Tras conseguir el éxito llega lo más difícil: mantenerse en la cumbre. Es el reto al que se enfrentan los directivos que han conseguido brillar, como el técnico del Barça, Pep Guardiola.

Tito, ¿y ahora qué hacemos?". Tras ganar la Supercopa de Europa este verano, Pep Guardiola le hizo esta pregunta a su mano derecha, Tito Vilanova. No sabía que todavía le quedaba por delante otro triunfo, el Mundial de Clubes. Este último éxito, por el que el barcelonés derramó un puñado de lágrimas al finalizar el encuentro con el equipo argentino Estudiantes de la Plata, le ha puesto el listón muy alto y casi, casi, se ha vuelto en su contra. Porque como decía el escritor francés Baudelaire: "No se puede ser sublime sin interrupción". Lo recuerda Juan Mateo, presidente de Factoría de Cine Empresarial, quien afirma que "lo interesante es ver cómo renueva ese sueño, ha llegado al máximo y es complicado mantenerse arriba, será imposible conseguir repetir estos éxitos". Porque lograr seis trofeos en una temporada es una gesta que ningún otro equipo ha obtenido hasta ahora.

El F. C. Barcelona lo ha logrado con un equipo de jugadores, ante todo, motivado. Guardiola, a punto de cumplir 39 años, sabe bien, lleva toda su vida sobre el césped, que en el fútbol profesional la diferencia muchas veces no la marca la calidad técnica, sino la motivación, las ganas de ganar. Por ello, se esfuerza y trabaja mucho el aspecto psicológico para que su plantilla no pierda el hambre competitivo. Utiliza vídeos de películas, como en la final de la Copa de Europa contra el Manchester United en Roma, cuando les puso a sus jugadores fragmentos de Gladiator, y éstos salieron al campo como auténticos gladiadores. En el mismo encuentro, les emocionó con el aria Nessun Dorma, de la ópera Turandot, de Puccini. La música también es un elemento importante de estímulo para el equipo y el Viva la vida de Coldplay se ha convertido en el segundo himno del Barça.

Con estos pequeños guiños, el entrenador ha mantenido a raya al vestuario, donde la cantera, capitaneada por Xavi, Iniesta, Pujol y Messi, ha sido un ejemplo de unidad y coordinación. "Lo dan todo por el equipo", dice Mateo. "Están comprometidos y respetan a su líder, algo difícil de conseguir", añade Ignacio Urrutia, profesor del IESE y decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Antonio de Nebrija. Porque al igual que sucede en el mundo empresarial, los jugadores tienden a ser individualistas. "Y el entrenador ha conseguido aunar al equipo".

Tal es su compromiso con la camiseta que visten, pero sobre todo con el míster, que al terminar el encuentro con Estudiantes de la Plata, los jugadores, conocedores de la preocupación de Guardiola por el día después en caso de victoria, salieron del vestuario con una camiseta con la leyenda "Todo ganado, todo por ganar". Palabras bonitas, difíciles de batir. "Superar lo que ha hecho es imposible, porque mantener la misma tensión y el hambre por el triunfo con los mismos jugadores es complicado", afirma Sandalio Gómez, director académico y presidente del Center for Sport Business Management (CSBM), un centro de investigación deportiva empresarial en el IESE.

El futuro de Guardiola es un misterio todavía, aún no ha renovado su contrato con el Barcelona. "No quiere comprometer su futuro antes de la elección del nuevo presidente del club", afirma el profesor de Política de Empresa de Esade Marcel Planellas, quien destaca como virtud del entrenador, además de su gran capacidad de trabajo, su habilidad para "separar el vestuario de los avatares del club". Ahora, según Planellas, en caso de que decida quedarse, tiene otro reto por delante: "apartar al equipo de la dinámica de la campaña electoral del F. C. Barcelona, porque una cosa es el club y otra el vestuario", afirma. O lo que es lo mismo: separar el negocio de los asuntos de empresa. Planellas considera a Guardiola un caso a estudiar por parte de las escuelas de negocios. "Lo que sucede es que ahora está concentrado en su actividad, pero es un ejemplo de liderazgo único en el mundo, ahora hay que mantenerse, eso es lo difícil".

Cuando el entrenador habla de su futuro muestra su lado más enigmático. Así, cuando se le preguntó en la rueda de prensa acerca de sus lágrimas tras proclamarse campeón del mundo de clubes, el técnico señaló: "Con el tiempo, estas cosas, si sigo dedicándome a esto, no pasarán". Parecía estar deshojando la margarita. "Lo cierto es que su situación es apasionante, debe estar planteándose si quedarse o marcharse a otro club, pero además los jugadores, tras el éxito, aflojan mentalmente y físicamente", sostiene Sandalio Gómez, quien también se pregunta: "¿Pero cómo se va a marchar?". Y si opta por quedarse en el Camp Nou, continúa este profesor del IESE, tendría que fichar a un par de jugadores capaces de renovar la ilusión a la afición, "tarea nada fácil". Por mucho que Guardiola y el equipo estén mentalizados para asumir, a partir de ahora, el regreso al vestuario con la cabeza gacha, "la que no está concienciada es la afición, que va a querer repetir los éxitos", continúa Gómez.

