José Luís Blasco, Socio responsable de Sostenibilidad y Cambio Climático de KMPG: "Veremos el foco muy centrado en las personas -valores, expectativas- liderazgo y compromiso sectorial, y en la gestión de recursos valiosos -agua, energía, biodiversidad o tiempo-."

Vaya por delante que predecir el futuro no es uno de los dones de nuestra especie, especialmente si nos referimos a tendencias y dinámicas de lo que acontece en los mercados y a la escurridiza materia de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE).

Dicha esta salvedad, me atrevería a pronosticar algunos asuntos que darán que hablar durante 2011.

  1. Y ahora sí, vendrá la regulación. La Comisión Europea parece decidida a legislar en esta materia. Todo apunta a que en una comunicación de la Comisión en la próxima primavera, se sienten las bases para desarrollar un modelo europeo de reporting en RSE que se asemeje bastante al vigente hoy en Dinamarca; obligatoriedad de reportar riesgos éticos, sociales y ambientales para las compañías cotizadas, pero dejando libertad para seleccionar el mejor formato en el que hacerlo.

  2. Mayor protagonismo en el discurso político. Los políticos han descubierto la responsabilidad social de la mano de los sindicatos. Desde la Junta de Extremadura a la Comisión Europea, la RSE se observa como una herramienta de política social innovadora y de coste cero. En nuestro país, la Ley de Economía Sostenible promoverá, además de la elaboración de informes anuales de responsabilidad corporativa en las entidades públicas del Estado, la introducción de algunas novedades para el reconocimiento del comportamiento responsable de las empresas. Esperemos prudencia y sentido común.

  3. Sabremos más sobre el alumbramiento de nueva generación de informes empresariales. A principios del año comenzarán los trabajos de la nueva versión de Global Reporting Inititative, mientras que en la reunión del G-20 que se celebrará a principios de noviembre de 2011 en Cannes, se presentará el primer embrión de lo que será un nuevo diseño de la información corporativa que las compañías presentarán a los mercados.

    Estos nuevos formatos tratarán de integrar tanto la información económico-financiera como la extra-financiera; referida al compromiso y desempeño de las compañías a asuntos tales como la ética o el desempeño ambiental y social. Los analistas, los auditores, los institutos de contabilidad y las compañías lideran el proceso, otros estándares e iniciativas comienzan a marchitarse.

  4. Asistiremos a la cuenta atrás climática. Todo parece que éste será el año del vehículo eléctrico. Veremos los primeros modelos, el desarrollo de las primeras infraestructuras de recarga colectiva en las ciudades y podremos probarlos. Mientras tanto, el tiempo para prorrogar Kioto estará más próximo a acabarse y en el ámbito de la economía doméstica seguramente el debate estará más centrado en la tasa europea sobre la energía.

  5. Nuevas métricas para medir el progreso. Se extenderá el debate sobre nuevas métricas que complementen los indicadores convencionales que miden el éxito y la prosperidad de un país, como el PIB.

    Desde 2008, economistas reconocidos, algunos galardonados con el premio Nobel, están poniendo de manifiesto la necesidad de buscar nuevas formas de evaluar el progreso de las sociedades y la felicidad de sus gentes. Oiremos hablar de avances en la medida de la prosperidad principalmente desde la OCDE y veremos el debate impulsado por Francia y el Reino Unido.

  6. Tecnología y reequilibrio del poder. Las tecnologías de la información están transformando la forma en la que las empresas se relacionan con -como nos gusta llamarles- aquellos cuya opinión cuenta. La aparición de las redes sociales, que se espera superen en tráfico al propio Google por primera vez en 2011, son la primera señal real de cambio.

    El reto ahora es obtener más valor de estas conversaciones tanto para las empresas-a través de diferentes experiencias como el crowdsourcing, también llamado creación colectiva -como para los consumidores- el consumo colaborativo o el denominado social confirming, entre otros-.

  7. La ética y la integridad entrarán en los consejos de administración. La entrada en vigor, el pasado 23 de diciembre, de la reforma Código Penal, que introduce la responsabilidad penal de las personas jurídicas, ha situado en el corazón de los consejos de administración algunos temas tradicionalmente asociados a la responsabilidad corporativa. Asuntos como la prevención de delitos medioambientales, el cohecho, tráfico de influencias o la corrupción en transacciones comerciales internacionales van a hacer redescubrir los códigos de conducta y los sistemas de cumplimiento.

    La tendencia internacional es clara. Para hacer negocios en los países emergentes, se hace necesaria la acción decidida de las empresas en la prevención y erradicación de la delincuencia económica.

  8. Llegarán las nuevas cajas y sus nuevas obras. El emblema del modelo de economía social de nuestro país está en horas bajas. Las cajas de ahorros, otrora subsidiarias de los poderes públicos, se encuentran en un punto de inflexión en el que tendrán que redefinir su papel y contribución a la sociedad. Durante el año que viene, veremos cómo se recompone el modelo de gestión empresarial de instituciones cuya obra filantrópica aportaba, según sus cálculos, más 1.700 millones de euros anuales en inversión social y ambiental.

  9. Los líderes empresariales hablarán de personas y medio ambiente. Echando un vistazo a los planes estratégicos de las compañías que se presentaron en 2010, existe consenso en que crecimiento en mercados emergentes y programas de eficiencia e innovación para un desarrollo sostenible son ingredientes fundamentales de la receta para salir de la crisis. Veremos el foco muy centrado en las personas -valores, expectativas- liderazgo y compromiso sectorial, y en la gestión de recursos valiosos -agua, energía, biodiversidad o tiempo-.

  10. Seguiremos confundiéndonos con la terminología. Nada nos lleva a pensar que la confusión terminológica en el mundo de la RSE haya finalizado. Podríamos decir que gran parte de las prácticas empresariales en responsabilidad corporativa que no aportan valor alguno a las empresas acusan este mal. Pero, aunque me temo que no nos quedará más remedio que seguir asistiendo resignados a estos irritantes debates, esperemos que, al menos, tengan como externalidad positiva acelerar la curva de aprendizaje de aquellos que participan.

 

José Luís Blasco. Socio responsable de Sostenibilidad y Cambio Climático de KMPG.

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