"Con gente de 32 países y 22 idiomas, no existe ningún otro centro de trabajo con tanta diversidad", Carlos Vivas, director general de Agilent Technologies.

Barcelona
Me llamo Carlos Vivas. Nací hace 54 años en Barcelona y he conseguido seguir viviendo en Barcelona." Así empieza su presentación el máximo responsable de Agilent en España y director para Europa de Canales Indirectos. Y explica: "Me han tentado muchas veces para ir fuera, pero al final conseguí traer la empresa aquí". Vivas es en gran parte responsable de que la multinacional estadounidense instalara en Barcelona un centro de administración y gestión que emplea a más de 600 personas, de las que 450 son extranjeras que proceden de 32 países, y da servicio a cuatro continentes, en 22 idiomas distintos. "Me atrevo a decir que no hay en el mundo ningún otro centro de trabajo con tanta diversidad idiomática y cultural."

Vivas lleva la mitad de su vida en esta empresa, que hasta el 2000 era una división dentro de Hewlett Packard. "Nosotros éramos la auténtica HP, en 1939, Hewlett y Packard empezaron su negocio con aparatos de test y medida. Pero como buenos padres, les hemos dado todo, hasta el nombre."

Vivas es un entusiasta de su trabajo y un practicante convencido del "HP way": "No sabría dirigir una empresa de ninguna otra forma". Define esa cultura de empresa como "el convencimiento de que la gente es buena por naturaleza: los empleados tienen ganas de hacer las cosas bien y si los respetas y les ofreces apoyo, responden". Y asegura que en Agilent ese espíritu nunca se ha perdido: "Aquí no hay puertas, ni yo tengo despacho cerrado. Me gusta tomar un café con la gente, te explican lo que hicieron el fin de semana, o sus preocupaciones. De otra forma, o no te llega, o te enteras por el comité de empresa cuando el problema está a punto de estallar". Y aún va más allá: "La gente se anima a todo, sólo hay que poner una idea. Se nos ha ocurrido montar un curso de sevillanas. Y cada año nos vamos a esquiar. ¡Yo me apunto a todo!".

Hace menos de tres años que el proyecto empezó a andar. La entonces recién independizada Agilent buscaba un centro donde agrupar la facturación de toda Europa, que daba empleo a poco más de 100 personas. "Ante las decisiones de multinacionales hay una lucha interna tremenda." Barcelona era una delegación comercial de la sede española en Madrid. Pero su candidatura se impuso entre 30 ciudades europeas, y el éxito fue tan rotundo que el centro ha asumido nuevos proyectos. Barcelona es, de facto, la sede fuera de EE.UU.: gestiona el negocio administrativo y financiero en Europa, África, Oriente Medio y Latinoamérica, y alberga la base mundial de clientes. Por aquí pasa un tercio de los 6.000 millones de dólares que factura el grupo.

"Buscamos a gente de cada país para atender a los clientes porque el idioma lo puedes aprender, pero la cultura hay que vivirla." Explica que en la selección de personal descubrieron que Catalunya tiene una población internacional importante, que ni está censada en los consulados. Atrajeron a muchos empleados de delegaciones europeas y también contactaron con hijos de la inmigración española de los 60. Vivas conoce a la mayoría de los empleados y muchas de sus historias personales. "Alucino, tenemos gente que habla 6 y hasta 8 idiomas." El resultado es una empresa mosaico que, gracias al transporte urgente de los documentos, opera como si fuera la oficina local de cada país. "Muchos clientes se han enterado de que su interlocutor al otro lado del teléfono no está en el mismo país al hablar del tiempo: uno comentaba la nevada en Helsinki, y el otro, el sol de Barcelona." Vivas empezó a trabajar de muy joven en los supermercados de la familia y disgustó a sus padres cuando prefirió dedicarse a estudiar. Ingeniero industrial, en electricidad y en electrónica industrial, estuvo a punto de rechazar el empleo de Hewlett Packard "porque temía acabar haciendo de comercial y yo era muy técnico, ¡y mira cómo he acabado!". Antes pasó por Braun, donde "ingenié el sistema de alimentación eléctrico del cepillo de dientes".

"Tengo demasiadas aficiones. Me gusta esquiar con la familia. He puesto en orden un Ford Mustang del 66 y colecciono trenes eléctricos. Siempre me ha gustado estudiar, y ahora estoy con el latín, ¡por el placer de aprender algo que no tenga que servir para nada!"

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