Desde el 2008 se han destruido 1,5 millones de empleos, pero el Estado creó 228.700. El año pasado, en la policía había diez candidatos por plaza y en el 2009 hay 30.

"¡Las oposiciones! Esto es todo un mundo. Quien estudie las oposiciones conocerá España", sentenció Miguel de Unamuno en 1899. Aludía al acceso a la docencia universitaria, a sus componendas, según explica el economista Manuel Bagüés, profesor de la Universidad Carlos III. Pero diez años después, las oposiciones también sirven para retratar la coyuntura laboral de España. Con una tasa de paro para los menores de 25 años del 38,6%, casi 21 puntos por encima de la media, los jóvenes ven su futuro en las administraciones públicas y se lanzan en masa a las oposiciones.

Unamuno obtendría la radiografía de la España actual en sitios como el mercado ganadero de Silleda (Pontevedra) o en los pabellones polideportivos de todo el Estado que se llenan los fines de semana con las oposiciones. El sector lácteo está en crisis. Las granjas cierran y por las naves del recinto ferial de Silleda campan miles de opositores.

Desde enero del 2008, cuando comenzó la destrucción masiva del empleo, España ha perdido 1,5 millones de puestos trabajo, según la Encuesta de Población Activa (EPA). Los embates de la recesión los han sufrido sobre todo los asalariados del sector privado y los autónomos. Pero el sector público siguió creciendo. Entre enero de 2008 y el tercer trimestre de 2009, las administraciones crearon 228.700 empleos más, de los que 156.300 corresponden al 2008 y 72.400 a este año. La generación de puestos de trabajo en el Estado se reduce, pero todavía existe.

Sucede que "la oferta de nuevo empleo privado casi ha desaparecido, así que el joven tiene dos opciones, o se sigue formando, a través de por ejemplo de los cursos de posgrado, que han crecido mucho, o intenta acceder al empleo público a través de las oposiciones ", explica Sara de la Rica, catedrática de Economía de la Universidad del País Vasco.

Según una encuesta de mayo de la firma de recursos humanos Adecco, entre 1.000 parados españoles, el 14,7% estaban preparando oposiciones y el 39,5% estaban pensando en hacerlo, mientras el 45,8% rechazaban buscar esa salida laboral. En el caso de los jóvenes menores de 25 años, la inclinación hacia el sector público era todavía mayor, porque sólo un 37,5% descartaban opositar, mientras un 46,5% estaba valorando hacerlo y el 16% ya se hallaba estudiando para ello. Así que ante la negra coyuntura, el 62,5% de los desempleados de menor edad ven su futuro en la administración pública, lo mismo que el 57,2% de los parados con entre 26 y 35 años.

En las academias han percibido en los últimos meses un incremento de los opositores de mayor edad, pero sobre todo son los jóvenes los que ven en ellas la salvación, porque la masiva cancelación de los contratos temporales que tenían los dejó en la calle.

Desde el 2005, la EPA ya no ofrece datos de cuánta gente se dedica a opositar. Sólo suministra la cifra de cuántos parados están a la espera de conocer los resultados de una oposición. En el tercer trimestre del 2009 eran 47.700, la cantidad más alta desde que existen estos datos. Hubo un momento coyuntural de alza en el 2005, cuando había 43.200 personas en esa situación, pero rápidamente bajó. Ahora no.

Hay más opositores, pero como señala Miguel Bora, secretario de formación del sindicato de funcionarios CSIF, "hay menos oferta de puestos. Las administraciones no tienen dinero. Sacan las plazas que quieren y pueden, pero menos de las que deberían".

La oferta de empleo público del Gobierno central cayó brutalmente de las 35.895 plazas del 2008 a las 20.561 del 2009, que contrastan con las 31.022 del 2005, 34.200 del 2006 y 33.151 del 2007. Es ilustrativo el caso de la Policía Nacional, cuyas oposiciones se celebraron el pasado fin de semana. Se inscribieron 57.855 jóvenes, frente a los 49.744 del año pasado. Competían por 1.949 plazas frente a las 5.000 del ejercicio anterior. Mientras en el 2008 había diez candidatos inscritos por plaza, este año había 30. Situaciones similares se dan en las oposiciones que convocan las autonomías.

Como explica Manuel Bagüés, en los altos cuerpos del Estado, como los jueces o la escala técnica superior, no se percibirá el incremento de la cantidad de aspirantes hasta el año próximo, debido a que estas pruebas requieren de una larga preparación.

En cambio, en las escalas más bajas, como la de los conserjes, "las instancias que se presentan se cuentan por miles", comenta el portavoz del CSIF.

La carrera en pos de un empleo público discurre por una calle cada vez más estrecha, porque hay más candidatos y menos plazas. "Ahora pueden presentarse candidatos muy buenos, que en otras circunstancias se habrían ido al sector privado", señala Sara de la Rica. Sin embargo, como apunta Pablo Salvador, catedrático de Derecho de la Universitat Pompeu Fabra, también aumentan los que van a ver qué pasa: "Lo habitual es que si hay 3.000 aspirantes para 200 plazas, preparados de verdad haya 500. En el país de la lotería, los 2.500 restantes prueban suerte".

La búsqueda de un refugio en el sector público también responde a una lógica cultural. Como apunta Manuel Bagüés "en Estados Unidos cuando se fracasa en un negocio no pasa nada. En cambio, en España para cualquier emprendedor un fracaso parece el fin del mundo". Además, Sara de la Rica destaca que "aquí la mayoría de los jóvenes viven con sus padres, así que el coste de oportunidad de estar sin un empleo mientras preparan una oposición no es tan alto como en otros países en los que la emancipación se produce más pronto".

Ya lo advirtió Unamuno, a través del mundo de las oposiciones se conoce mejor España.

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