Entrevista a J. A. Marina, filósofo y asesor de cabecera de algunas empresas, como Bankinter, que quieren introducir novedades de gestión.

Se ha convertido en el filósofo y asesor de cabecera de algunas empresas, como Bankinter, que quieren introducir novedades de gestión.

Le hubiera gustado ser coreógrafo, pero finalmente optó por dejar de lado el baile y convertirse en filósofo.

 José Antonio Marina, nacido en Toledo en 1939, ha dedicado parte de su vida a la enseñanza de Filosofía en el Instituto de La Cabrera, en la sierra norte de Madrid. Ahora tiene una excedencia como catedrático y ocupa su tiempo en asesorar a empresas sobre las nuevas relaciones que se imponen en el trabajo con la irrupción dentro de las compañías de las nuevas tecnologías e Internet y en rastrear posibles temas de investigación que sirvan de pilar para próximos ensayos. El último, La lucha por la dignidad, acaba de salir a la calle. Vive en la selecta urbanización de La Moraleja (Madrid) rodeado de libros, tomates, berzas y rosas.

Ahora está de moda el tema de la inteligencia emocional, ¿pero cómo se traslada esto al mundo de la empresa?
La inteligencia emocional es la misma de siempre, pero incluye aspectos olvidados. Lo importante no es sólo el conocimiento, sino controlar las emociones, educarlas y saber reconocer las de los demás. Ahora todo esto se introduce dentro de las empresas y se valora más la colaboración de los equipos grandes. Parte de las competencias no necesitan de habilidades cognitivas, sino de habilidades de relación con los demás o con uno mismo.

¿Se trata de una moda?
A estas alturas las modas de dirección de empresas duran lo que una primavera. Ahora se habla de capital intelectual, de compañías planas, inteligentes. Lo cierto es que todo tiene relación; una parte de la economía está basada en el conocimiento, lo que quiere decir que el elemento humano tiene una gran importancia. Ahora hay compañías que se toman todo esto en serio.

¿Por ejemplo?
Bankinter, y para ello han pedido mi colaboración. Está tratando de estudiar cómo puede estimular la capacidad creadora dentro de una compañía, cómo crear un clima facilitador de la invención. Y aquí la vertiente emocional juega un papel importante. Está demostrado que la gente tiene capacidad de relación mucho más amplia cuando está alegre. En las empresas se han puesto en práctica elementos que hasta ahora tenían en recursos humanos.

¿Qué tiene que hacer una compañía para ser inteligente?
Lo más interesante es lo que llamo la inteligencia compartida. La inteligencia individual se desarrolla dentro de contextos y los hay que animan o disuaden esa inteligencia. Yo diría que las compañías denominadas inteligentes son aquellas que con un conjunto de personas no extraordinarias consiguen resultados extraordinarios. Es fundamental establecer un cierto clima favorable para las relaciones, que haya una estructura en la que se reconozcan los premios, que no haya miedo a la novedad y al ridículo.

¿Cómo se puede atajar?
Hay que fomentar la memoria personal, ya que es creadora; con una peculiar actitud afectiva y con un ambiente y organización que favorezca la innovación. Las empresas tienen que saber aceptar sus errores. El éxito inmediato es malo, aunque lo cierto es que la economía hoy día está basada en la rapidez.
A los candidatos a un empleo se les exige un título, idiomas y un master, pero pocos piden tener ciertas actitudes hacia el trabajo. Todo esto está cambiando. La Universidad española no está educando para el trabajo y estas carencias de los profesionales universitarios las suplen los profesionales. Las empresas están creando universidades corporativas, en las que se combinan, además de conocimientos, actitudes afectivas y de destreza del control.

¿Qué carencias tienen actualmente los directivos?
Tienen una idea de la jerarquía del poder que creen consiste en limitar las posibilidades de acción del subordinado. El nuevo ejecutivo tiende a ser menos jerárquico en el ejercicio del poder. Al mandar enriquece la capacidad creativa de los empleados.

En pocos años habrá una reestructuración de clases. Surgirán los proletarios del teclado. O lo que es lo mismo, según opina el filósofo José Antonio Marina, al hilo de las nuevas tecnologías aparecerá dentro de las empresas la figura del peón de la informática. 'Habrá profesionales que se dediquen a sólo teclear y profesionales que sean los cerebros de las operaciones ', explica el experto, quien destaca la importancia de la formación continua dentro de las compañías.

'A pesar de que casi todo el mundo teme las novedades, hay que tener en cuenta que vivimos en un mundo cambiante y hay que acomodarse a los nuevos tiempos ', matiza Marina. Y añade que el mercado laboral se está endureciendo en todo el mundo y 'antes o después habrá una reordenación sindical '.

En este sentido, el debate que plantea Marina es si triunfará el modelo económico norteamericano o el modelo europeo. Este último incluye una política de protecciones sociales fuertes. 'El gran reto es conseguir un sistema económico como el europeo, que incluya el Estado de bienestar '. Y explica otro de los grandes problemas que deberán atajar las compañías que se han visto afectadas por la fuerte movilidad de los trabajadores de las empresas de la llamada nueva economía: 'Hay que conseguir, entre otras cosas, la fidelidad de los trabajadores, porque hay compañías, como algunas consultoras, en las que la tasa de rotación es del 20% cada seis meses '.

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