En España hay 2,3 millones de trabajadores con un contrato de jornada parcial y, según los datos oficiales, casi la mitad de ellos declara estar en dicha situación de forma forzosa, porque no ha encontrado un empleo a tiempo completo.

Una elevada tasa de empleo parcial significa más flexibilidad laboral, mayor tasa de ocupación y mejor conciliación de la vida laboral y familiar". Esto es lo que opinan los responsables de la patronal de las empresas de trabajo temporal, quienes conocen bien el mercado de los empleos a media jornada.

De hecho, en medio del debate sobre posibles soluciones a la sangría de empleo en la economía española no faltan quienes del lado sindical o empresarial abogan por la vieja fórmula del reparto del trabajo para, al menos, mitigar la crisis. Sin embargo, el uso del empleo a tiempo parcial siempre ha sido una china en el zapato del mercado laboral español. Ni los empresarios ni los trabajadores lo ven con buenos ojos.

La tasa de trabajadores adscritos a esta modalidad apenas roza el 13% en comparación con el 18,8% de media que se registra en la Unión Europea. Ni siquiera los esfuerzos del Gobierno han logrado incrementar la tasa de trabajadores acogidos a esta modalidad. El Ministerio de Trabajo impulsó en marzo nuevas bonificaciones al empleo a tiempo parcial indefinido sobre las cuotas que pagan los empresarios a la Seguridad Social. Pese a ello, el número de nuevos contratos que se han firmado desde entonces no alcanza los 40.000.

A pesar de su flexibilidad, el carácter fijo de los contratos a tiempo parcial bonificados desalienta a los empresarios, que prefieren optar por empleos temporales, con un coste por despido mucho más barato.

Aceptar lo que hay

La opción de trabajar con jornada reducida tampoco es atractiva para el propio trabajador. De los 2,3 millones que existen en España, prácticamente la mitad declara que tiene un trabajo a tiempo parcial de forma involuntaria, porque no ha encontrado uno a tiempo completo, según los datos oficiales de la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre. El porcentaje ha aumentado durante la crisis, cuando ante la falta de empleo, los demandantes han tenido que aceptar lo que hay. Hace dos años, sólo un tercio de los contratados se mostraba disconforme con su jornada.

Este volumen de jornadas reducidas forzosas es mucho menor en Europa, donde apenas dos de cada diez asalariados a tiempo parcial declaran serlo involuntariamente, según los datos que maneja la Comisión Europea.


Salir de la crisis trabajando menos horas en 2010

Históricamente los empresarios españoles no han querido el empleo a tiempo parcial. "Es una cuestión cultural", suelen argumentar. En 1998 el Gobierno del PP hizo la última gran apuesta por reformar este contrato. Convocó a patronal y sindicatos que intercambiaron numerosos documentos hasta dar con una fórmula de consenso que en la práctica no satisfizo a ninguna de las partes. La jornada máxima que se fijó para el contrato a tiempo parcial fue del 77% de la jornada completa. Pero el trabajador debía conocer la distribución de su jornada con una antelación que los empresarios consideraron excesiva. Además, un complejo sistema de horas complementarias favorecía la conversión de estas jornadas en tiempo completo, lo que tampoco gustó a los patronos. El resultado de esta reforma es que tras diez años muy prolíficos en empleo, los contratos a tiempo parcial han pasado de ser el 8% al 13%.

No obstante, el tiempo parcial podría aumentar como una opción para salir de la crisis. Así lo opina, César Castel, Director de Operaciones de Adecco Professional, quien asegura que muchas empresas empiezan a solicitar puestos con jornadas reducidas para los procesos de selección de 2010. "Es una manera de intentar salir de la crisis: yo te empiezo contratando seis horas y luego ya veremos", explica. Además, Castel precisa que hay dos comportamientos ante el tiempo parcial. Por un lado, los sectores donde la actividad depende de desarrollar proyectos son más partidarios de jornadas reducidas, "porque obtienen el mismo resultado, con menos horas y menos coste mejoran la productividad". Y, por otro lado, los trabajos de cara al público, donde "se hace ingeniería laboral y no se puede cambiar al interlocutor cada dos horas".

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