Entrevista de Expansión&Empleo a Chris Patten, Rector de la Universidad de Oxford: "Hablo de reformar, de hacer al sistema educativo español mucho más eficaz, de cuidar la calidad de los profesores y las materias que se enseñan."

El máximo responsable de la que es, probablemente, la universidad más conocida del mundo, hace un juicio crítico al sistema español y europeo, y reclama más fondos para la educación, pero también mejor gestión.

Chris Patten, que fuera parlamentario, líder del partido conservador y último gobernador británico de Hong Kong, dirige ahora la que es, probablemente, la universidad más célebre del mundo, con casi mil años de historia. Hablar de educación de las elites mundiales, de tradición, de excelencia, de disciplina, de reputación, es hablar de Oxford, considerada en todas las clasificaciones internacionales como una de las mejores de la historia.

El sistema educativo anglosajón es muy diferente al español. ¿Qué hay que hacer para mejorar los cuestionados resultados de la educación en España?

No conozco lo suficiente el caso español en particular, pero a nivel europeo en general es muy sencillo: que se invierta más, le faltan recursos. En Estados Unidos se ponen muchos más recursos en la educación superior. China e India también van a invertir mucho más. Si queremos realmente ser competitivos en los sectores de las nuevas tecnologías y de los servicios punteros tenemos necesariamente que invertir más, está claro que no gastamos lo suficiente.

En 2005 y 2006 presidí el consejo de investigación europeo, que buscaba los mejores lugares donde se investigaba para ofrecerles recursos. La primera cifra que me sorprendió es que, diez años antes, el 50% de los graduados europeos que iban a Estados Unidos a hacer un posgrado, regresaba. Cuando elaborábamos ese estudio, sólo volvía a Europa el 25%. Se está produciendo claramente una fuga de cerebros hacia Norteamérica, de nuestros mejores y más preparados jóvenes, porque allí encuentran más oportunidades académicas, para la investigación e incluso para iniciar una aventura empresarial. Esto es lo que realmente debería preocuparnos para invertir más en nuestra educación, algo que ya está contemplado en los acuerdos de Lisboa del año 2000. El problema es que aún no se ha hecho.

Y no hablo de subsidiar el sistema educativo que siga unas malas prácticas o tenga una mala gestión. Hablo de reformar, de hacer ese sistema mucho más eficaz, de cuidar la calidad de los profesores y las materias que se enseñan, es decir, hacer una reforma inteligente dentro de la Universidad. Muchas veces se confunde la independencia académica con la ineficiencia.

¿Qué es lo más importante para hacer esa educación excelente?

Las universidades deberían ser independientes, no agentes de los gobiernos, controlar el sistema de admisión de sus alumnos y la duración de sus estudios. Me parece una locura que un joven estudiante tarde seis, siete u ocho años en terminar una carrera. Es una pérdida de tiempo para él y de dinero para el contribuyente. Y también hay que saber diferenciar los papeles de las universidades. No todas pueden ser buenos institutos de investigación puntera. En Estados Unidos tienen un sistema mucho más flexible: hay colleges, una especie de institutos superiores donde se da una enseñanza mucho más vocacional, universidades estatales e institutos de investigación, como el MIT o Stanford. En Europa, en cambio, tenemos la idea de que en todas las universidades se puede hacer de todo y dispersamos esa gran cantidad de dinero que les entregamos, sin centrarnos realmente en dar esos fondos a la investigación allí donde se puede aportar un valor añadido. Osea, que no sólo se trata de invertir más dinero, sino también de asegurarnos que tenemos una mejor gestión y dirección de las universidades.

El Espacio Europeo de Educación Superior se inspira en el modelo anglosajón. ¿Cuáles son las claves para que sea un éxito?

Lo importante es hacer realidad lo que tantas veces dicen los políticos europeos, reconociendo que la economía está basada en el conocimiento, lo cual tampoco me parece demasiado sabio ni novedoso, porque no hay en la historia ningún periodo en el que la economía haya estado basada en la ignorancia. Lo que yo sugiero es invertir más en la educación, reconociendo la competencia de Estados Unidos, particularmente en educación superior, y sobre todo la nueva realidad de países emergentes como China e India.

