el hecho de que CEOE tendrá que dejar al lado el discurso de revisar los salarios conforme a la productividad, pues se está produciendo un repunte de ésta "en lo que va de año ha crecido cerca de un 3%, en comparación al anterior" debido "a la destrucción de empleo (la mala causa) y no por la capitalización de la economía", como señalan desde AFI.

Mientras, el empleo seguirá ajustándose no sólo vía cantidad, sino vía precio. Ocho de cada diez españoles está dispuesto a recortar su sueldo con tal de conservar su empleo, según Randstad.

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