La mitad de los centros especiales de trabajo podría destruir empleo en los próximos meses. El sector reclama a la Administración que aporte ayudas directas y contrate servicios de este tipo de empresas.

Para cualquier trabajador, perder su empleo supone un drama personal y económico; para los discapacitados supone, además, un paso atrás en su desarrollo vital. Por eso este colectivo vive la crisis con especial preocupación. En España casi 53.000 discapacitados trabajan en 1.775 centros especiales de empleo, que les ofrecen un trabajo remunerado adecuado a sus características personales. Y según la patronal del sector, la Federación Empresarial Española de Asociaciones de Centros Especiales de Empleo (Feacem), más de la mitad de estas empresas corren el riesgo de destruir empleo en los próximos meses.

Durante el primer trimestre del 2009 el 60% de los centros especiales de empleo redujo su facturación en más de un 21%, según Feacem. El año pasado empezaron a notar la crisis los centros especiales que operan en los sectores de construcción y automoción, pero desde principios de este año la caída de facturación empieza a notarse también en el sector servicios, para el que trabaja la mayoría de estas empresas. "Aun así hemos aguantado el tirón y apenas se han destruido 1.500 puestos de trabajo, todos ellos con expedientes de suspensión temporal - explica José María Ibáñez, presidente de Feacem-,pero si no se toman medidas en los próximos meses podrían destruirse unos 13.000 empleos".

La entidad ha solicitado al Gobierno la creación de un fondo extraordinario para el mantenimiento del empleo de las personas con discapacidad con una dotación de 200 millones de euros para el periodo 2009-2010. Feacem ha pedido también al Gobierno que reserve a estas empresas el 6% de los contratos públicos y que incremente hasta el 75% la subvención del salario mínimo interprofesional para todos los trabajadores con discapacidad que mantengan el empleo. "El trabajo es importante para todos - argumenta Ibáñez-,pero si a un discapacitado le quitas su empleo, le destruyes la vida y le obligas a regresar al circuito de dependencia, con la consiguiente carga para la familia y los servicios sociales".

En Catalunya, el sector lleva meses negociando con la Generalitat para que compre productos y servicios procedentes de los centros especiales de trabajo y ha conseguido una línea de créditos en condiciones preferentes del Institut Català de Finances. "En una crisis los que más sufren son siempre los más débiles, pero estamos dispuestos a luchar hasta el final", explica Jaume Grau, secretario de la Federación de Centros Especiales de Trabajo de Catalunya (Fecetc).

El colectivo de centros especiales de trabajo de iniciativa social, que agrupa más de un centenar de entidades en Catalunya, inició hace unas semanas una campaña de recogida de firmas a fin de exigir ayudas para el mantenimiento de los puestos de trabajo de las personas con discapacidad intelectual o enfermedades mentales. "Pedimos a la Administración un plan de revitalización del sector, porque tenemos los mismos recursos legales y económicos que hace 20 años mientras que los costes laborales siguen aumentando", explica Francesc Almacelles, director técnico de la Federació Catalana pro Persones amb Discapacitat intel · lectual (APPS). Almacelles reconoce que más de un millar de puestos de trabajo ocupados por discapacitados intelectuales en Catalunya resultan deficitarios."Hasta ahora se compensaban con otras actividades rentables, pero con la crisis el equilibrio ha desaparecido".


"Tengo muchas limitaciones"

Manoli Cáceres trabajaba en hostelería hasta que, hace 17 años, le diagnosticaron esclerosis múltiple.En 1996 se convirtió en la primera trabajadora del centro especial de empleo de la Fundación Esclerosis Múltiple(FEM). "Al principio me encontraba bien y podía hacer de todo, desde secretaría y recepción hasta telemarketing, pero ahora ya voy en silla de ruedas y tengo muchas limitaciones", explica. Actualmente trabaja en el área de manipulados, una de las actividades habituales en los centros especiales de empleo que más afectadas se están viendo por la crisis. "Séque si esto se acaba me costará mucho encontrar empleo en el mercado ordinario: si ya es difícil para cualquier trabajador, imagínese para nosotros". Y es que, en su opinión, "no todos los empresarios son lo suficientemente sensibles".

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