Los trabajadores con problemas de salud mental a menudo son reacios a revelarlo a la organización por miedo a una reacción más propia del siglo XIX que del XXI. Personneltoday.com explica algunos casos reales de personas que lo han hecho público.

Cuando a Stacey Slater, el personaje de EastEnders (serie de la televisión británica emitida en Catalunya como Gent del Barri), se le diagnosticó un trastorno bipolar el año pasado, las angustiosas escenas de sus fuertes cambios de humor y su hospitalización obligada atrajeron a una gran audiencia.

Pero aunque lo que una vez fue calificado de trastorno maníaco depresivo ahora es un nuevo filón para las productoras de series y documentales, visto desde la perspectiva de la consultora de RH Helen Waygood, la actitud de muchas empresas hacia los problemas de salud mental todavía sigue anclada en el siglo XIX.

“Han sido necesarias las dolorosas revelaciones personales de problemas de salud mental por parte de personas conocidas como Alastair Campbell, Ruby Wax o Stephen Fry para poner el asunto en el mapa mediático, pero para muchas empresas sigue siendo mucho más fácil marginar a compañeros con enfermedades mentales que afrontar la gestión del asunto.”

Waygood, una consultora en gestión del cambio de RH diagnosticada con un trastorno bipolar hace 20 años, ha tenido una carrera profesional larga y de éxito trabajando con organizaciones como el Consejo de las Artes de Inglaterra, el Gobierno del Condado de Essex, el Gobierno Central o la Policía.

Aunque ha mantenido su enfermedad en silencio durante la mayor parte de su carrera, en una ocasión lo confió al médico de empresa de una multinacional estadounidense después de ser preseleccionada para el cargo de dirección de RH de dicha organización. Varios meses después en lo que resultó ser un largo y fructífero nombramiento, su departamento recibió una carta retrasada desde Salud Laboral, recomendando que “bajo ningún concepto debería contratarse a Helen Waygood”.

Ahora con 60 años, Waygood es más abierta en cuanto a su problema –pero normalmente sólo después de que cada uno de sus contratos finalice con éxito. Para personas más jóvenes que empiezan hoy, cree que la franqueza no es lo más aconsejable.

“A la larga, la revelación podría levantar barreras,” sugiere. “Pero hasta que las personas no sientan que pueden hablar sobre su enfermedad sin ser estigmatizadas, continuarán sufriendo en silencio y muchos profesionales de RH rechazarán admitir que es un problema extendido.”

Una de cada cuatro personas tendrá un periodo significativo de mala salud mental al menos una vez en la vida, pero según Ian McPherson, Director de la Unidad Nacional de Desarrollo de Salud Mental de Reino Unido, quien también ha sufrido varias depresiones a lo largo de su vida, la enfermedad mental todavía sigue viéndose como algo inusual.

“Los episodios de mala salud mental no son ni complejos ni difíciles de controlar y, en la mayoría de los casos, no afectan a nuestra capacidad para trabajar,” afirma. “La mayoría de las organizaciones son sensibles y justas a la hora de contratar a alguien con alguna enfermedad cardiovascular en su vuelta al mundo laboral, y no veo motivo por el cual esto debería ser diferente con alguien que ha estado de baja por una fuerte depresión. He conocido a importantes jueces y directivos que luchan contra la depresión, pero también he conocido a personas desempleadas en la misma situación. Una enfermedad mental traspasa cualquier límite social y cualquier intento de etiquetarlo, simplemente, no se adecua a la realidad.”

Se cree que al menos una de cada 100 personas sufre de trastorno bipolar –un desequilibrio químico en el cerebro que se trata, aunque no se cura, mediante antidepresivos– pero Waygood hace una clara distinción entre esta enfermedad y las “depresiones” del día a día. “Cuando miro mi CV, me sorprende ver cuanto he conseguido en mi carrera y lo lejos que he llegado. Sin embargo cuando estoy fuera de combate por mi enfermedad, no puedo ni siquiera prepararme una taza de té, salir sola de casa ni, por supuesto, enfrentarme a algún gran proyecto de RH,” explica.

“Así de debilitador es para mí, de crónico, y va mucho más allá de cogerse de vez en cuando un día libre por motivos personales.”

Una investigación reciente sugiere que las personas con problemas mentales tienen bastante menos probabilidades de ganar más de 80.000 libras al año o de llegar a la alta dirección que otras personas con discapacidades físicas.

