Entrevista de "La Contra" de La Vanguardia a John Carlin, periodista y escritor: "Esta especie de canción de amor a Mandela no tendría ningún valor si no fuera porque cualquier persona que ha estado en su órbita brilla cuando habla de él."

Tengo 53 años. Nací en Londres y vivo en Sitges. Tengo un hijo. Estoy licenciado en Literatura Inglesa. La falta de respeto desata todo tipo de conflictos tanto a escala personal como de naciones. Creo que podemos ser generosos y respetuosos sin necesidad de recompensa divina.

Durante años ha sido testigo de guerras y miseria. ¿Algún aprendizaje?

Entre los humanos hay más digno de admirar que de desdeñar. He constatado que el mundo está lleno de héroes anónimos.

Son legión.

Y cuando estoy con ellos, aunque sean infinitamente más pobres que yo y no hayan tenido ni remotamente mi suerte en cuanto a educación y posibilidades económicas, me siento un ser moralmente inferior.

Escoja un personaje al que emular.

Sin dudar, Nelson Mandela. Considero que el gran privilegio de mi vida periodística ha sido estar en Sudáfrica entre 1989 y 1995. Pude ver la transición de la tiranía terrible a la democracia. Seguí a Mandela por todo el país y lo entrevisté varias veces. Me parece que con muchísima diferencia es el personaje público más admirable y digno de imitar.

¿Qué es lo que tanto admira?

Su coherencia en el principio de respeto. Es igual de respetuoso con su guardaespaldas, con el Papa, con su rival político o con la señora que le lleva el café a su despacho.

Cuénteme.

Cuando lo entrevisté poco después de que llegara a la presidencia, en aquel enorme despacho heredado del gobierno del apartheid, entró una señora afrikáner, blanca.

También heredada.

Sí, Mandela no cambió a ninguna persona del equipo. Entró con la bandeja de té. Mandela interrumpió su frase y se puso de pie: la saludó, me presentó, y no volvió a sentarse hasta que la señora salió de la habitación.

Impresionante: repartía dignidad.

Como esta anécdota le podría contar miles. Es un hombre generoso que valora y respeta a todos los seres humanos. Entrevisté a uno de sus guardaespaldas, que anteriormente había estado en la policía.

... Entonces había sido su enemigo.

Mandela fue a una comida con doce hombres de negocios, blancos, y lo primero que dijo fue: "Para este señor (su guardaespaldas) también habrá comida, ¿no?". No estaba previsto, y se negó a sentarse a comer hasta que resolvieran el tema. Entre los valores que predicaba y sus actos no había fisuras.

Coherencia.

… Absoluta, por eso brillaba como un diamante en una época - y todavía hoy-en la que la mayoría de los líderes mundiales parecen enanos morales. Mandela es un genio de la política como Mozart lo fue de la música. Tenía una habilidad increíble para conquistar corazones y mentes. Y la política, en esencia, es persuasión.

¿Cuál cree que era su secreto?

Una confianza en sí mismo total, sabe que es un tipo especial. Y el alcance de su ambición era inmenso: la igualdad y la paz.

Una ambición que iba más allá de él.

Sí, y por eso no era arrogante. Consiguió ganarse a casi toda la población negra, formada por diferentes tribus, y después logró lo imposible: ganarse al enemigo, gente que deseaba su muerte. Cuando salió de la cárcel, la gran mayoría de los blancos lo consideraba el Osama bin Laden negro, y cinco años después, en la final del Mundial de rugby de 1995, la Sudáfrica blanca y la negra se rindieron a sus pies.

Y para eso utilizó el deporte de los blancos, que además no le interesaba.

Un político normal nunca hubiera visto esa oportunidad. Tuvo la brillantez de entender que un deporte que simbolizaba la división y el odio en su país, un equipo formado en su mayoría por blancos racistas, podía simbolizar lo contrario. Aquella final contra la mejor selección del mundo, Nueva Zelanda, ha sido uno de los acontecimientos políticos más conmovedores y trascendentales.

Veintisiete años en la cárcel labran un carácter.

Seguramente, sin esos años de reflexión y voluntad... Antes de la cárcel era un tipo que alentaba posiciones políticas muy rebeldes. Durante una época imitaba y se vestía como el Che Guevara, tenía rabia contra el sistema. La cárcel lo pulió, le dio sabiduría.

Entró violento y salió pacifista.

Fundó el movimiento armado y luego entendió que tenía que buscar una salida política. Pese a su condena a cadena perpetua, desde el primer día se preparó para la libertad y la paz, para negociar con el enemigo. Aprendió su idioma, leyó su historia y se fue ganando a sus carceleros. Convirtió la prisión en el laboratorio para el gran juego político.

Dirección y sentido.

La lección que nos deja Mandela es que uno puede ser una excelente persona, generosa y buena, y un político brillantemente eficaz. Tener los valores tan claros le ayudó a tomar decisiones políticas esenciales. Y para los seres humanos corrientes las enseñanzas de Mandela podrían servir para escribir un libro de autoayuda cuyo título sería: Cómo hacer amigos e influir en la gente.

¿Dignidad y autoridad?

La autoridad que deviene de la coherencia entre lo que uno dice y cómo se comporta. Pero esta especie de canción de amor a Mandela que estoy interpretando no tendría ningún valor si no fuera porque cualquier persona que ha estado en su órbita brilla cuando habla de él; todos dicen haberse sentido renovados y mejores gracias a su ejemplo.

Incluso sus enemigos más acérrimos.

Sí, los que le habían odiado, los que consideraban a los negros seres inferiores, lloraban como niños cuando me hablaban de él.


Historias del bien

Historias del bien Este trotamundos con la suficiente inteligencia y sensibilidad como para fijarse antes en los valores humanos que en la posibilidad de un gran titular anda seducido por dos ideas: el respeto profundo a los otros y el entusiasmo por la vida. Sin esa inteligencia emocional jamás habría escrito El factor humano (editado por La Campana y Seix Barral), donde cuenta cómo Mandela, tras cincuenta años de odio racial, consiguió unir a blanco y negros por medio del deporte. Deliberadamente utilizó la final del Mundial de rugby de 1995 para unir emocionalmente a un país. Estimulante idea con final feliz que el productor y actor Morgan Freeman está adaptando al cine bajo la dirección de Clint Eastwood.

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