Todos los expertos reclaman una reforma laboral para aumentar la competitividad empresarial, algo clave para superar la crisis. Sindicatos como CC. OO. se han atrevido a plantear la necesidad de mayor flexibilidad laboral.

El pesimismo se ha adueñado de los despachos de Madrid. El Gobierno ha suspendido el examen de septiembre. Los presupuestos generales del Estado, que recogen su política económica, no han gustado porque no plantean sacrificios ni reformas.

Aún resuenan las palabras del ex director gerente del Fondo Monetario Internacional y ex vicepresidente de Economía, Rodrigo Rato, quien sentenciaba que "la economía se ajusta siempre, vía productividad o vía empleo. Pero se ajustan porque las empresas necesitan ganar competitividad".

El único que parece hacerle caso es el gobernador del Banco de España, Miguel ÁngelFernández Ordóñez, que ha insistido en que la reforma laboral es el 85% de las medidas estructurales que necesita la economía española para garantizar su crecimiento a medio plazo.

La propuesta básicamente es mantener la situación de los trabajadores que ahora tienen contrato fijo e indefinido y aprobar un nuevo contrato para los 4,4 millones de parados con una indemnización similar a la media que hay en la UE - tanto para los despidos procedentes como para los improcedentes-.Esto permitiría la desjudicialización de los despidos.

El segundo elemento imprescindible es que los acuerdos que puedan pactar los trabajadores con su empresa tengan mayor valor jurídico que el convenio de sector, e incluso a las decisiones de las cúpulas patronales o sindicales. Es decir, que se facilite a cada empresa adaptarse a las condiciones del ciclo.

Nadie parecía hacerle caso, pero la presión de 4,4 millones de parados en la calle ha empezado a mover posiciones. Comisiones Obreras ha dado el primer paso y su secretario general, Ignacio Fernández Toxo, ha reconocido públicamente la necesidad de flexibilizar el mercado de trabajo.

De momento, sólo constituye un planteamiento, enmarcado en la reforma de la negociación colectiva y escondido tras la velada amenaza de un otoño caliente si los empresarios no desbloquean los casi mil convenios plurianuales que no quieren firmar argumentando que las condiciones de la economía han cambiado radicalmente.

Los dirigentes de CC. OO. siempre han tenido un talante reformista, y si no, que se lo pregunten a José María Fidalgo, que se atrevió a poner sobre la mesa hasta el debate nuclear. Pero en esta ocasión es que la mayoría de la organización en su comité confederal apoyó esta tesis.

El problema es que UGT no parece dispuesta a seguirle en estos cambios. Sus dirigentes afirman que hay que esperar a salir de la crisis de verdad para plantear reformas laborales. Incluso la corriente socialista dentro de Comisiones aconsejaba "esperar y ver cómo pasa la tormenta antes de moverse".

En este punto es donde se quiebra la esperanza. El propio Toxo afirma que "lo peor aún no ha pasado. En mi opinión, estamos en medio de la crisis. El Gobierno debería ser mucho más cuidadoso con estos diagnósticos para no crear falsas esperanzas. Entre todos deberíamos evitar que vuelva a suceder lo que pasó cuando se negaba por activa y por pasiva la crisis".

La misma opinión la comparte el economista del Instituto de Empresa, Fernando Fernández: "Lo peor está por venir. La política económica que se refleja en los presupuestos es de una profunda resignación. No se adopta ni una sola medida anticíclica para salir de la crisis. Tanto los presupuestos de ingresos como de gastos están condicionados por el brutal endeudamiento que se ha producido en dos años".

Para Juan Iranzo, director del Instituto de Estudios Económicos, lo que está pasando es que está aflorando nuestra propia crisis. "La crisis financiera internacional nunca ha sido nuestro problema. Nosotros tenemos varias crisis larvadas. La primera en la construcción, que ha provocado el grueso del aumento del empleo. Seguida de la industria, como muestra el proceso de deslocalización que Catalunya ha vivido con especial intensidad. Sin olvidar el turismo, donde la oferta no resiste la competencia de otros países mediterráneos y los servicios". Y en la base de todo está un mercado laboral incapaz de ajustarse al mercado.

Pero la inercia ante los cambios, constatada estos días en el Gobierno, ha hecho que los empresarios vuelvan a tener miedo a la hora de invertir, como afirma el presidente de una de las grandes consultoras.


Vuelve el círculo vicioso

Todos los economistas coinciden en que si no se resuelven los problemas de fondo de la economía, básicamente la productividad de la economía, entraremos en un "círculo vicioso". Tal como se explica, el desempleo seguirá creciendo y en paralelo el gasto en desempleo, que ya se elevará a 30.000 millones en el 2010, impidiendo hacer otras políticas.

Los economistas liberales van aúnmás allá y denuncian "los cantos de sirena" en favor de la subida de impuestos. Uno de los expertos consultados comentaba su preocupación por que se hable de subir impuestos para subir pensiones. Tal como afirma, se ha transformado el debate. Nadie se plantea ya hacer reformas para corregir ineficiencias, sino cómo explicar a la sociedad la subida de impuestos. Salgado pone el ejemplo del referéndumsuizo para subir el IVA y pagar pensiones y olvida que el Parlamento lleva un año trabajando en el pacto de Toledo.

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