El número de contratos de trabajo de personas con discapacidad ha descendido un 11,38% respecto a 2008. Los indefinidos han caído casi un 30% a lo largo de este año.

La crisis económica ha repercutido negativamente en el número de contratos realizados a personas con discapacidad, lo que influye directamente en el deterioro del ámbito laboral de dicho segmento. Así lo refleja el estudio “El impacto de la crisis económica en las personas con discapacidad y sus familias”, que recoge datos del Servicio Público de Empleo Estatal a fecha 1 de octubre de 2009. El estudio, realizado por la consultora Intersocial para el Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (Cermi), informa de que los el contrato "indefinido" (29,96%), el "indefinido de personas con discapacidad" (27,88%) y los contratos "convertidos en indefinidos" (20,95%) son los que mayores disminuciones han experimentado. Aunque también han disminuido otros tipos de contratos, como el “temporal de personas con discapacidad”, el estudio constata que la tendencia a la baja en el empleo está más acentuada en los contratos que ofrecen mayor calidad en el empleo.

El documento hecho público por el Cermi refleja también que la población con discapacidad, al ver limitado su acceso al empleo, ve perjudicada su situación socioeconómica. Este contexto es fruto, a su vez, de una mala situación formativa de origen, que aunque en los últimos años está mejorando, representa todavía un impedimento en la igualdad de derechos y oportunidades. Además, se destaca que las mujeres con discapacidad sufren en mayor medida las consecuencias de la crisis económica, tanto en términos netos de generación de ingresos y acceso al mercado laboral como en coste de oportunidad.

Este colectivo suele sacrificar su carrera formativa y/o profesional para realizar tareas de soporte familiar, algo que se incrementa en un contexto de crisis. Otra de las conclusiones extraídas del estudio es que la capacidad de generación de ingresos es menor en los hogares de personas con discapacidad, que deben asumir gastos extraordinarios, así como costes no monetarios que entorpecen la realización de actividades como formación, empleo, actividades de ocio, etc. Derivado de los efectos de la crisis, algunas personas con discapacidad reconocen verse afectadas en su estado de salud, psicológica principalmente.

Tal y como señalan otros estudios, la crisis no tiene por qué aumentar la incidencia de enfermedad mental, pero sí los cuadros de ansiedad y estrés. Asimismo, tal y como ocurre con otras dimensiones, la crisis puede afectar a las estructuras y servicios sociales y de sanidad, que son claves para las personas con discapacidad.

El estudio también recoge los efectos de la crisis en otros recursos e infraestructuras, como las de ocio, que se ven afectadas negativamente por los recortes presupuestarios. Las actividades orientadas al deporte, por ejemplo, son consideradas como menos esenciales que la dimensión educativa o sanitaria, y son las primeras a las que renuncian no sólo las instituciones, sino también las personas.

A su vez, la coyuntura económica española ha afectado directamente a las entidades del Tercer Sector, claves para el grupo de personas con discapacidad. Muchas de ellas se han visto afectadas por el desempleo, la pérdida de liquidez y la gran dependencia de la financiación pública. Las entidades del sector de la discapacidad enclavadas en modelos asociativos vinculados a la gestión o cogestión de centros y servicios dependientes del soporte financiero del Estado y/o de aportaciones privadas se enfrentan a las consecuencias de la crisis económicas desde múltiples vías: descenso de las fuentes de financiación, cambio en las necesidades de la población o las prioridades de los organismos financiadores, repercusiones de las dificultades de las entidades de crédito, etc.

Alrededor del despliegue de los servicios relacionados con el Sistema para la Autonomía y Atención a la Dependencia (SAAD) se observa que crecen muy por encima de lo previsto como excepcional las prestaciones económicas que hacen del sistema no tanto un recurso para la autonomía personal como un sistema paralelo de prestaciones. El estudio concluye además que la crisis económica ha destapado un fenómeno creciente en nuestra sociedad, como es el hecho de que el éxito de los movimientos sociales del sector y las medidas específicas de promoción de las personas con discapacidad "han cambiado la percepción de las prioridades de atención hacia nuevos riesgos sociales"

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