Los retos de la reorientación del patrón de crecimiento no pueden reducirse a las actividades emergentes –energías verdes o biotecnología–. Exigen políticas que promuevan cambios de gestión, de políticas laborales y nuevas formas de financiación.

Estamos viviendo una crisis sistémica sin precedentes, que va más allá de la burbuja inmobiliaria o de la crisis financiera internacional. Los cambios se están produciendo con una enorme rapidez y están afectando a todos y a todo. El mundo ha cambiado, ¿te has preguntado cómo te va a afectar eso a ti? ¿Te has preguntado cómo tienes que cambiar tú?

Esta reflexión de Jorge Aragón, economista y director de investigación de la Fundación 1. º de Mayo, es la que se están haciendo no sólo los filósofos sino los economistas, los empresarios y hasta los sindicatos.

El debate intelectual ha empezado en España hace algún tiempo y de la confusión inicial se empiezan a perfilar puntos de coincidencia sobre lo que hay que hacer y por dónde hay que ir. De hecho, es un debate que llega a España con cierto retraso, a rebufo de lo que se ha producido en EE. UU.

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero retomó la idea. Fue el propio presidente quien anunció en plena crisis económica (en el debate del estado de la nación) que el Gobierno estaba trabajando en una ley de economía sostenible, aunque ni él ni nadie de su Gabinete sabían exactamente de lo que estaba hablando.

Desde entonces, la idea ha pasado por varias fases y ha ido mutando. Inicialmente todo parecía indicar que se iba a impulsar una economía verde diseñada por los ecologistas: cierre de nucleares, penalizaciones a empresas contaminantes, coches eléctricos..., todo ello aderezado con mucha innovación.

Aquello se visualizó con la idea de regalar una bombilla de bajo consumo y un ministro, Miguel Sebastián, sin corbata. Se trataba de algo así como cambiar a los currantes el mono azul por una bata blanca. Una idea bastante tonta, que se prestó a la mofa y al esperpento de la oposición. Y a medida que la crisis fue avanzando y el número de parados fue creciendo, el Gobierno comprendió que tenía que abandonar esa idea un tanto frívola. Quienes más se alarmaron fueron los sindicatos. Como afirma el secretario general de CC. OO., Ignacio Fernández Toxo - un hombre del metal con los pies en el suelo-,hay que salvar la industria, pero no se puede sacrificar la construcción.

En la misma línea, el secretario general de UGT, Cándido Méndez, advierte que lo que nos ha hecho crecer hasta ahora es el modelo "sol y ladrillos" y que tiene que seguir haciendo de motor. Por eso defiende una reforma empresarial para que turismo, construcción o industria desarrollen su función de otra manera, incorporando la innovación. Es decir, seguir haciendo lo mismo pero de otra manera.

Como afirma la ex embajadora de Finlandia en España, Maija Lähteenmäki, el ejemplo es Laponia: un páramo inhóspito y dejado de la mano de Dios que, sin embargo, se ha convertido en un centro turístico de una enorme prosperidad. Su punto fuerte es que la leyenda sitúa en sus bosques la casa de Santa Claus. Utilizando las tradiciones, los huskies siberianos, los trineos y las motonieves han creado un destino turístico muy atractivo que atrae a enormes cantidades de turistas.

Algo similar al fenómeno de Las Vegas, en pleno desierto de Nevada, donde hace más de medio siglo se construyó la quimera de que era posible hacerse rico. Una ciudad que es capaz de atraer por sí sola a la mitad del número de turistas que viajan a España.

Eso es innovación. Cambiar la mentalidad. Lo que se hacía no se puede seguir haciendo de la misma manera.

El problema que tiene la productividad en España es su estructura empresarial, que supera los tres millones de empresas. Sólo pueden considerarse grandes 4.000 (un 0,13%) y la plantilla del 94% restante es inferior a diez empleados y da trabajo al 82% de los trabajadores (en Europa, en cambio, es menos del 70%). Otro problema grave es que los sectores de alta tecnología son inferiores al 1% del PIB. En definitiva, remata el presidente de la Cotec, José ÁngelSánchez Asiaín: "No se puede salir de la crisis sin innovación, pero la innovación no nos saca de la crisis".

Dicho de otra manera, "no se pueden crear expectativas falsas. Eso no es suficiente. En estos momentos no se puede renunciar a nada que funcione, porque el verdadero problema es que hay que crear el marco para dar empleo a 4,5 millones de parados", afirma Jaime García Legaz, de Faes.

Partiendo de este planteamiento, el presidente de la oficina económica de la Moncloa, Javier Vallés, pidió a todos los ministerios que le enviaran material sobre los aspectos que podrían aportar algo a una ley de economía sostenible.

