Los expertos valoran más la adaptación de las plantillas a la actividad que el coste del despido en la esperada reforma laboral. Gana adeptos la figura de un nuevo contrato de crisis que con el tiempo se equipare con uno fijo.

La reforma laboral ha empezado y ya no tiene marcha atrás, según coinciden en señalar incluso los sindicatos. Pero, a diferencia de la fase de negociación anterior, que se rompió de forma abrupta el verano pasado, ahora todas las partes se han propuesto una reforma laboral más realista. El eje será la ampliación del margen de maniobra de los empresarios para adaptar las condiciones de trabajo a la actividad de la compañía, un punto que los expertos consultados y muchas empresas consideran más importante que una rebaja del coste del despido. Una vez abierta la senda de la negociación, que oficialmente comenzará en enero, según anunció el ministro de Trabajo, Celestino Corbacho, habrá que fijar el temario de asuntos a tratar en el que esta vez no habrá líneas rojas porque todas las partes se han conjurado para llevar a cabo un ejercicio de moderación. Para muestra, un botón. La patronal CEOE y especialmente su presidente, Gerardo Díaz Ferrán, ha pasado de reivindicar casi a diario la reforma laboral y el abaratamiento del despido a mantenerse ahora en una posición discreta.

Con este clima más propicio al entendimiento, la opinión generalizada de los protagonistas del diálogo social y sus asesores es que se impondrá una reforma de calado limitado pero que puede ser útil para la adaptación de las empresas a una crisis como la actual. El primer asunto será la traslación a España del llamado modelo alemán de reducción de jornada como alternativa al despido. «Alemania, que con un descenso de la producción mayor que en España casi no ha incrementado su desempleo, nos ha hado una lección: la necesidad de ser más flexibles para evitar los despidos o las contrataciones temporales», afirma Salvador del Rey, socio de Cuatrecasas y catedrático de Derecho del Trabajo.

JORNADA Y SALARIO / En el Instituto de Recursos Humanos que preside Salvador del Rey, hace meses que toman el pulso a los protagonistas de la futura reforma y han llegado a la conclusión de que esta ha de permitir a las empresas en apuros y que hayan intentado alcanzar un pacto que puedan aplicar una solución coyuntural «primando el mantenimiento del empleo».

En ese capítulo también entraría la suavización de los requisitos –dos años de pérdidas y acuerdo sindical– para que una empresa se descuelgue del convenio de referencia y, por ejemplo, congele los sueldos. Para Manel Hernández, codirector del bufete Sagardoy en Barcelona, hacen falta «elementos fácilmente objetivables» para modificar las condiciones de trabajo.

CONTRATO TRANSITORIO / La propuesta inicial de la CEOE de refundir las 14 modalidades de contratos actuales en una sola con una indemnización por despido progresiva ha perdido partidarios. En su lugar, los expertos se decantan por un nuevo «contrato de crisis», con unas condiciones inferiores al resto pero limitadas temporalmente y con el compromiso de su equiparación a indefinidos como los de ahora. Sería una fórmula similar a las dobles escalas salariales transitorias que han pactado un gran número de empresas. Para Rafael Ortiz, socio de Garrigues, «puede ser una fórmula útil en el contexto actual, en el que hay que exprimir la creatividad».

Los juristas coinciden en ver escasa utilidad a una rebaja de la indemnización por despido para ayudar a salir de la crisis, aunque apuntan fórmulas para contener y clarificar costes. Salvador del Rey plantea la necesidad de huir de la «monetarización» de los ERE, otorgando más peso a los planes sociales de recolocación o de reinversión.

Otra vía es el acotamiento de las causas del despido barato de 20 días de sueldo por año, que es el menos utilizado por la dificultad de probar las causas objetivas o porque las empresas optan por pagar 45 días, y desactivar así las reclamaciones judiciales. Bastaría, según Del Rey, con llevar a la ley la última doctrina más permisiva del Tribunal Supremo. Hernández advierte de que quizá es más problemática la «incertidumbre sobre el coste final de los despidos que la cantidad en sí misma». Además de reducir la rigidez del contrato a tiempo parcial, Del Rey plantea transformar el fijo con despido barato de 33 días en una modalidad a tiempo parcial indefinida con distribución flexible del tiempo de trabajo al estilo de las bolsas de horas en compañías industriales. En general, se impone la opinión contraria a eliminar los contratos temporales, aunque sí a delimitar sus causas. Los profesores Luis Toharia y Miguel Ángel Malo advierten de que la desaparición del contrato temporal solo crearía una división entre «trabajadores con mayor rotación y baja antigüedad en puestos malos y trabajadores con baja rotación y mayor antigüedad en empleos buenos».

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