Dicho estudio considera que aunque el 75% de las personas capaces de mantener su discapacidad oculta en el trabajo eligen mantenerlo así, aquellos con enfermedades de salud mental es cuatro veces más probable que lo guarden en silencio. Los miedos comunes se estereotipan o limitan el progreso profesional.

Yasmin Miller, una responsable de desarrollo de competencias en el Learning and Skills Council (LSC), que sufre depresión, afirma que es altamente probable que todos nosotros hayamos trabajado en algún momento con personas con problemas de salud mental esporádicos o permanentes. “Entiendo que no revelarlo hace muy difícil a RH proporcionar una obligación de atender el asunto, pero también entiendo que cuando una persona valiente lo revela y otras no, puede pasar que aquella persona quede aislada y se la señale con el dedo,” afirma.

Miller era una directiva del área fiscal en una gran consultora privada cuando sufrió su primer ataque de depresión severa. “Aunque se había venido desarrollando durante algún tiempo, todo lo que en verdad supe durante esa etapa era que estaba perdiendo la motivación y que mi trabajo me generaba mucha ansiedad; comprobaba continuamente todo lo que hacía cientos de veces. Mis compañeros informaron de mi comportamiento a RH y me dijeron que hiciera una visita a Salud Laboral.”

“Cuando lo diagnosticaron como depresión severa, me quedé tan sorprendida como todos. Me habían educado con historias horribles sobre cómo el Prozac te deja en estado vegetativo y me sentí aterrorizada.”

La empresa de Miller inicialmente solicitó verla cada semana, pero después no tuvo contacto con ella durante 18 meses. Tras tres años y medio, las dos partes finalmente se separaron.

“Cuando opté a entrar en el LSC en 2007, marqué la casilla de la Ley de Discriminación por Discapacidad en el formulario de solicitud de empleo y expliqué mi situación de manera más completa con una carta adjunta. No quería esconder nada, sino que simplemente esperaba que mis habilidades y mi experiencia fueran lo suficientemente evidentes por sí mismas y, afortunadamente, así fue.”

Después de la consulta con los médicos, Miller se puso bajo tratamiento médico diario y, al margen de un breve episodio de depresión este año que acabó tras el ajuste de su medicación, ha permanecido bien. “Dado que me sentía capaz de ser totalmente honesta tanto con RH como con los jefes de línea desde el principio, fui capaz de decírselo cuando mi depresión apareció, sin necesidad de tener que acudir a explicaciones largas y complicadas.”

“Mis compañeros fueron comprensivos y mis jefes directos me exigieron menos durante un tiempo, pero todos estuvieron de acuerdo en que era preferible seguir en el trabajo antes que irme a casa.”

Aunque es probable que necesite antidepresivos para el resto de su vida, Miller no lo ve como un problema. “Los diabéticos precisan insulina y las personas con alta presión arterial necesitan medicación. Mi cuerpo simplemente necesita regularmente un complemento químico, y eso no es tan anormal actualmente.”

La opinión de Miller sobre necesitar trabajar durante su depresión también la hace suya McPherson. “En términos de nuestra salud mental, lo mejor para prácticamente todos nosotros es hacer algo positivo antes que estar solo, y trabajar puede resultar una salvación. Es importante que RH entienda que lo que obtenemos de nuestro trabajo –por mucho que nos quejemos- es muy importante para nuestro bienestar mental.”

Irónicamente, afirma Waygood, enfrentarse a los problemas de salud mental mientras desempeñamos un trabajo exigente puede hacer que las personas desarrollen nuevas capacidades. “Es fácil tragar con los estereotipos de esquizofrénicos como asesinos con cuchillos o los de personas con trastorno bipolar como artistas en potencia, pero dado el amplio abanico de enfermos y de síntomas, todos estos tópicos resultan ridículos.”

"Aunque es muy poco probable que alguien con trastorno bipolar se vuelva loco en la oficina, sí es posible que sea una persona muy activa, una gran solucionadora de problemas o que acabe su trabajo más rápidamente que los demás. Pero la mayoría de las empresas no ven ninguna de esas tres cosas como un problema."

Acceso a la noticia: http://www.personneltoday.com/articles/2010/01/04/53566/mental-health-in-the-workplace.html

* Matthews, Virginia. “Mental health in the workplace”. Personneltoday.com, 04/11/2010. (Artículo consultado on line: 21/01/2010)

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