Con cada vez menos jóvenes cualificados y menos estudiantes en carreras técnicas, la invitación de la canciller alemana Angela Merkel a los jóvenes españoles con estudios pone en peligro el nuevo modelo económico que tiene que salvar a España de la crisis.

Está bien que Angela Merkel se interese por contratar a jóvenes españoles cualificados. Pero, Angela... Tenemos un problema. España es uno de los países con más NiNi (que ni estudian ni trabajan) de la OCDE, y la escasa generación de reemplazo es cada vez más insuficiente y está menos cualificada, a lo que se une una preocupante escasez de estudiantes en carreras técnicas. Si los más cualificados (pocos) acuden a la llamada de la canciller y su 'vente a Alemania, Pepe' del siglo XXI, ¿quién quedará para poner en marcha el tan cacareado nuevo modelo económico que nos sacará del agujero?

El pasado mes de noviembre, un informe del Instituto de Mercado de Trabajo e Investigación de Empleo (IAB) de Nuremberg revelaba que las empresas alemanas, especialmente la industria, necesitan más de 800.000 trabajadores para poder ocupar las vacantes laborales del tercer trimestre de 2010, un 27% más que en el mismo período del año anterior.

Ahora, y según avanzó este fin de semana Der Spiegel, la canciller Angela Merkel plantea la posibilidad de que jóvenes cualificados y en paro se trasladen a Alemania para trabajar. Portugueses y españoles son los primeros en la lista de posibles candidatos de este "vente a Alemania, Pepe tecnológico".

La cuestión es que para las jóvenes generaciones de España, formadas en un sistema educativo en el que prima el facilismo sin tener demasiado en cuenta la cultura del esfuerzo, las ingenierías, en especial las superiores, y en general las carreras técnicas, mantienen una imagen de carreras complicadas, con altos niveles de exigencia, y no resultan atractivas para quienes buscan el resultado fácil y a corto plazo. Esto ha llevado a una preocupante escasez de estudiantes en estas materias, algo que pone en peligro el futuro del nuevo modelo de crecimiento basado en la I+D+i.

Si no hay ingenieros suficientes, las empresas no son capaces de dedicar recursos a la innovación, y esto repercute en un PIB más bajo respecto a otros países. Y el PIB está relacionado con la riqueza del país y con la tasa de desempleo... Un ingeniero desarrolla productos, diseña los procesos y los mejora. Así, el hecho de que los productos sean más competitivos –por aportar más valor o por ser más baratos al fabricarlos– pasa por que haya ingenieros. La escasez de estudiantes en carreras técnicas puede considerarse como una metáfora del nuevo patrón de crecimiento, porque la necesidad de profesionales relacionados con las ingenierías, por ejemplo, tiene mucho que ver con una vuelta a la economía real y con la voluntad creciente de esquivar un modelo basado en servicios de poco valor añadido.

Jesús Rodríguez Cortezo, decano del Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Madrid, aseguraba recientemente a Expansión & Empleo que la disminución de afluencia de alumnos a las escuelas de Ingeniería se debe a que "vivimos en una sociedad fácil, en la que los criterios de excelencia están desprestigiados. Es un entorno poco exigente, en el que el esfuerzo no tiene el reconocimiento que debería". Y Manuel Acero, presidente del Instituto de Ingeniería de España, sostiene que los alumnos de Primaria y Secundaria en nuestro país "están desconectados de los conceptos de análisis y razonamiento. Cuando se enfrentan con la Universidad presentan limitaciones importantes de partida para acceder a las carreras técnicas".

Javier Ganuza, director de relaciones exteriores de Tecnun Universidad de Navarra, recuerda la escasez de profesionales cualificados en algunos sectores de ese nuevo modelo de crecimiento basado en la innovación: "Faltan perfiles de ingenieros electrónicos que pueden impulsar la industria del coche eléctrico y en el área de telecomunicaciones resulta difícil atraer a estudiantes en los últimos años. Muchas empresas demandan ingenieros de telecomunicaciones y nos cuesta responder a esta demanda".

También la promesa del empleo verde puede verse truncada sin profesionales debidamente preparados. Robert Tornabell, profesor de Economía y exdecano de Esade, asegura que "resulta imposible dedicarse a tecnologías verdes si no se cuenta con perfiles profesionales muy cualificados. A diez años vista, no habrá empresa que no tenga escuela propia para formar a los perfiles cualificados, y será difícil separar la fábrica de la educación y la formación". Según el informe Rethinking 2050, del European Research Energy Council, empleos generados por sectores como el de las renovables serán tecnológicamente muy cualificados. Entre 2000 y 2009 las patentes en general crecieron en Europa una media anual del 1%, mientras que las vinculadas a las energías renovables lo hicieron un 17% anual. Este estudio concluye que la apuesta por el desarrollo de empleos "verdes" generará empleo de alta calidad y formación.

La oferta generosa de Angela Merkel choca con el patético hecho de que el 14% de los jóvenes españoles, ni estudia ni trabaja. Este dato de la OCDE pone de manifiesto la dimensión de esta Generación NiNi (los Not Employment, Education or Training, Neet, en el mundo anglosajón), que se puede considerar ya un obstáculo gigantesco para lograr una generación de reemplazo cualificada y preparada para las exigencias del nuevo mercado laboral.

En cuestión de NiNi, la OCDE coloca a España en el cuarto peor lugar, por delante de Italia, Eslovaquia y Reino Unido. El 5% de los jóvenes de nuestro país que abandonan los estudios tras la Educación Obligatoria con 16 años no están interesados en hacer nada y otro 20% queda atrapado en el desempleo.

Si seguimos hablando de formación y cualificación, y de la posibilidad de exportar esta fuerza laboral como si fueran naranjas o aceite de oliva, deberíamos tener en cuenta lo que asegura Carmen Ayllón, directora del área de programas de apoyo a las empresas del Consejo Superior de Cámaras: "En España, un 49% de las compañías contrata a empleados que cuentan con la formación adecuada, y un 40% de los trabajadores se forma trabajando. Esto a las firmas no suele importarles, pero se debe tener en cuenta que hay una serie de competencias que no se dan en aquellos que llegan al mercado laboral". En general, las universidades españolas dedican mucho esfuerzo a transmitir conocimientos, pero éstos sólo se adaptan a las necesidades de las empresas en la mitad de los casos.

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