Plan Social es un juego de cartas para tomarse con humor la crisis de empleo y que está teniendo mucho éxito en Francia. Se hizo famoso gracias al boca a boca y ahora se presenta en el Salón Profesional del Juego de París.

Imagina que eres accionista de una compañía y tienes que deshacerte de toda tu plantilla. Eres un depredador empresarial, ambicioso y sin escrúpulos. Imagina que por cada trabajador que despidas añades un puñado de acciones a tu cartera.

Si encima se trata de un empleado molesto (un delegado sindical, un inmigrante sin papeles, una mujer embarazada o un discapacitado) obtienes una bonificación extra que te hará aún más rico y despiadado.

Afortunadamente esta situación imaginaria sólo es posible sobre el tapete y si juegas a Plan Social, un juego de cartas que se toma con humor la crisis de empleo y que está arrasando en Francia. Su éxito ha sido tal que este fin de semana se presenta en el Salón Profesional del Juego de París.

Gracias al boca a boca

Cuando la "humilde" casa de edición Arplay, creada en Bretton en 1999, lo lanzó en el mes de noviembre nunca imaginó la gran acogida que tendría. Ni estrategias de venta ni campañas de marketing que valgan. Gracias al boca a boca, en dos meses esta empresa ha vendido los 3.000 juegos que había fabricado y ha tenido que encargar una tirada de 10.000 más ante la avalancha de peticiones que ha recibido en su web.

Para enfrentarse a una partida hay que armarse de buen humor, sobre todo aquellos que han sufrido en sus carnes algún despido. Y eso que en Plan social no hay víctimas laborales. Éstas están todas sobre la mesa, mientras que los que se sientan alrededor son los que, por una vez, tienen el mando.

Los jugadores, accionistas de una empresa

Los jugadores son accionistas de una empresa y cada carta representa a un empleado. La jerarquía empresarial también está representada en la baraja: cuadros superiores, técnicos, obreros, inmigrantes sin papeles, becarios, etcétera. El primero que consiga deshacerse de todos los asalariados consigue el Plan Social, que de social, tiene poco.

El premio está a la altura de la calidad humana del ganador, que podrá "deslocalizar su empresa en un país totalitario con mano de obra más barata". Y para evitar confusiones, la empresa advierte en su página web que el juego está "concebido y fabricado en Francia, sin deslocalización". En este caso no hay que predicar con el ejemplo.

Un remedio a la crisis a base de ironía y buen humor que, según la empresa que lo comercializa, atrae tanto a víctimas como a verdugos. Así, Plan Social no divierte sólo a los jefes despiadados, sino también a los que están en el otro lado.

Por una vez y aunque sea por unas horas, podrán ponerse en la piel del malo y experimentar qué se siente. Este fin de semana Plan Social se presenta en sociedad en el Salón del Juego de París. Su carta de presentación: "Que la fuerza del liberalismo te acompañe". Toda una declaración de intenciones.

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