Entrevista de "La Contra" de La Vanguardia a Jaume Pagès, Exrector de la UPC y Director de la red Universia de educación superior: "¿Dónde está ahora la persona que algún día le podrá curar un cáncer? ¡Estudiando!"

Nací en el 46 en Girona: fui universitario de posguerra, pero aún soy joven porque tengo más proyectos que recuerdos. Mi asignatura feliz son 37 años de matrimonio. El peor examen fue la anorexia de mi hija: aprobamos con amor. ¡Arriesgad! ¡Equivocaos y acertaréis!

Soy hijo de maestros de pueblo. Mis padres enseñaban a los 70 niños - desde parvulitos hasta el bachillerato-de la escuela de Vilamacolum y yo era uno de ellos.

¿Esa concentración de alumnos de tan diversos niveles era pedagógica?

Aquellas escuelas rurales fueron claves en el despegue de nuestra posguerra. El maestro seleccionaba a los mejores, pero también convencía a las familias de que se sacrificaran para darles estudios superiores.

Fueron forjadores de talento.

Aquellos maestros fueron escaleras de ascenso social para todos, porque la formación no sólo mejora a los estudiantes, sino a toda la sociedad a la que pertenecen.

Por un sueldo de maestro.

Ninguna alegría económica, está claro: pero recuerdo cuando mi padre me confesó solemne que había sido feliz. Y le creí. Mis padres maestros fueron felices.

¿Cómo lo sabe?

Por lo orgulloso que veía a mi padre al ser reconocido y saludado por un antiguo alumno. Después he vivido esa satisfacción.

¿Y no finge reconocerlos?

Los recuerdas o no, pero la emoción es inolvidable. Si te saluda, es porque le ayudaste. Y nada es más gratificante que saberte útil.

¿Y el estrés? ¿Síndrome del enseñante?

No existe si el maestro es consciente de que es sus alumnos: cuando ellos triunfan, es él quien ha triunfado. Un buen maestro contiene multitud de futuros.

Algunos alumnos también se la pegan.

En realidad, sólo fracasa quien no lo intenta. Por eso les sigo diciendo a mis estudiantes: ¡arriesgaos!, ¡atreveos!, ¡apostad!, ¡equivocaos y acertaréis! Y si se toman en serio a sí mismos, ya han ganado.

Usted no podía permitirse los novillos.

Tras el bachillerato en Figueres, me enviaron a Girona, primero a estudiar Magisterio, y al acabar, yo quería seguir cursando o Historia o Matemáticas...

Las mates son sólo para elegidos.

¡No es verdad! Aunque exigen esfuerzo - y eso las hace más recomendables-,dan mayores satisfacciones. Fíjese en cómo se ilumina la cara de un chaval cuando resuelve un problema... ¡él solo!

¿Quiere proponer uno a los lectores?

"En una urna hay bolas blancas y negras. Al sacar dos, tan probable es que sean de igual color como distinto: ¿cuántas bolas y cuántas de cada color hay en la urna?".

En la vida las bolas suelen ser grises.

Al final, yo estudié Ingeniería.

¿Por qué las ingenierías eran tan fáciles en EE. UU. y tan difíciles en España?

¡Eso me preguntaba yo! España tenía carreras de ingeniería de élite, pero en cambio su tecnología no lo era.

Justo al contrario que en EE. UU.

Yo me opuse a la tradición de convertir las ingenierías en escabechinas de estudiantes: un derroche de tiempo, esfuerzo y presupuesto público.

Invertían de media 10 años en aprobar.

Por eso propuse que la selección se hiciera en primero y no durante toda la carrera.

¿No hay demasiados universitarios?

Es imposible aprender demasiado. Jamás dude usted cuando piense en hacer una inversión de tiempo y dinero en aprendizaje: es la manera más directa de mejorarse a sí mismo y a su sociedad...

Sí, pero ¿mileuristas con doctorados? ...

Si le dicen que en España sobran licenciados..., ¡en África faltan! Si hemos explotado a los africanos, es el momento de, por ejemplo, ayudarles a formar médicos.

¿Investigar será siempre quejarse?

Se investigará más y mejor cuando haya más demanda privada de investigación. Pero cuando tenga alguna duda sobre si deberíamos o no invertir más en investigación, hágase una sola pregunta...

...

¿Dónde está ahora la persona que algún día le podrá curar un cáncer? ¡Estudiando!

La actual universidad de masas no es la que usted conoció como estudiante.

Pese a todo, la universidad hoy es muchísimo mejor que la de entonces. Ahora, desde Universia, muy activa en Latinoamérica, trabajo con universidades que soportan la presión demográfica de la España de los 60, cuando la universidad pública y gratuita permitió el gran ascenso social de las clases bajas y creó la clase media de la transición.

¿No hay demasiadas universidades en demasiados sitios en Catalunya y España?

En absoluto. Los sistemas educativos no deben limitarse a satisfacer las demandas de la sociedad, tienen que crearlas. Las universidades fundadas en ciudades que no las tenían las han dinamizado y han creado valor social como la mejor inversión pública. La Universitat de Girona es un buen ejemplo.

¿El secreto de un buen estudiante?

Las ganas. Recuerdo en el sistema tan competitivo de la universidad de posguerra cómo temíamos a los chavales que bajaban de algún pueblo perdido del Pirineo a estudiar a Barcelona: ¡empollaban como posesos! Y por eso también eran los mejores.

¿De dónde vienen hoy los empollones?

Nuestra inmigración no ha llegado aún a la universidad, pero cuando lleguen tal vez ellos serán los mejores.

¿No se le atragantó alguna asignatura?

El único examen que me hizo sudar y pasar noches sin dormir y - lo confieso-derramar alguna lágrima fue la anorexia de mi hija, y la mejor nota, haberla superado con toda la familia unida.

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