A los adultos se les presuponen las habilidades para administrar lo que comen. Y quizás fuera así, si las circunstancias favorecieran la mejor elección. Por el contrario, en muchas ocasiones la dieta rivaliza con una agenda de trabajo llena de urgencias.

Muchos empleados se enfrentan cada día a la necesidad de almorzar en el trabajo.

Los niños han acaparado la atención de la mayoría de las campañas organizadas con el ánimo de mejorar los hábitos alimentarios. A los adultos se les presuponen las habilidades necesarias para administrar con cierta coherencia lo que comen. Y quizás fuera así, si las circunstancias favorecieran la elección de lo que nos llevamos a la boca. Por el contrario, en muchas más ocasiones de las aconsejables, la dieta rivaliza con una agenda de trabajo repleta de urgencias.

Las enormes distancias entre el ámbito laboral y el doméstico obligan a los empleados a comer fuera de casa. "Los cambios sociológicos y culturales han hecho que cada vez más personas coman en el entorno del trabajo al menos en tres ocasiones durante la semana", explica Ana Bach, coordinadora científica de la Fundación Dieta Mediterránea. Según la Federación de Usuarios-Consumidores Independientes, seis de cada diez españoles almuerzan fuera del hogar. Un número aún mayor en las grandes ciudades, donde los trayectos son más amplios. A su vez, la acumulación de tareas relega al último plano la alimentación. El intervalo para la mesa y el mantel dentro de la jornada es cada vez más reducido y los profesionales acaban optando por la vía rápida: un sándwich de la máquina mientras siguen en el tajo, respondiendo e-mails, cerrando presentaciones...

Cuando el día lo permite, los empleados acuden a un restaurante. Aunque eso tampoco garantiza un régimen equilibrado. Tanto los consumidores como los establecimientos abusan de las pautas poco saludables: raciones exageradas, exceso de sal y de grasas, bebidas alcohólicas... "El ritmo de vida actual les conduce a escoger opciones que conllevan inconvenientes para la salud", señala Bach.

La Organización Mundial de la Salud alerta sobre el incremento de la obesidad en los países europeos. De hecho, este índice ha triplicado los registros desde la década de los ochenta y las previsiones apuntan que continuará al alza en los próximos años. Además de contribuir a desarrollar ciertas enfermedades como la diabetes o la hipertensión, el sobrepeso resta capacidades para ejecutar con efectividad los cometidos diarios. "La Organización Internacional del Trabajo ha observado que una mala alimentación reduce la productividad en un 20% y genera un mayor absentismo", indica la experta. Algunas asociaciones empiezan ahora a hacer de esta problemática su propio caballo de batalla.

"El proyecto FOOD (de las siglas en inglés Fighting Obesity through Offer and Demand -lucha contra la obesidad a través de la oferta y la demanda-) es la primera campaña de ámbito europeo -operativa en Bélgica, Francia, Italia, República Checa, Suecia y España- que busca incidir en el contexto laboral". Así lo afirman los portavoces de la iniciativa promovida por la empresa Accor Services, en colaboración con la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición y la Fundación Dieta Mediterránea, y apoyada por la Unión Europea. El objetivo es informar y educar a los trabajadores, en coordinación con los departamentos de recursos humanos, los comités de empresa y los servicios médicos de las compañías, e influir sobre las propuestas alimentarias de los establecimientos.

FOOD agrupa diversas actividades. Entre otras, ofrece recomendaciones sobre cómo adoptar una dieta equilibrada comiendo habitualmente en restaurantes, indica cómo medir el índice de masa corporal y ayuda a interpretar las etiquetas de los envases, a través de varias herramientas: una página web (www.food-programme.eu), un blog (http://blog.food-programme.eu), un dvd, folletos, libros de recetas... Asimismo, el programa incluye algunos consejos para aquéllos que encuentran en la tartera -popularmente llamada táper- una salida a la encerrona que plantea la hora de la comida dentro de la rutina.

Regreso al 'táper '

La fiambrera siempre tuvo adeptos, pero la coyuntura económica le ha proporcionado más público si cabe. La contención de los presupuestos domésticos ha llevado a muchos empleados a volver a la tradicional tartera. Algo ya evidente para los fabricantes de recipientes. "A partir de la explosión de la crisis, hemos percibido un tirón de las ventas. Ahora mismo, existe muchísima demanda", dice Marisa Linares, directora de Marketing de Tupperware España. "De hecho, los productos estrella son los que, además de transportar los alimentos, admiten el calentamiento en el microondas", añade. Coincide con la observación, Eduard Santos, responsable de Marketing de Valira. La empresa catalana tiene una gama de bolsos equipados para portar los alimentos hasta la oficina. "Lanzamos este producto en 2004 y durante un par de años no cuajó. En 2008 ha experimentado un boom", reconoce el directivo. La tartera puede representar una fórmula saludable, siempre y cuando las instrucciones de preparación casera hayan seguido las pautas correctas.

