La sentencia eleva a la categoría de accidente de trabajo el suicidio de una doctora, por la angustia que le creaba enfrentarse al trabajo. La sentencia destaca que no existía en la jurisprudencia española ningún caso previo.

Barcelona. (Efe.) - El Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC) ha dictado una sentencia en la que eleva a la categoría de accidente de trabajo el suicidio de una doctora, que se lanzó al vacío desde el noveno piso del hospital Josep Trueta de Girona por la angustia que le creaba enfrentarse al trabajo. La sentencia destaca que no existía en la jurisprudencia española ningún caso en el que el suceso se hubiera producido en horario laboral y en el propio centro de trabajo. La afectada era la doctora Ana O. A., que era médico residente del hospital de Girona y que el 10 de marzo del 2000 tomó la drástica decisión de quitarse la vida lanzándose al vacío desde la novena planta del edificio mientras realizaba su jornada de trabajo.

La doctora no había tenido antecedentes por problemas psicológicos, pero tres días antes del suicidio acudió a la consulta del psiquiatra del propio hospital, que le diagnosticó un cuadro de "angustia y ansiedad y temor a enfrentarse a su trabajo", por lo que le prescribió un tratamiento antidepresivo y ansiolítico.

En primera instancia, la mutua demandada por el marido de la doctora ya fue condenada a pagarle una pensión de viudedad sobre una base reguladora de 3,2 millones de pesetas y una indemnización de 1,6 millones de pesetas. Sin embargo, la mutua recurrió ante el TSJC para que se declarase que el fallecimiento de la doctora fue consecuencia de una enfermedad común y no de un accidente de trabajo, para eludir así el pago de la indemnización.

El alto tribunal catalán declara en su sentencia que la muerte fue consecuencia de la "intensidad horaria y de la especialidad médica (de la fallecida) y se produjo por la fuerte carga emocional y de tensión" de la mujer. Esa tensión vino dada por la "sobrecarga física y psíquica que tenía que soportar la mujer en el desarrollo de sus obligaciones laborales" y que la obligó a acudir a especialistas, que le prescribieron un tratamiento médico.

El TSJC equipara el suicidio a un accidente de trabajo al quedar probado que "la situación emocional determinante de esta decisión se encuentra directamente relacionada con las condiciones laborales del trabajador que adopta tan drástica medida fruto de la angustia y tensión que su vida laboral le produce".

La sentencia concluye que el fallecimiento de la trabajadora, en este caso, "fue consecuencia directa de la gravísima situación en que vivía sumida", y resta importancia al hecho que la mujer no solicitó la baja laboral por este motivo.

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