Varios medios británicos reproducen las conclusiones de un estudio de la New Economics Foundation, que prevé la evolución hacia una semana laboral de 21 horas. Según este influyente think-tank, solucionaría muchos de los actuales problemas.

Según un nuevo estudio de la New Economics Foundation (NEF) –un think-tank británico de tendencia socialdemócrata impulsor hasta ahora de iniciativas como el Happy Planet Index (“Índice del Planeta Feliz”)-, hay muchos factores que nos empujan hacia una semana laboral más corta: el daño duradero a la economía causado por la crisis bancaria, una sociedad cada vez más dividida entre el exceso de trabajo sufrido por unos y el excesivo desempleo sufrido por otros, y una necesidad urgente de limitar un consumo que perjudica el medio ambiente. Todo esto se combina con un interés cada vez mayor de las personas por pasar más tiempo produciendo y ofreciendo sus propios bienes y servicios –desde actividades conjuntas del cuidado de otros y actividades de vecindario, hasta comida, ropa y demás necesidades.

“Muchas personas vivimos para trabajar, trabajamos para ganar dinero, y ganamos dinero para consumir. Y nuestros hábitos de consumo están despilfarrando los recursos naturales del planeta”, afirma Anna Coote, coautora del informe y Directora de Política Social de la NEF.

Si pretendemos cambiar la situación, afirma la NEF, un paso inevitable es una semana laboral mucho más corta, con 21 horas como objetivo. El informe muestra que:

  • Muchas personas trabajan mucho más que hace 30 años. Desde 1981, los hogares con dos adultos trabajando han añadido seis horas –casi una jornada laboral completa- a su carga combinada de trabajo semanal.
  • Hoy, casi 2,5 millones de personas no encuentran trabajo. Reducir la mano de obra para ahorrar dinero sin cambiar las horas de trabajo supone que algunos sean cargados con un exceso de trabajo mientras que otros pierden su sustento.
  • Como resultado de esta desigualdad cada vez mayor en el tiempo de trabajo, los componentes de la vida no remunerados están sufriendo. La vida familiar, las redes de relación vecinal, el tiempo con los niños o la calidad de vida de las personas mayores están disminuyendo, con resultados desagradables para la sociedad.

Los autores del informe 21 hours ("21 horas") argumentan que una semana laboral mucho más corta podría ayudar a combatir una serie de problemas urgentes y estrechamente relacionados entre si: exceso de trabajo, desempleo, consumo excesivo, altas emisiones de carbono, bajos niveles de bienestar, desigualdades afianzadas, y la falta de tiempo para vivir sosteniblemente, para cuidar unos de otros o, simplemente, para disfrutar de la vida. El cambio permitiría que muchas más personas se unieran a la población activa y permitiría medidas para reducir los niveles perjudiciales de desigualdad.

Andrew Simms, coautor del informe y Director de Política en la NEF explica: “Los últimos dos años nos han revelado que muchas personas estábamos consumiendo más allá de nuestras posibilidades económicas y más allá de los límites medioambientales, de un modo con el que también hemos fracasado en la mejora de nuestro bienestar. Mientras tanto muchos otros sufren pobreza y hambre. Nuestra investigación muestra que la evolución hacia una semana laboral más corta podría ser la única manera que aún no se ha intentado para salir de este círculo aparentemente imposible de romper. Un cambio cultural de esta envergadura plantearía desafíos reales pero también podría traer grandes beneficios para nuestra economía, nuestra calidad de vida y nuestro planeta.”

El estudio examina la posibilidad de reconsiderar radicalmente lo que la mayoría de personas considera como inmutable: una semana laboral de cinco días, con un horario de nueve de la mañana a cinco de la tarde. Sin embargo esto es sólo una reliquia de la revolución industrial. John Maynard Keynes ya se dio cuenta de que no había nada de inevitable en ello. En los años 30, imaginó que para principios del siglo XXI trabajaríamos sólo 15 horas a la semana y que habríamos ganado “libertad con respecto a las acuciantes preocupaciones económicas”.

