Entrevista de El Periódico a Ignacio Buqueras, Presidente de la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles: "La sensación de que el empleado leal es el que más calienta la silla es algo tercermundista."

Este empresario lleva años intentando poner el reloj español en hora europea. Con entusiasmo y sin vacilaciones. Ignacio Buqueras (Reus, 1942) impulsó desde la Fundación Independiente, que preside, la Comisión Nacional para la Racionalización de los Horarios Españoles. Y poco a poco los que mandan le van escuchando. Otra cosa es apostar. Es autor del libro ‘Tiempo al Tiempo: un nuevo método de organización y utilización del tiempo’ (Planeta).

Y ahora los escolares tendrán vacaciones en febrero...

Lo importante es que haya una coordinación entre horarios laborales y escolares.

Ahí está el problema, me temo.

¿Por qué concentrar las vacaciones en verano? Los padres pueden guardarse una semana para febrero.

¿Sin playa, sin tumbona, sin chiringuito?

¡El mejor regalo que los padres pueden hacer al niño es su tiempo! No solo un tiempo de calidad, sino también en cantidad... Y las empresas deben ofrecer flexibilidad para cubrir esa semana, en particular, y permitir la conciliación en general.

Las empresas no están para encajes horarios.

Pues a las empresas les decimos que la conciliación es rentable. Iberdrola, una empresa nacional que está en el Ibex 35, tiene desde hace dos años un horario flexible que empieza a 7.30 y acaba a las 15.30. Es competitiva, han reducido el consumo energético y la gente está satisfecha.

Menos lo estarán los niños, que se quedan sin el día después de Reyes.

Pues que el día de Reyes sea mucho más intenso. Los tiempos han cambiado...

O sea, ¿usted ve bien el calendario diseñado por Educació?

En educación hay un triángulo formado por profesores, alumnos y padres. Y este hoy adolece de descoordinación. Algunos padres tienen casi abandonados a sus hijos entre las 17.00 y las 20.00 horas. En el mejor de los casos, los cargan de extraescolares. De modo que sus jornadas escolares duran 11 o 12 horas.

Las mujeres salen a trabajar. Ya me dirá qué hacen...

El problema es que la mujer ha salido de casa, pero el hombre no ha entrado en ella. Y eso es muy preocupante. Los hombres deben coparticipar en todas las tareas domésticas y en la educación de los hijos. No vivimos en el siglo XIX.

Pues los maestros –ellos y ellas– dejan de hacer la jornada intensiva.

Imagino que cada situación tendrá que estudiarse con cuidado. No es lo mismo un maestro de una población urbana que una rural.

Sea como sea, la conciliación es un horizonte que se aleja.

No hay conciliación e igualdad si no pasan por unos horarios racionales, más humanos. Modificarlos centra nuestro empeño.

La crisis no facilita el trabajo.

No, pero hay que poner más imaginación y romper las rutinas. Hay que desterrar el presentismo. La sensación de que el empleado leal es el que más calienta la silla es algo tercermundista. Hay que apostar por la cultura de la eficiencia. Sacar partido al tiempo. Trabajar por objetivos, con la tecnología adecuada. Los españoles pasan unas 200 horas más en el trabajo que la media europea y, en cambio, la productividad está por los suelos. Estar en el lugar de trabajo no es lo mismo que trabajar.

Cuando consiga cambiar el reloj estaremos todos calvos...

No. En el primer semestre del 2010 vamos a promover cinco grandes pactos nacionales. Uno de ellos, entre todos los partidos políticos...

¿Los mismos que montan plenos y mítines a las siete de la tarde?

Hay que fijar las reuniones y convocatorias a una hora razonable, empezar con puntualidad –la puntualidad no debe ser cortesía, sino exigencia ética–, alertando de la hora de inicio y finalización y, si es posible, del minutaje de los puntos del orden del día. Nadie tiene derecho a ser ladrón del tiempo de los demás.

Señale al principal ladrón.

Los horarios de la tele, por ejemplo. En España dormimos 53 minutos menos que la media europea y los médicos dicen que dormir menos disminuye la productividad, y aumenta la siniestralidad laboral y el fracaso escolar. Los jóvenes difícilmente se acuestan antes de la una de la madrugada. Pedimos que los programas de máxima audiencia no finalicen más allá de las 11.30 horas.

¡A las doce, a la cama, como tarde!

¡Es que España es una singularidad! Lo normal en cualquier país europeo es finalizar la jornada laboral a las cinco de la tarde. Evidentemente, un país del siglo XXI debe tener servicios las 24 horas. Pero cada turno debe poder conciliar la vida familiar y laboral. Con los actuales horarios los grandes perjudicados son las mujeres y los niños.

Dé usted la receta milagrosa.

La vieja regla de los tres ochos. Ocho horas para trabajar, ocho para descansar y ocho para actividades diversas. Si nos separamos de los tres ochos, algo funciona mal. Todos debemos gestionar mejor el tiempo.

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