En Europa gastamos el 1,1% del Producto Interior Bruto (PIB) en educación superior y algunos países incluso menos. En Estados Unidos se dedica el 2,6% del PIB, y no es un dinero procedente sólo de fondos privados, sino que el contribuyente paga más para el sistema educativo superior. Por eso no es sorprendente que muchos jóvenes brillantes europeos, una vez graduados, se vayan a Estados Unidos a hacer su posgrado. Muchas veces son ellos los que crean negocios como, por ejemplo, los de Silicon Valley.

Gran Bretaña y la Universidad de Oxford siempre han sido receptores de estudiantes de todo el mundo. Teniendo en cuenta la globalización y los cambios geopolíticos y económicos internacionales, ¿cómo han evolucionado los flujos migratorios de estudiantes?

Actualmente tenemos en Oxford 18.000 estudiantes extranjeros, desde el bachelor hasta el doctorado. De ellos, 750 son chinos y 250 indios, y últimamente llegan muchos más asiáticos en comparación a nuestros tradicionales socios europeos, aunque siguen viniendo españoles, franceses o alemanes. Está claro que la globalización ha afectado a la universidad como en otros campos. Algo muy importante son los idiomas, porque le resulta difícil a un joven chino aprender una lengua europea para estudiar aquí. En el Reino Unido y en el resto de países europeos deberíamos hacer un esfuerzo en el aprendizaje y conocimiento de otras lenguas.

Muchos están hablando de la responsabilidad de universidades y escuelas de negocios en uno de los factores que ha desatado la crisis financiera internacional: la ambición y falta de ética de algunos profesionales. ¿Qué papel pueden desarrollar estas instituciones para evitar este tipo de situaciones?

En primer lugar hay que tener en cuenta una paradoja. Cuando se elaboran las clasificaciones de escuelas de negocios, una de las cuestiones que se miden a la hora de puntuar es cuánto gana una persona cuando se gradúa. El salario es la forma de la medir a las escuelas, ¿por qué? Me parece una medida totalmente parcial porque también se puede enseñar a un estudiante como dirigir, por ejemplo, una ONG de forma efectiva u otras actividades sociales que también son de gran utilidad.

En segundo lugar, la mayoría de los jóvenes titulados que comienzan a trabajar en bancos, servicios financieros y como abogados han estudiado titulaciones muy diversas, desde Física a Filosofía. Lo que los bancos quieren es reclutar a personas muy inteligentes y en unos años los adaptan a su propia cultura. Pero yo creo que quienes se titulan ahora tienen mucho cuidado a la hora de entrar en estas entidades y se sienten mucho más atraídos por el funcionariado, las ONG o la enseñanza, sobre todo después de esta especie de desprecio público que se ha producido cuando se ha descubierto la codicia que existía en los grandes directivos de Wall Street, de la City o de grandes bancos europeos y de otros lugares.

¿Cómo está afectando la actual crisis a la demanda de programas de formación para profesionales en activo?

No hemos visto la llegada de menos profesionales. Al contrario, creo que con la crisis muchas personas piensan precisamente que es una buena ocasión para lograr una mayor cualificación en su ejercicio profesional o cambiar de actividad o sector continuando con su educación superior a través de algún programa de posgrado. Tengo un ejemplo en mi familia, un cuñado que ha vuelto a la universidad para cambiar de estudios porque estaba en un sector con una situación muy dura por la recesión. Y creo que es importante que los gobiernos les ayuden a hacerlo.


Media vida en la política

Británico de 65 años, estudió en la célebre universidad que hoy dirige, pero antes de llegar a la máxima responsabilidad de esta legendaria institución ha desarrollado también una destacada carrera política.

Miembro del Parlamento durante trece años (1979-1992), fue durante un breve periodo de tiempo ministro del gabinete y presidente del partido conservador británico. Durante su mandato, los tories lograron su cuarta e inesperada victoria electoral consecutiva, en 1992. A su estrategia se atribuye el sorprendente nuevo triunfo del candidato John Major.

Último Comandante en Jefe y Gobernador británico de Hong Kong (1992-1997), tras la entrega de la colonia a la República Popular de China Patten salió de Hong Kong el 1 de julio de 1997 después de la ceremonia de devolución, junto con el Príncipe de Gales a bordo del yate HM Britannia. Después fue nombrado miembro de la Comisión Europea, responsable de las relaciones exteriores (1999-2004). Fue Rector de la Universidad de Newcastle y desde hace seis años es Rector de la Universidad de Oxford.

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