Una de las medidas de la Ley de Igualdad pretendía reducir el tiempo de comida para salir antes de trabajar. Desde 2006, los sindicatos reconocen que la medida apenas se ha incorporado en los convenios de las empresas.

La consigna "comer sin demora para ir antes a casa", que el Gobierno puso sobre la mesa a principios del 2006 con la ley de Igualdad, sigue sin arrancar. Casi cuatro años después, desde los sindicatos reconocen que los acuerdos entre empresarios y trabajadores para que la pausa de la comida no vaya más allá de 45 minutos o una hora son meramente "anecdóticos" en los convenios actuales. Y las perspectivas para el futuro no son precisamente optimistas: Almudena Fontecha, secretaria confederal para la igualdad de UGT, no oculta que, al menos en lo que tiene que ver con la negociación colectiva, medidas de conciliación de la vida personal y laboral como esta han quedado relegadas por la preocupante situación económica.

Así, la compresión del descanso para comer para luchar contra los horarios laborales interminables está reducida a las experiencias de determinadas corporaciones. "Son empresas muy concretas de sectores también muy concretos, como los de servicios, aseguradoras, nuevas tecnologías. Y de esta forma es dificilísimo avanzar", advierte Fontecha.

En la Asociación para la Racionalización de los Horarios Españoles (Arhoe) reclaman que el próximo año ha de marcar un paso fundamental en "bastantes empresas medianas y grandes" para que adopten medidas contra el presentismo, como flexibilizar la entrada y la salida del trabajo, junto, por supuesto, comprimir la jornada mediante la reducción del tiempo para comer: acabar con parones de hasta tres horas para poder salir a las 17 o las 18 horas como en el resto de Europa. "Somos partidarios de comer como máximo en 45 minutos. Y no estamos hablando de tomar un bocadillo, eso se hace en un cuarto de hora, sino de tener una comida equilibrada pero ligera, porque después hay que seguir trabajando", afirma Ignacio Buqueras, presidente de Arhoe. Esta reorganización para acercar a los trabajadores a los horarios europeos acabaría también con una costumbre –la de las largas pausas para el desayuno, el café de media mañana, la comida...– que penaliza las relaciones internacionales de las empresas españolas. Además, está demostrado que aumenta la satisfacción y la productividad de los trabajadores, que tienen más autonomía para gestionar su tiempo, y reduce el absentismo.

"Ahora tenemos 90 minutos para comer. En la anterior empresa en la que estuve, la pausa era de dos horas. Como yo, la mayoría de mis compañeros piensa que es una pérdida de tiempo realmente desesperante. Comes (de lo que te traes de casa o algo por ahí) y luego te dedicas pasar el rato, mientras tus hijos te están esperando en casa", se queja Antonia R., ejecutiva de una empresa publicitaria.

Mónica de Oriol, presidenta del grupo Seguriber, con unos 3.500 trabajadores en plantilla, tiene clarísimo que se puede salir antes del trabajo y lo aplica. Eso sí, De Oriol resalta la importancia de contar con una masa crítica de personal para poder tener unas horas mínimas de coincidencia. A partir de ahí, se muestra partidaria de estas políticas: "En nuestro grupo se puede entrar entre las 7.30 y las 9.30, la salida se realiza a partir de las ocho horas de trabajo más el tiempo que te tomes para comer. Muchos de los trabajadores, sobre todo lasmujeres, acostumbranaparar sólo 30 minutos. Así pueden irse a partir de las 16. Obviamente se trata de una medida para los trabajadores que no tienen turno". En su opinión, en la medida de lo posible hay que adaptarse a las necesidades de los trabajadores, porque las rigideces como las horarias "tienen fecha de caducidad". "Ante la escasez de talentos, la flexibilidad es una de las condiciones estrella para retener a la gente que te interesa".

Hay avances, concluye también Pilar Gómez Acebo, presidenta honoraria de la Asociación de Mujeres Directivas, Ejecutivas, Profesionales y Empresarias (Fedepe). En su opinión, la flexibilización de los horarios laborales, "aunque en ocasiones responda a operaciones de marketing, va calando; creo que es difícil dar marcha atrás". El proceso es "irreversible", asegura.

Algunos trabajadores advierten de que, una vez se logra vencer la rigidez del horario, queda romper con otra convención: salir efectivamente a la hora. Como proclama Buqueras, "si uno respeta los horarios y se esfuerza en ser puntual, después se verá más reforzado para irse a casa a la hora estipulada".

En cuanto a las comidas de trabajo, la tijera también se empieza a notar. Aunque resulta difícil discernir dónde empiezan los recortes de la crisis y dónde el ordenamiento del tiempo dedicado al trabajo. "En los 90 se instauró la costumbre inmoral de volver de las comidas hasta a las 17.30 horas. Todo vuelve a su cauce: está demostrado que en una hora y media se puede comer y solucionar problemas y llegar a buenos acuerdos", sostiene Gómez Acebo. No sólo se trata de que los ejecutivos racionalicen su tiempo, sino también de evitar que sus equipo tengan que seguir con ellos sus jornadas interminables.

"Defiendo las comidas de trabajo como una herramienta importante para hacer negocios. Pero con una duración razonable: se puede empezar a las 14.30 y acabar a las 16.15. En todo caso, impera la costumbre de avisar a qué hora concluye la reunión para que no haya sorpresas", afirma Mónica de Oriol.

Ciberencuesta: ¿Se ha hecho algún cambio en los horarios de trabajo de tu organización a raíz de la Ley de Igualdad? http://www.factorhuma.org/participa/ciberenquesta.php

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