Para el reducto de perezosos que quieran comer bien sin pasar por los fogones y sin esperar el turno en el restaurante, aparece ahora una nueva vía con la solución perfecta. Algunas empresas ofrecen un servicio de entrega en la misma oficina.

Vitalista inició su actividad en Madrid hace tres años. Desde entonces, muchos profesionales han contratado la distribución diaria de un menú que incluye las tres ingestas que ocupan el horario laboral: el almuerzo a media mañana, la comida (con dos platos a elegir) y la merienda, junto con dos botellas de agua de 500 ml. Todo el pack por 10,75 euros.

Con la suscripción mínima de tres días por semana, la empresa incorpora además la visita gratuita de un nutricionista que atenderá las consultas de los usuarios semanalmente. Luis Sotolargo, uno de los dos socios de Vitalista, asegura que "alternativas de consumo hay muchas, pero saludables no tantas". De ahí que ellos vieran una oportunidad de mercado en aunar las recomendaciones de un experto con una propuesta alimentaria que respondiera a esas indicaciones.

La acogida del servicio ha resultado "excepcional" y eso les ha animado a ampliar el catálogo. "Además del menú de origen (entre las 950 y las 1.150 calorías), tenemos otro para perder peso (700 calorías y a adoptar bajo la supervisión del nutricionista). Y hemos añadido también uno vegetariano y otro para celiacos", detalla Sotolargo. "Todo el mundo desea comer bien. Nosotros facilitamos este propósito en el día a día", zanja el responsable de Vitalista.

"La comida sana no está reñida con el placer gastronómico", advierte Bach. Muchos empleados aceptan esa premisa; lo verdaderamente difícil es recordarla en la frenética fatiga del devenir cotidiano.


Recomendaciones

Para una alimentación equilibrada, FOOD Aconseja:

  • Pruebe siempre la comida antes de añadir sal u otros condimentos.
  • Reduzca el uso de grasas y favorezca las grasas vegetales.
  • Coma al menos cinco raciones de frutas y verduras al día.
  • Priorice la fruta fresca como postre habitual y sólo de vez en cuando recurra a los lácteos.
  • Utilice técnicas de cocinado que no añadan excesiva cantidad de grasa (vapor, asados, a la parrilla).
  • Elija el agua como bebida para acompañar sus comidas.
  • Evite el picoteo de alimentos demasiado grasientos o ricos en sal o azúcar durante los descansos.
  • Prepare combinaciones de legumbres y cereales como alternativa al consumo de carne.
  • Introduzca variedad en el menú.
  • Beba de 1,5 a 2 litros de agua al día.

El menú es aún la opción mayoritaria

Para muchos españoles que comen fuera de casa, el menú resulta la mejor alternativa. Según la Federación de Usuarios-Consumidores Independientes (FUCI), casi el 80% de ellos siguen este patrón. Y lo hacen sobre todo porque así rehuyen el engorro de preparar, transportar y calentar la tartera cada día. A su vez, el gasto que conlleva esta opción es más ajustado que pedir a la carta. Una pauta abrazada solamente por el 6% de los trabajadores. No obstante, los precios varían ampliamente según la ciudad donde se esté empleado.

De las catorce localidades que observa el último informe de la FUCI sobre los hábitos alimenticios en relación con la jornada laboral de los consumidores, Cáceres, Murcia, Santander y Toledo son las más económicas y ofrecen menús más baratos -con un coste de 8 euros como media-, frente a las grandes urbes, como Madrid o Barcelona, donde el importe de la factura ronda los 12 euros de promedio. Un cacereño desembolsa así 160 euros mensuales en la comida, mientras que un madrileño necesita para el mismo concepto 240 euros al mes. Una diferencia que puede significar casi 1.000 euros al cabo del año.

La FUCI apunta asimismo que la mayor parte de los españoles escoge aquellos restaurantes más próximos a sus centros de trabajo que aportan una propuesta de comida casera, contra los establecimientos basados en el fast food, que han ido cayendo en el ranking de las preferencias de los empleados.

La elección de los platos tiene mucho que ver con el clima de la zona. Mientras que en el norte, la cuchara es la reina del mediodía, en la región levantina los potes ceden el protagonismo a las hortalizas. Un 24% de los consumidores españoles pide verduras en el menú diario; el 21% escoge carne; un 16%, pescado; un 12% opta por la pasta, y el 9% se decanta por las tradicionales comidas de puchero. El 16% restante agrupa a todos aquellos que se inclinan por la comida rápida.

Acceso a página web del Proyecto Food: http://www.food-programme.eu

Acceso al blog del Proyecto FOOD: http://blog.food-programme.eu

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