El resultado fue un tótum revolútum en el que todos los ministros aprovecharon para meter sus proyectos pendientes. Un cajón de sastre. Todo cubierto con un fondo de 20.000 millones para impulsar la actividad sostenible. Para el portavoz económico del PP, Cristóbal Montoro, un auténtico disparate. "El Gobierno no puede decidir qué sectores económicos o empresas van a tener futuro y quiénes no lo van a tener. Se trata de un dirigismo tonto, inútil y, sobre todo, muy caro. Son las personas y la sociedad las que tienen que cambiar de una forma natural el modelo productivo. Los gobiernos simplemente tienen que delimitar un marco laboral, presupuestario y fiscal que permita desarrollarlo".

Hasta Felipe González ha hecho suya la reflexión de Rodrigo Rato con el intervencionismo del Gobierno y se preguntó públicamente hace unos días: "¿Quién nos iba a decir a nosotros hace diez años que la empresa de mayor futuro de España iba a ser una fábrica de ropa barata situada en Galicia como Inditex?".

Estas críticas han hecho reflexionar a la vicepresidenta económica, Elena Salgado, que ha entendido que este va a ser el legado de su paso por el Gobierno. Ante la ausencia de política económica, entendió que tenía que articular su actuación sobre la base de tres vectores: la ley presupuestaria para el 2010, la transposición de la directiva de servicios (el 75% de las reformas estructurales que hay que hacer) y un programa para hacer sostenible el crecimiento.

Por esta razón, durante la última reunión de la comisión delegada de asuntos económicos se dedicó a decir que no. Como ella misma explica, no se trata de hacer aún más rígida la economía, sino todo lo contrario, de quitar peso al Estado. Muchas cosas pueden hacerse por una orden ministerial o un real decreto.

¿Entonces? Se trata de un programa de actuaciones para mantener sectores básicos para la creación de empleo (construcción, automoción...), pero que apoyen sectores emergentes beneficiados por las nuevas tendencias de cambio. Por ejemplo, la industria de aerogeneradores, que es pionera en el mundo y que convierte España en líder en la energía eólica.

Paralelamente, se eliminarán las ayudas que habían estimulado un modelo de crecimiento basado en el ladrillo, pero sin renunciar a ella. Por ello, se incluirá la eliminación de la desgravación a la compra de viviendas y medidas de fomento de alquiler.

"En la etapa del boom se construían 800.000 viviendas anuales y esto representaba el 9% del PIB; lo lógico es que se construyan unas 400.000, lo que significa que se trata de reasignar una actividad que representa el 4% del PIB", explica José Manuel Campa, actual secretario de Estado de Economía.

Uno de los principales impulsos será la obra civil, la construcción de infraestructuras que han quedado obsoletas y que deben permitir seguir creciendo. En este marco se dará un empujón a la red ferroviaria, que permite un transporte más eficiente y menos contaminante (dos tercios de las emisiones de CO provienen del 2 transporte). Para financiar estos proyectos, dado el elevado nivel de déficit público, es fundamental la colaboración público-privada.

Se trata de repartir de forma equilibrada entre la Administración y las empresas el riesgo derivado de la construcción, la demanda y la disponibilidad.

Un equilibrio fundamental para la buena marcha del proyecto y en el que las empresas del sector tienen una gran experiencia, como han demostrado en EE. UU., Canadá y el Reino Unido. Se trata de aprovechar el conocimiento que tienen las empresas del sector (seis de las cuales están entre las diez primeras del mundo) en la construcción y gestión infraestructuras para el desarrollo del AVE, los aeropuertos de Aena y los puertos, explica Elena Pisonero, de KPMG.

Otra clave que desarrollar serán los servicios, sector intensivo en empleo, como recuerda Campa. Además, el programa hará referencia a sectores transversales (investigación, educación...).

Salgado es consciente de que estos cambios no se pueden hacer de espaldas a la sociedad. Esta es la razón por la que se quiere implicar a los agentes sociales. Es decir, el acierto o el error del Gobierno va a afectar a la vida de todos nosotros, dice Cristina Narbona, embajadora de España en la OCDE.

Los ejemplos son claros. Hasta hace poco lo importante era prosperar. Ahora todos somos conscientes de que no se pueden crear fábricas que contaminen. Todos los ciudadanos gastamos más energía de la que necesitamos. El ahorro energético en la vida diaria cada vez es más importante.

Lo mismo sucede con el nivel de vida. En muy poco tiempo la esperanza de vida se ha alargado, pero la calidad de vida es limitada, lo que exige insistir más en la dependencia.

El desarrollo de las comunicaciones ha hecho del ordenador de bolsillo un instrumento que permite tener la oficina en cualquier parte, pero la legislación laboral impide la movilidad.

Por tanto, dice Lito, las leyes laborales tienen que cambiar. "Los trabajadores nos tenemos que dejar pelos en la gatera y adaptarnos al cambio brutal que está sufriendo el mundo. La idea de un trabajo para toda la vida con vacaciones, pagas extras y horario fijo ha muerto".

"Todos tenemos que cambiar - afirma Juan Iranzo, director del IEE-. Nos tenemos que preguntar qué hacer para sobrevivir al cambio". La respuesta está en las herramientas para adaptarnos a los nuevos tiempos.

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