Un artículo de The Economist afirma que el nuevo management feminista flirtea con teorías peligrosas y que juzgar a las personas por méritos individuales más que como representantes de un género es lo moralmente correcto y mejor para las empresas.

El recientemente fallecido Paul Samuelson una vez tuvo la ocurrencia de decir que “las mujeres solamente son hombres con menos dinero”. Como padre de seis hijos, quizá debería haber añadido algo sobre su papel en la reproducción de la especie. Pero su aforismo resulta el mejor resumen en una sola frase del feminismo clásico que se puede tener.

Las primeras generaciones de mujeres con éxito en el mundo laboral insistieron en ser juzgadas por los mismos estándares que los hombres. No sentían nada más que desprecio por la noción del trato especial hacia ellas y en vez de eso insistieron en superarse a fuerza de trabajar más duro y pensar de modo más inteligente. Margaret Thatcher no escondía su desprecio por los hombres de poco carácter que la rodeaban. (Se cuenta un chiste sobre ella yendo a cenar con los miembros de su gabinete. “¿Carne o pescado?,” preguntó el camarero. “Carne, por supuesto,” respondió ella. “¿Y los vegetales?”, replicó el camarero. “También tomarán carne”, espetó la Thatcher.) Durante la reciente elección para la candidatura demócrata en Estados Unidos, Hillary Clinton se burló de Barack Obama mediante una publicidad que insinuaba que él, a diferencia de ella, no estaba preparado para el desafío de contestar al teléfono rojo a las 3 de la madrugada.

Muchas mujeres de negocios pioneras se enorgullecen de su propia dureza. Dong Mingzhu, la Jefa de Gree Electric Appliances, un gigante chino de la fabricación de aires acondicionados, afirma rotundamente, “Nunca fallo. Nunca admito errores y siempre soy correcta.” En los últimos tres años su empresa ha incrementado el dividendo para sus accionistas un 500%.

Pero algunas de las teorías feministas actuales más influyentes argumentan que las mujeres nunca podrán desarrollar su potencial si juegan con las mismas reglas que los hombres. Según Avivah Wittenberg-Cox y Alison Maitland, dos de los exponentes más prominentes de esta corriente, no es suficiente con romper el techo de cristal. Es preciso revisar la construcción entera para erradicar el sexismo inherente acumulado en las estructuras y procesos corporativos.

El nuevo feminismo arguye que las mujeres están hechas de modo distinto a los hombres, y no sólo en temas triviales. Son menos agresivas y están más enfocadas a buscar el consenso, son menos competitivas y más colaborativas, menos obsesionadas por el poder y más orientadas a los grupos. Judy Rosener, de la Universidad de California, Irvine, dice que las mujeres destacan en la gestión “transformacional” e “interactiva”. Peninah Thomson y Jacey Graham, las autoras de A Woman’s Place is in the Boardroom (“Hay un lugar para la mujer en la Sala de Juntas”), afirman que las mujeres son “mejores pensadoras laterales que los hombres” y “más idealistas”, además. Los textos feministas, de repente, se han llenado de referencias a tribus de monos, con sus agresivos machos y sus cuidadoras hembras.

Lo que es más, el argumento funciona, esas supuestas cualidades femeninas se valoran más que nunca en las empresas. La reciente crisis financiera ha probado que las cualidades de las que se enorgullecen los hombres, la toma de riesgos o la competición “cuerpo a cuerpo”, pueden llevar al desastre. Lo de Lehman Brothers nunca habría pasado si hubieran sido Lehman Sisters, según dicha teoría. Incluso desde antes de que llegara el desastre financiero, las nuevas feministas también reivindican, a medida que las mejores compañías abandonan las jerarquías “patriarcales” en favor de la “colaboración” y del “networking”, las habilidades en las que las mujeres tienen una ventaja inherente.

Este argumento puede sonar un poco a esos talleres sobre género de las buenas universidades, pero está ganando adeptos en sitios importantes. Mckinsey, la más venerable de las consultoras de gestión, ha publicado un estudio que indica que las mujeres aplican más frecuentemente que los hombres cinco de las nueve “actitudes de liderazgo” que llevan al éxito empresarial. Niall Fitzgerald, Presidente de Reuters y antiguo Jefe de Unilever, es de lo más cercano que se puede encontrar al corazón del establishment corporativo. Él proclama: “Las mujeres tienen formas diferentes de lograr resultados, y tienen cualidades en liderazgo que van ganando importancia a medida que nuestras organizaciones se vuelven menos jerárquicas y están más organizadas en torno a estructuras de matriz.” Muchas empresas están abandonando el tradicional compromiso de tratar a todo el mundo por igual y están pasando a adaptarse a los géneros y a ser “bilingües en género” –en contacto con la sabiduría única en gestión de sus empleadas mujeres. Han surgido gran cantidad de consultoras para enseñar a las empresas cómo escuchar a las mujeres y explotar sus capacidades especiales.

Las nuevas feministas tienen razón de sentirse frustradas por el ritmo del progreso de la mujer en el mundo empresarial. La Comisión para la Igualdad y los Derechos Humanos del Reino Unido calcula que, con los índices de progreso actual, llevará 60 años lograr una representación paritaria en las direcciones de las principales 100 empresas cotizadas de aquel país. También tienen razón en que el feminismo tradicional tenía muy poco en cuenta el papel de las mujeres en la crianza de los hijos. Pero sus argumentos sobre las diferencias innatas entre hombres y mujeres resultan chapuceros y contraproducentes.

Las personas que insisten en dichas diferencias innatas deberían recordar que la variación dentro de los subgrupos en la población suele ser mayor que la variación entre subgrupos. Incluso si se puede establecer que, de media, las mujeres tienen un mayor “cociente de inteligencia emocional” que los hombres, ello habla muy poco sobre cualquier mujer en concreto. Juzgar a las personas como individuos más que como representantes de grupos es moralmente correcto y al mismo tiempo bueno para las empresas.

Asistencia, intercambio e ingeniería
Además, muchas de las mujeres con mayor éxito empresarial actualmente se tienen que buscar en compañías de perfil duro, más que en organizaciones con el “toque sensible” del imaginario del nuevo feminismo: Areva (energía nuclear), AngloAmerican (minería), Archer Daniels Midland (sector agrícola), DuPont (química), Sunoco (petróleo) y Xerox (tecnología), tienen todas mujeres jefas. El índice Cranfield School of Management’s Female FTSE 100 revela que dos de los sectores con mejores resultados en promoción de las mujeres en sus direcciones son el bancario y el de transportes.

Las mujeres serían bien aconsejadas de ignorar los cantos de sirena del nuevo feminismo y de escuchar más a voces como la de Dong Mingzhu. A pesar de su frustración actual, el futuro parece brillante. Las mujeres actualmente obtienen considerablemente mejores resultados que los hombres en escuelas y universidades. Sería un grave error abandonar la tradicional meritocracia justo en el momento en que se está convirtiendo en una ventaja para las mujeres.

Acceso a la noticia: http://www.economist.com/businessfinance/displaystory.cfm?story_id=15172746

* “Womenomics”. The Economist, 30/12/2009. (Artículo consultado on line: 04/01/2010)

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