Desde los años ochenta, el poder adquisitivo del salario bruto de los franceses ha crecido sólo un 17%, un 0,8% anual La reducción de la jornada generó 300.000 empleos en tres años y aumentó en un 4,5% la productividad de las empresas afectadas.

EL DEBATE SOBRE LA PRODUCTIVIDAD EN EL TRABAJO

El ministro del Presupuesto cree que sin ella el déficit sería inferior al 3%

Corresponsal parís.
El sector liberal del partido gubernamental (UMP) presiona de forma creciente para restablecer legalmente la jornada de 39 horas semanales ante la difícil situación económica del país y a la vista de la evolución de la opinión pública, a pesar del ajuste aplicado hace un año para flexibilizar las leyes promovidas en la pasada legislatura por la ex ministra socialista Martine Aubry.

El Gobierno de centroderecha de Jean-Pierre Raffarin, que atraviesa una fase de pérdida de credibilidad, está aún lejos de acometer una medida de alto riesgo político y social. Sin embargo, tanto el primer ministro como el propio Jacques Chirac tantean el camino con una insistente campaña en favor de la "rehabilitación del trabajo" en sintonía con las posiciones de la gran patronal (Medef). Hace un año, la organización empresarial que preside Ernest Antoine Seillière encajó con visible decepción la decisión del Gobierno de limitarse a maquillar las leyes de Reducción del Tiempo del Trabajo (RTT) mediante un sustancial aumento del número legal de horas extraordinarias (180 al año). "Francia no puede convertirse en un gran parque de ocio", suele decir Raffarin . En los últimos días la presión ha subido de modo notable. El propio ministro delegado del Presupuesto, Alain Lambert, ha cargado la escopeta con munición de peso, al responsabilizar a la jornada de 35 horas del descalabro del déficit público. "Puede decirse que sin el coste de las 35 horas, que por otro lado no era obligatorio emprender, hoy nos encontraríamos por debajo del 3% del déficit público", dijo Lambert, quien evaluó el gasto para el Estado en 15.000 millones de euros al año. Ante la pregunta directa de si Francia se habría ahorrado la actual guerra presupuestaria con Bruselas en la hipótesis de que no se hubiera reducido la jornada laboral, Lambert fue taxativo: "Lo confirmo" . Cabe decir, sin embargo, que el propio ministro de Finanzas, Francis Mer, le corrigió al día siguiente y redujo el coste a unos 10.000 millones. Coincidiendo con la toma de posición de Lambert, que sin embargo sólo aboga por una renegociación a escala de empresa y rama de actividad, el diputado Hervé Novelli, jefe del sector más liberal de la UMP, ha puesto la primera piedra para derribar el tabú o, cuando menos, dar un paso definitivo en la flexibilización del sistema, al proponer una comisión parlamentaria que levante acta del impacto real de las 35 horas. "Francia corre el riesgo de no aprovechar la reactivación ", alerta el diputado, que alega los costes empresariales y el estancamiento salarial. Para el Instituto Nacional de Estadística (Insee), sin embargo, la reducción de jornada ha significado para las empresas que la han aplicado un aumento del 4,5% de su productividad, además de haber generado 300.000 entre 1997 y 2001.

Otra cosa son los salarios. El economista independiente Jean-Paul Fitoussi, presidente del respetado Observatorio Francés de Coyunturas Económicas (OFCE), subraya que el poder adquisitivo del salario bruto de los franceses sólo ha crecido un 17% en los dos últimos decenios, lo que supone un pírrico 0,8% anual. Fitoussi subraya que desde los años ochenta, el peso de los salarios sobre la renta nacional ha caído 10 puntos, frente a los 3 de media en la UE y 1,5 en EE.UU. "La ley de las 35 horas -sostiene el economista- se basó en una ilusión aritmética: ocho personas que trabajan seis horas tendrían la misma productividad que seis personas trabajando ocho horas." Fitoussi cree que la ley ignoró sin más la falta de homogeneidad entre los asalariados.

El Partido Socialista, donde apenas se admiten "errores de aplicación", acusa al Gobierno de querer distraer a la opinión ante la situación del país y de intentar liquidar todo vestigio de la izquierda. El PS ha aceptado el reto de una comisión de encuesta y se declara decidido a "salir al paso de las contraverdades que vehicula la derecha".

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