No haces empresa

El triunfo se puede volver a lograr, dice Juan Mateo, si el técnico es "capaz de mantener las bases que le han ayudado a conseguirlo". ¿Cómo se construye una gran empresa? "Formándola, invirtiendo en ella, en su plantilla, pero motivándola y comprometiéndola, cuidando a la cantera", dice este consultor, que compara el espíritu de equipo canterano del F. C. Barcelona con el modelo del Real Madrid, basado en el fichaje a golpe de talonario de galácticos. "Con eso vendes camisetas, pero no haces empresa; en cambio, en La Masía donde se forma la cantera y donde también se instruyó como jugador el propio Guardiola es donde reside el éxito de este club". Según Mateo, se trata de una actitud propia de una empresa familiar, que se sostiene sobre unos pilares robustos y unos valores firmes, que ha de seguir la plantilla. Sobre esta reflexión ahonda Fredereci Martrar, socio director de Actitud Comercial: "Lo que verdaderamente debemos imitar de este equipo es el clima existente y la claridad de objetivos".

El clima, agrega este consultor, es a la vez premisa inicial en una situación como la actual en la que, como dice el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan: "La incertidumbre descompromete". Un buen clima es, al principio, largo de construir y frágil, apostilla el experto. "Se basa en la relación, en comunicar mucho y bien, sobre todo si se quiere tener éxito en este negocio de hacer fuertes a los equipos", explica Martrar. En este escenario, el rol del líder es esencial, en cualquier organización, sea deportiva o empresarial. "Se dice que los equipos campeones han aprendido a jugar de memoria porque toman decisiones complejas en fracciones de segundo y saben qué será capaz de hacer el otro con la pelota, en función de sus cualidades", prosigue. El valor del líder está en conocer las necesidades del equipo y de sus integrantes.

Durante años las empresas españolas han navegado con viento favorable, al igual que esta temporada el Barça, y sobre aguas tranquilas. "Ahora tenemos el viento en contra y además nos damos cuenta de que navegamos sobre aceite. No basta el talento y la calidad individual para el éxito de los equipos. Tenemos que aprender de los mejores equipos para que los nuestros avancen", señala Martrar. Es lo que teme Guardiola, que nada vuelva a ser como ahora. "No es fácil admitir la derrota, hay que ser muy fuerte y este entrenador, además de ser un gran trabajador, un líder, es respetado por los suyos", explica Ignacio Urrutia. El entrenador azulgrana es hombre de frases que marcan. En Abu Dhabi, tras ganar la semifinal, arengó a sus jugadores con la siguiente filípica para que fuesen al máximo en la final: "Ya sois los mejores, pero si ganáis seréis eternos". Quien promete la eternidad poco puede ofrecer ya a sus jugadores.


El caso de la Nasa. El sueño de la Luna, nunca más

Nunca más se ha vuelto a repetir la hazaña. En julio de 1969, Neil Armstrong y Buzz Aldrin consiguieron pisar el único satélite de la Tierra por vez primera. El hombre había llegado a la Luna. Fue un hecho irrepetible que culminó el nacimiento y la razón de ser de la NASA, la agencia aeronáutica y espacial estadounidense, creada en 1958 por el presidente Dwight Eisenhower.

Su objetivo era ganar terreno a los avances soviéticos en el espacio. Durante años, y bajo la gobernanza de John Fitgerald Kennedy y de Lyndon Johnson, esta institución fue la joya de la corona de la Casa Blanca, que convirtió el primer paseo espacial en el primer gran triunfo mediático global. Más tarde llegó Richard Nixon y, a la vez que se fraguaba el Watergate, el escándalo político que le costaría el puesto, empezaba el declive de la NASA, a la que se le recortó dotación presupuestaria.

Cuando, en 2008, la entidad cumplió medio siglo de vida, su director, Michael Griffin, lamentaba no haber logrado repetir éxitos pasados: "Ojalá pudiéramos hacerlo tan bien". En su recorrido mental por la historia de la institución debían estar los cómodos viajes realizados a la órbita terrestre, los accidentes del Challenger, en 1986, y del Columbia, en 2003. Tampoco se mostraba feliz por el escaso rendimiento que se le ha sacado al viaje a la Luna. "Solo la hemos explorado durante 27 días. Si creemos que es suficiente, las generaciones futuras pensarán que somos estúpidos". Y achacó la dificultad para lograr fondos a la brevedad de los mandatos de los distintos presidentes: "No podemos permitir a nuestros representantes que sólo busquen resultados que se vean en su mandato", concluyó.

Que la gestión de la NASA ha sido un fracaso es algo que también cree Juan Mateo. "Fue llegar a la Luna y hundirse la agencia, es algo que no se puede repetir, como le sucede a Guardiola, que ahora debería acercarse a los elementos sociales del club, enfocarse en temas de responsabilidad social corporativa con el club.

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