Obtener, mantener o perder el empleo dependerá menos de la elección del sector y, por tanto, del género del trabajador, y a tomar más en cuenta los factores personales. El efecto del paro intenso actúa como desincentivo en la búsquedade un nuevo empleo.

Hoy, si alguien te pregunta ¿cómo estás?, lo que quiere saber de verdad es ¿tienes empleo?

De acuerdo con la última encuesta del CIS presentada este jueves, el desempleo sigue siendo la primera preocupación de los españoles y se ha convertido en obsesión. El paro subió en 1,1 millones de personas más en el 2009, alcanzando una tasa del 18,6%, que se reparte en 18,3% entre hombres y 19,07% entre mujeres. Cuando se desglosan esos datos por edad y género algunos son sorprendentes. Por ejemplo, el grupo con la tasa de paro más alta es el de las mujeres más jóvenes (58%) que también es el que pierde más trabajadores ocupados y personas en activo.

Los últimos números de ocupación del mes de enero, han aportado datos que agravan las cifras de desempleo de las mujeres que experimentaron un mayor deterioro que las de los hombres aumentando un 4% mientras que las de estos se quedó en 2,3%. Este dato llama la atención sobre los efectos de género sobre el paro.

La oferta de trabajo de amas de casa (y también los jóvenes) tiene efectos diferentes en las fases de contracción o expansión de la economía como consecuencia de dos fenómenos: el primero supone que las tasas de actividad de este grupo (mal denominado "trabajadores secundarios") aumenta con el desempleo de los cabezas de familia o "trabajadores primarios". Cuando estos pierden su empleo, sus familiares tienen que entrar en la población activa con el fin de obtener trabajo y contribuir a mantener los ingresos de la unidad familiar. Por ello la tasa de actividad de estos dos grupos aumenta cuando lo hace el desempleo de los "cabezas de familia". Del mismo modo, cuando estos vuelven a conseguir trabajo y pasan a estar ocupados, los familiares solidarios dejan el que tuvieron temporalmente mientras persistían las condiciones de paro del cabeza de familia.

EL TRABAJADOR DESANIMADO El otro supuesto es el denominado "efecto del trabajador desanimado" por el que en condiciones de desempleo extendido y prolongado, los trabajadores en paro que llevan mucho tiempo buscando empleo sin éxito dejan de hacerlo y de pertenecer a la población activa. Otros que debieran haber buscado trabajo por primera vez, también desisten ante la dificultad de la tarea y pasan a ser población inactiva que sólo abandonan cuando las posibilidades de conseguirlo mejoran Ambos efectos pueden darse simultáneamente.

En España predomina este último, el del trabajador desanimado. En nuestro país, el efecto del paro intenso actúa como desincentivo en la búsqueda de un nuevo empleo, un efecto mucho más profundo entre las mujeres, suavizando una tasa de paro que es en realidad más alta.

Las mujeres (las que son amas de casa, o las que estudian - y lo hacen en mayor número y más años que los hombres-)pueden demorar su entrada en el mercado del trabajo (y por tanto en la población activa) y lo harán más si los efectos del ciclo económico son tan adversos que desaconsejan salir a buscar un trabajo o hacen más atractivas otras alternativas como estudiar, cuidar de la familia, tener un trabajo a tiempo parcial, o informal.

En España y en todo el mundo, han sido los hombres los que han padecido el grueso de la pérdida de empleo, incluso en mercados en los que el número de hombres y mujeres empleados es más o menos similar. En media para las últimas seis recesiones, los hombres han perdido siete veces más empleos que las mujeres.

Ello se debe a la participación diferente de cada género entre los sectores de la economía y el distinto grado en el que las recesiones afectan a la demanda por los bienes de las empresas que los producen.

Los sectores manufactureros, que empleaban hombres, han sufrido las mayores pérdidas de puestos de trabajo durante los sucesivos cambios a ciclos adversos.

Por otra parte, los sectores de servicios (aquellos en que las mujeres encontraban más empleos) han seguido creando puestos, aunque en proporción decreciente hasta los magros o negativos saldos arrojados en esta última recesión.

La discrepancia entre lo que sucede a los dos géneros se ha visto muy reducida, reflejando el declive de muchas de las actividades que agrupa bajo el sector de servicios. Sectores como la construcción o la minería, cuya demanda de empleo depende estrechamente del ciclo económico tienen cuotas muy bajas de mujeres ocupadas; los de servicios financieros, seguros, inmobiliario o el de distribución, niveles medios; el sector sanitario, incluyendo el de cuidado de personas (público o privado), y el funcionariado (administración pública, educación y enseñanza) cuentan con los niveles más altos de mujeres entre sus trabajadores.

Interesantemente, estos dos últimos constituyen lo que se podría llamar los sectores refugio del empleo ya que el consumo de sanidad por parte de los ciudadanos no hace sino aumentar, como lo hacen el tamaño de la administración y la pérdida de ambición unida a la búsqueda de un puesto de trabajo seguro por parte de los ciudadanos; yni uno ni otro parecen sufrir los efectos de los ciclos económicos sobre su demanda.

En nuestro país ni uno ni otro de estos dos sectores parecen sufrir los efectos de los ciclos económicos sobre su demanda, por ello se han hecho muy atractivos también para los hombres que buscan puestos seguros, y dado que la oferta en sectores industriales ha desaparecido, compiten hoy con las mujeres por esos empleos en sectores de los que ellas se habían ido apoderando.

Obtener, mantener o perder el empleo va a depender menos de la elección del sector en el que se trabaja y, por tanto, del género del trabajador, y a tomar más en cuenta factores personales, condiciones que hacen la oferta más o menos atractiva.

LA COMPETENCIA DE LAS MUJERES La nueva competencia a las mujeres en su feudo son los hombres, existe desde hace tiempo aunque ahora va a intensificarse y presentará una oferta más flexible, más simple en prestación y contraprestación, más predecible para los empleadores y menos regulable socialmente, con lo que va a endurecerse.

Lo que está sucediendo en el sector de servicios, banca, distribución, hostelería, finanzas y especialmente las empresas proveedoras de trabajo temporal (incluyendo las personas ocupadas en esta actividad, que son mayoritariamente mujeres) refleja la pésima situación que atraviesan sus clientes y anticipa que la pérdida de puestos en servicios y la mayor demanda de estos puede hacer que vuelvan los hombres.

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