Desde 1950 los países desarrollados han reducido de media sus horas de trabajo un 25%. España sólo ha reducido su jornada un 13%. La menor productividad española puede retardar aún más tener una jornada laboral en la media europea.

Los españoles viven mejor que en mitad del siglo XX, pero todavía están lejos de las cotas alcanzadas por la mayoría de los países desarrollados. Por un lado, España está a la cabeza de horas trabajadas al año en Europa. Por otro, sólo ha reducido su jornada en los últimos 60 años un 13%, cuando la media de los países desarrollados es del 25%.

En los últimos sesenta años, las horas trabajadas por empleado han bajado en todos los países desarrollados. Ésta es la conclusión a la que llega un reciente estudio realizado por el Institut National de la Stastistique et des Études Économiques (INSEE). Entre 1950 y 2007, la duración de la jornada anual de los diez países con mayor PIB per cápita (ver gráfico) ha caído de media un 25%. Eso sí, no todos lo han hecho a la misma velocidad.

España es el más lento de Europa y casi del conjunto de países analizados. Aquí, en 2007, todavía a las puertas de la crisis, se trabajaba sólo un 13% menos que en el ecuador del siglo XX. A simple vista, este descenso puede parecer sustancioso, pero pierde lustro al compararlo con la dinámica protagonizada por el resto de economías desarrolladas. En ese mismo periodo, la reducción de la jornada de Países Bajos y Alemania rozó el 40%, en Francia se situaba por encima del 30%, y en Suecia, Italia y Reino Unido por encima del 20%. Sólo Japón y Estados Unidos se colocaban en el umbral español con recortes del 14,2% y del 11,2%, respectivamente.

Pero eso no es todo. España también lidera otro ranking: es el estado europeo donde más tiempo se trabaja. Cada profesional se empleó de media 1.775 horas en ese periodo. Una cifra que contrasta con las 1.413 horas de los Países Bajos (-25,6%), las 1.432 de Alemania (-23,9%), las 1.559 de Francia (-13,8%) o las 1.607 en Reino Unido (-10,4%), entre otros.

Fuera ya de las fronteras europeas, la cosa cambia un poco. En Japón cada trabajador soportó 1.784 horas (sólo un 0,5% más que en España, a pesar de la fama de currantes de los nipones), en EEUU 1.785 (0,5%) y en Corea 2.165 (un 18% por encima).

Más desarrollo, menos horas

El estudio del Insee explica que hay varios factores que han influido en la reducción generalizada de las horas trabajadas. El primero, es que en la década de los 50, tras la II Guerra Mundial, las economías tuvieron que hacer un esfuerzo adicional para recomponerse y necesitaron trabajar más duro. Así, se entiende que las jornadas superasen las 2.000 horas. Sin embargo, ya a finales de los 60 y principios de los 70, en un contexto económico favorable los países comenzaron a ser más productivos y se pudieron permitir disminuir los turnos de trabajo.

Tras la crisis del petróleo de 1973, volvieron las dificultades económicas y cayó la actividad. Este contexto, en Europa se relanzó la fórmula del tiempo parcial para emplear a más gente y combatir el paro. Un caso paradigmático, en este sentido, son los Países Bajos donde la tasa de empleo parcial ha tenido un gran crecimiento hasta situarse en el 47% en 2007 y, como se ve, es uno de los que más ha recortado sus horas de trabajo (- 38,6%).

A estas cuestiones hay que añadir el paulatino descenso del peso de la agricultura en estos países, siendo éste un sector muy intensivo en mano de obra.

¿Qué le pasó a España?

A juicio de Ángel Laborda, director de Coyuntura de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas), en nuestro país la jornada a tiempo parcial no ha triunfado por varios motivos. Por una lado, "la mujer se ha incorporado al mercado laboral mucho más tarde que en cualquier otro país de nuestro entorno". Por otro, "la legislación no le ha resultado cómoda ni a las empresas ni a los trabajadores y se ha extendido esa cultura", añade Laborda.

Además, el handicap de España ha sido mantener un modelo productivo obsoleto. En la última parte del periodo estudiado la construcción seguía teniendo un peso muy elevado en la economía (en 2007, representaba el 12,2% del PIB, cuando los expertos calculan que debería haber estado en torno al 7%). Y esto se refleja claramente en la productividad. Entre 2001 y 2007 el crecimiento medio de la aportación al PIB por hora trabajada en España fue del 0,9%, según datos de la OCDE. Mientras en Reino Unido o Suecia se alcanzaban tasas del 2,6% y el 2,1%, respectivamente (ver gráfico).

¿Qué va a pasar después de la crisis?

Ha habido quien ha visto en el fomento del tiempo parcial una fórmula para frenar un desempleo desbocado (las previsiones del consenso de Funcas apuntan a una tasa de paro para 2010 del 19,8%). La idea sería menos horas de trabajo, pero más gente empleada.

Sin embargo, en este punto surge de nuevo el problema de la productividad. "Los Países Bajos han desarrollado un mercado laboral muy basado en el tiempo parcial gracias a que primero habían alcanzado un modelo muy productivo. Ganaban más por hora trabajada y se podían permitir reducir la jornada. Sin embargo, en España debemos enfrentarnos primero al cambio de modelo económico y después ya hablaremos de trabajar menos tiempo", defiende Sara de la Rica, directora del Observatorio Laboral de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada.

De hecho, ante el colapso económico que ha supuesto la actual crisis en todos los países desarrollados habrá que preguntarse si, como ocurrió después de la II Guerra Mundial, ahora toca aumentar los esfuerzos y trabajar más. ¿Llegará a término el debate que se abrió en 2008 en Europa sobre la necesidad de ampliar la jornada laboral de 48 horas semanales a 60?

Para Laborda, no tienen nada que ver ambas situaciones. "Tras la guerra hubo que trabajar más horas porque había menos mano de obra por la bajas causadas en combate, pero ahora es diferente sobran activos. Además, como demuestran los datos el desarrollo económico lleva a trabajar menos", concluye.

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