Sentarse en el despacho de un alto ejecutivo, escucharle y ayudarle a sacar lo mejor de sí mismo para conseguir sus metas. Así podría resumirse en qué consiste el trabajo de un coach, es decir, el profesional que ofrece servicios de eso que los americanos llaman coaching y que aquí en España se ha convertido en un vocablo cada vez más común.

Multinacionales norteamericanas como General Electric o Arthur Andersen fueron las primeras en confiar en los beneficios del coaching para sus equipos directivos. En España está en pleno crecimiento y cada vez hay más personas interesadas en dedicarse profesionalmente a ello, animadas por lo atractivo de la tarea y las elevadas tarifas que cobran estos expertos: la mayoría rechaza facilitar cifras pero el precio por sesión puede superar fácilmente los 500 euros. Quienes llevan más años en el sector alertan del riesgo de intrusismo y recuerdan que un buen coach debe cumplir toda una serie de requisitos. "Un coach que va a trabajar con ejecutivos debe tener su propio bagaje profesional como directivo para poder entender el contexto de la otra persona - recuerda María García, socia directora de Seelinger y Conde Consultoría-. Conozco un peluquero que se ha certificado en coaching para gestionar mejor a su equipo, pero es impensable que esta persona pueda asesorar por ejemplo a un directivo de banca".

Según García el coach debe tener además toda una serie de habilidades innatas que después pueden irse trabajando y, "por supuesto, técnica y certificación". En España existen diversos centros que ofrecen certificaciones otorgadas por la ICF (International Coach Federation) o la AECOP (Asociación Española de Coaching y Consultoría de Procesos). El Instituto de Empresa (IE) ofrece además desde 2007 en Madrid el Programa Superior en Coaching Ejecutivo y Management, que el próximo 4 de marzo comenzará también por primera vez en Barcelona.

El programa se dirige a profesionales con más de 5 años de experiencia en cualquier área de la empresa o consultoría con experiencia en gestión de personas, profesionales del mundo del coaching que quieran completar su formación o directivos que quieran mejorar sus habilidades para gestionar a sus equipos. "Es un programa selectivo que exige alumnos con experiencia porque formamos a coachs que van a trabajar con ejecutivos, y para asesorar a un consejero delegado, por ejemplo, primero te tienes que ganar su autoridad moral", destaca María García, codirectora del programa del IE.

Las motivaciones que llevan a un profesional a formarse en coaching son muy diversas. Según García, "muchos lo hacen para adquirir habilidades que no tienen, pero otros quieren implantar programas de desarrollo en su empresa y algunos aspiran a dedicarse plenamente a ello más adelante o compaginarlo ya con su empleo actual". Las salidas profesionales para ejercer el coaching pasan por ejercer como freelance o dentro de una gran firma que ofrezca este tipo de servicios: en Seelinger y Conde, por ejemplo, trabajan 40 coachs.

García, que ha trabajado con algunos de los principales ejecutivos de España, ha visto casos de todo tipo. "Hay directivos muy brillantes pero que no saben tomar decisiones o comunicarse con su equipo: mi misión como coach no es enseñarle a hacerlo, sino desbloquearle para llegar a la acción y que cambie sus hábitos", explica. El resultado, asegura, es que a menudo recibe emails de agradecimiento de directivos que aseguran que les ha cambiado la vida. "Es una profesión preciosa", concluye García.


Nueva vocación para ex directivos

Algunos de los directivos que asisten a sesiones de coaching como clientes acaban descubriendo aquí una nueva vocación y aspiran a sentarse al otro lado del diván. "Muchos ven el coaching como algo idílico en lo que trabajar y creen que ejerciendo de esto van a trabajar menos y vivir mejor - explica Francisco Giménez, consejero delegado de Augere-. Pero como cualquier actividad de servicios el coaching exige mucho, porque estamos en un mercado muy duro". En los dos últimos años, Augere ha formado a unos 1.500 directivos para ejercer como coachs: muchos aplican lo aprendido en sus propias empresas, pero cada vez son más los que deciden dejar su empleo actual para dedicarse en exclusiva al coaching "porque por su ciclo vital o porque la situación de su compañía está complicada, creen que ejerciendo como coachs van a poder vivir más de acuerdo con sus valores". El alud de directivos de alto nivel que se han quedado sin empleo con las reestructuraciones de los últimos meses es otro foco de potenciales coachs."Tenemos casos de ex directores generales y ex consejeros delegados que al quedarse en paro se han formado como coachs y pueden ofrecer sus servicios a directivos de otras empresas", explica Giménez.

Carmen Campos, directiva de Bank of America

"Ejerzo en mis ratos libres"

Carmen Campos, de 36 años, es manager internacional de selección, formación y desarrollo de Bank of America, que cuenta con un plan global de coaching. Tras certificarse por el Instituto de Empresa, Campos ejerce como coach en sus ratos libres. "Empecé sin cobrar para ganar soltura pero ahora me salen bastantes clientes, por ejemplo a través de Linkedin", explica. Para compaginarlo con su trabajo, dedica al coaching unas 6 horas semanales, a menudo en los despachos de sus clientes aunque a veces hace sesiones al aire libre o por teléfono."Son clientes muy ocupados y me adapto a ellos", dice.

Carlos Hinchado, directivo en un laboratorio

"Lo aplico en mi empresa"

Carlos Hinchado, de 39 años, trabajaba en el departamento de entrenamiento comercial de un laboratorio, pero su objetivo era liderar los grandes procesos de formación de su compañía. Tras conocer el coaching como cliente decidió formarse como coach en el Instituto de Empresa. "Sabía que las grandes multinacionales iban a requerir este tipo de puestos, y quería liderarlo en mi empresa", explica Hinchado. Efectivamente, ahora la compañía está diseñando una estrategia global de coaching, y ha seleccionado a Hinchado como el encargado de unificar las necesidades globales de la firma en este ámbito.

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