Con el tiempo las empresas han externalizado tal cantidad de tareas que la capacidad de control de las acciones y datos, o es difícil o no se hace. La crisis agudiza esta inquietud que muchas empresas tienen y que puede afectar incluso a su reputación.

Empezó de puntillas, con la limpieza, la seguridad, el teléfono, las nóminas..., y fue ganando terreno hasta pasar de lo meramente operativo a lo estratégico. El crecimiento y extensión de la externalización ha sido exponencial. Por el camino, las compañías han ido adelgazando. Del inicial enfoque operativo se pasó al estratégico. ¿Qué se queda y qué se va? El proveedor al que se traspasa la realización de un servicio o un producto acaba convirtiéndose en un socio especial y la red empresarial se enmaraña y se transforma en una especie de suma de core business con periféricos, quienes, a su vez, alcanzan rangos de gran importancia, entrelazan a sus clientes y pueden subcontratar a terceros. Con este planteamiento, la empresa que externaliza, ahorra y dedica más recursos a lo suyo,pero al mismo tiempo depende cada vez más de sus proveedores e incurre en riesgos muy diversos. Todo ello se asume mientras puede ejercer un control procedente. Pero llega un momento en que las externalizaciones son tantas y de tan diversa índole que el coste del control es excesivamente elevado y no se hace o se hace mal. De acuerdo, puede concentrarse el control sólo en los proveedores críticos. Pero ¿y si también empieza a fallar?

RIESGOS ASUMIDOS Este es el punto al que al parecer hemos llegado. "Muchas empresas empiezan a estar preocupadas por los riesgos que asumen y que no pueden controlar. Riesgos que no son sólo operativos - subsanables-sino de mayor profundidad, como los reputacionales, que no pueden resarcirse con dinero...", explica Javier Ribas, socio de Landwell-PwC, responsable del área de prevención de riesgos tecnológicos. "Hoy, el proceso de optimización de costes ha llevado a muchas empresas a un modelo de alta externalización y eso supone que un volumen elevado de datos se encuentra en manos de los proveedores. Muchos de estos proveedores son críticos, porque tratan datos confidenciales o desarrollan tareas en las que cualquier error puede afectar a la marcha y reputación del cliente. El problema es que hay una gran cantidad de personas no integradas en la plantilla de la empresa que suponen un riesgo potencial, sobre las que no se puede intervenir. Por ejemplo, ¿qué sucede si el proveedor hace un recorte de gastos importante? ¿O si recurre él, a su vez, a subcontrataciones no previstas...? Es obvio que no se puede llegar a todas partes, de aquí la preocupación que muestran hoy muchas empresas", prosigue.

La recesión ha acentuado esta preocupación. Para Alejandro Lago, profesor de Operaciones del Iese, "cuando llega un periodo de crisis la empresa sólo piensa en recortar gastos y en convertir costes fijos en variables y esto puede llevar muchas veces a acelerar procesos de decisión, con objetivos poco madurados. Por ello, externalizar en estos periodos tiene más riesgo que en épocas de bonanza, en que la presión es menor". Y además, "muchas de las decisiones que se toman, en función de necesidades del corto plazo, pueden frenar posteriormente el proceso de recuperación".

LOS CONTRATOS Uno de los aspectos que tener en cuenta son los contratos. "En general, los contratos establecen cláusulas de confidencialidad, estándares de calidad, regímenes de responsabilidad e incluso la posibilidad de auditar el trabajo del proveedor", asegura Ribas. "Pero la práctica no siempre sigue la letra. Así, por desgracia, es habitual que no se compruebe el cumplimiento del proveedor y que no se hagan auditorías. Ciertamente, cualquier sistema de control o auditoría puede suponer un coste prohibitivo para la empresa si el número de proveedores es alto, pero el daño que se puede recibir es enorme. Por mucho que se demande a un proveedor en el caso de que se produzca un incidente, el daño reputacional recae íntegramente en la empresa, en la marca", concluye.

Desde otra óptica, Lago alerta sobre los contratos. "Cuando la empresa firma el contrato con el proveedor, en lo último que piensa es en que pueda llegar a los tribunales. Lo importante es una elección atinada". Y también advierte que lo peor que puede hacer la empresa al contratar es pensar "que se quita un problema de encima. No es así. Sólo pasa la actividad a un tercero al que debe controlar". En definitiva, subyace en ambos un consejo: "Para evitar sorpresas desagradables, externalice con mesura y, sobre todo, controle mucho".

Articles relacionats / Artículos relacionados

Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.