Los empresarios relacionan conciliación con costes y fuertes inversiones. La crisis frena la inversión en la felicidad de los trabajadores, aunque siempre hay empresas que desafían a la crisis y emprenden medidas arriesgadas en tiempos complicados.

Si un empresario medio de España recibe la propuesta de flexibilizar el horario de sus trabajadores, incentivar el trabajo por objetivos, fomentar el teletrabajo, aumentar los permisos de maternidad y paternidad y eliminar la horas muertas de la comida a cambio de salir un poco antes, lo más normal es que su respuesta sea un rotundo "no". En el mejor de los casos, puede que responda con un diplomático "ahora no es el momento". Sólo un puñado se lo pensaría.

Roberto Martínez, director de la fundación Masfamilia, forma parte de ese escaso grupo de personas que se empeña en cambiar las cosas en las empresas españolas. Y lo hace promoviendo las políticas de conciliación laboral, la gestión del talento y el compromiso de los empleados. El problema con el que se encuentra casi siempre es el mismo: los empresarios relacionan estas medidas con más gastos y fuertes inversiones.

"Hay que superar la idea de conciliación como coste", reclama Martínez. "Es una inversión en el empleado, en el capital humano, y por tanto en la mejor marcha de la empresa". Los resultados son dos: más eficiencia -el trabajador está más feliz, aprovecha mejor el tiempo y produce más- y compromiso -los empleados maduran cuando se les dota de responsabilidad, lo que ayuda a desplegar su talento-.

La conciliación siempre requiere de algún tipo de inversión, dependiendo de cada caso y contexto. Es difícil cuantificar en términos económicos el retorno de la inversión, pero lo que parece cierto es que "un empleado contento es más productivo que uno que está a disgusto, y eso se nota", afirma Ignacio Buqueras, director de la Comisión para la Racionalización de los Horarios.

Pero no todo son palabras bonitas. Martínez afirma que la conciliación en las empresas se ha frenado en los dos últimos años, y opiniones como las de Díaz Ferrán, que dijo recientemente que sólo se puede salir de la crisis, "trabajando más y cobrando menos" no ayudan a cambiar la percepción del asunto.

Pese a la mala situación económica, este año se han certificado 65 nuevas empresas familiarmente responsables, lo que hace pensar que el empresariado español va concienciándose poco a poco de la importancia de tener unos empleados más felices en su plantilla.

Conciliar en tiempos difíciles

Siempre hay empresas que desafían a la crisis y emprenden medidas arriesgadas en tiempos complicados. Es el caso de Ikea, que cuenta con un novedoso concepto denominado Tiempo Parcial Vocacional. Se trata de jornadas reducidas de mañana, tarde o fin de semana, con las que se facilita al trabajador compatibilizar sus estudios, situación familiar u otras actividades con su jornada laboral. Además, la multinacional sueca ofrece una ayuda de 450 euros a sus empleados por nacimiento y un kit de productos Ikea de regalo.

Los trabajadores de Microsoft tienen conexión a ADSL en casa financiada por la empresa con el fin de que todos tengan acceso al teletrabajo. "Asumimos que muchos de nuestros empleados tienen una mayor carga en casa por culpa de la crisis", afirma Elena Dinesen, directora de recursos humanos de la compañía. Los empleados no tienen la obligación de pasar por la oficina todos los días, y los que acuden no podrán celebrar reuniones de trabajo más tarde de las seis.

La cultura del "presentismo" no tiene cabida en la empresa: el trabajador tiene unos objetivos concretos al año, que se revisan una vez al mes. Dinesen pone el acento en los serviciosque ofrecen a los empleados: fisioterapeuta, clases de yoga y un servicio de lavado de coches subvencionado por la empresa.

Otra compañía que tiene mucho que decir al respecto es Vodafone, considerada la mejor empresa para trabajar en España en la categoría de organizaciones de más de 1.000 empleados según el Instituto Great Place to Work. La organización elabora la lista a partir de la propia opinión de los empleados de las empresas, obtenida a través de encuestas anónimas y confidenciales. De Vodafone destaca el alto grado de flexibilidad y conciliación laboral, con herramientas que les permiten compaginar su vida laboral con la personal, así como el alto grado de compromiso de los trabajadores.

Desterrar la cultura del presentismo

El director de la Comisión para la Racionalización de los Horarios, Ignacio Buqueras, se muestra optimista con la evolución de las medidas de ajuste en las empresas para adecuarlo al modelo horario europeo, aunque reconoce que "el clima laboral general no ayuda". "Se están consiguiendo logros pese a la crisis", afirma, y pone como ejemplo el Ayuntamiento más grande de España, el de Madrid, que desde el pasado mes de septiembre cierra sus oficinas a las 5 de la tarde.

Buqueras insiste en la idea de optimizar el tiempo y terminar con la "cultura del presentismo", tan arraigada en la empresa española y que echa por tierra la eficiencia. Trabajar por objetivos y cuidar el capital humano son otras dos propuestas de su Comisión. Al respecto, Roberto Martínez alude a estudios sobre recursos humanos que dicen que a partir de las 7 horas al día no hay productividad en el trabajo.

El director de Masfamilia asegura que con la crisis se han potenciado las necesidades familiares, ya que son muchos los hogares en los que uno o varios de sus miembros están desempleados. "La empresa debe ser un equipo en el que se comprendan las necesidades de cada uno. Si algún trabajador tiene un problema, debe hablarlo y consensuarlo con la empresa en un ambiente de cordialidad", afirma.

Iñaki Sierra, del Instituto Great Place to Work, considera que "con la crisis hay más miedo al despido", lo que redunda en una mayor inseguridad en el trabajador. En contraposición se ha observado un "mayor orgullo de pertenencia del trabajador a una empresa", algo que hace apenas dos años no ocurría. Sierra añade que las empresas que mejor están gestionando la crisis son aquellas que llevan a cabo una buena comunicación con sus empleados: "Si hay que cerrar una oficina o el negocio va mal, es mejor comunicarlo que dar pie a las especulaciones y a la rumorología", concluye.

La conciliación no es una tónica generalizada en la empresa española, y aún queda mucho camino por recorrer. Prueba de ello es el informe de la Unión Europea publicado esta semana del que se desprende que España está a la cola, junto a Grecia, en cuanto a paridad hombre-mujer y flexibilidad horaria en el trabajo.

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