Hallazgos clave y propuestas
El estudio demuestra que trabajar solo 21 horas a la semana –o la jornada equivalente repartida en un año natural- podría generar beneficios a través de una serie de aspectos:

  • Cerrar las heridas de una Gran Bretaña dividida: podría ayudar a distribuir más equitativamente el trabajo remunerado entre la población, reduciendo el malestar asociado al desempleo, a las largas jornadas de trabajo y al escaso control del tiempo. Haría posible que el trabajo remunerado y no remunerado se distribuyera más equitativamente entre mujeres y hombres; que los padres pasaran más tiempo con sus hijos –gastar ese tiempo ganado de modo diferente; que las personas retrasaran la jubilación si así lo desean, y que tuvieran más tiempo para cuidar de los demás, para participar en actividades locales y en hacer otras cosas de su elección. Al redistribuir el empleo, los ingresos serían más iguales, reduciendo el gran conjunto de problemas sociales vinculados a la desigualdad.
  • Vivir con bajas emisiones de carbono y altas tasas de bienestar: algunas personas se podrían ver ganando menos, pero con mucho más tiempo a su disposición. Esto supone que en lugar de depender tanto de los bienes de consumo, –muchos de los cuales actualmente se adquieren como consecuencia de una vida ajetreada– las personas podrían comenzar a hacer cosas por sí mismas: cultivar su propia comida y cocinarla, en vez de comprarla preparada, caminar e ir en bicicleta en vez de usar el transporte motorizado, arreglar y reparar las cosas que se rompen en vez de tirarlas, etc.
  • Nuevos niveles de compromiso cívico: lleva su tiempo ser un ciudadano activo en una democracia. Necesitamos tiempo para aprender sobre los asuntos políticos, estar involucrados en la toma de decisiones y unirse y apoyar a determinado partido político. Pasar menos horas en el trabajo permitiría a las personas pasar más tiempo como ciudadanos activos en sus comunidades locales.
  • Una economía robusta y próspera: con una semana laboral de 21 horas, las organizaciones se beneficiarían de que más mujeres entren en el mundo laboral y de que los hombres tengan vidas más equilibradas. Hay pruebas de que las personas que trabajan menos horas son más productivas. Se pondría punto y final a una de las causas principales de la crisis financiera -la burbuja de la deuda por consumo- evolucionando desde una economía basada en el consumismo y el crecimiento económico, hacia otra basada en la estabilidad, la capacidad de recuperación y la adaptabilidad.
  • Más tiempo para el cuidado y el trabajo en casa: si al tiempo promedio dedicado al trabajo en casa y al cuidado de los niños y adultos en 2005 en Gran Bretaña, le diéramos un valor monetario, basándonos en el salario mínimo (4,85 libras a la hora), tendría un valor de 253.700 millones de libras, equivalentes al 21% del producto interior bruto británico de ese mismo año. Mediante la evolución hacia la semana laboral de 21 horas, el cuidado y el trabajo en el hogar no remunerado sería valorado con la misma importancia que el trabajo remunerado, y los hombres podrían realizar una parte más equitativa de las tareas de la casa.
  • Servicios públicos más fuertes: a causa del gran déficit presupuestario y de las restricciones medioambientales en el crecimiento económico, los servicios públicos deberán aprender a manejarse con mucho menos dinero. Una manera de conseguirlo sería hacer mayor y mejor uso de los recursos humanos –todas las relaciones, el conocimiento y las habilidades que las personas tienen en abundancia- para complementar los fondos públicos. Con una semana laboral de 21 horas, las personas se podrían convertir en ‘coproductores’ de los servicios públicos, en asociación activa e igualitaria con profesionales y otros trabajadores del sector público.

El informe traza una serie de medidas para hacer la transición más fácil, incluyendo:

  • Formación activa: para combatir la falta de habilidades y para ayudar a los parados a largo plazo en su retorno al mundo laboral.
  • Reforma de la Seguridad Social: de tal modo que los costes para las empresas sean devengados en relación con el número de horas trabajadas, no por el número de empleados registrados.
  • Poner freno a las horas extras: recompensando a las empresas que dan empleo a nuevos trabajadores cuando necesitan hacer más trabajo.
  • Hacer que los ingresos sean más equitativos: mediante un salario mínimo más alto y restricciones de los salarios más altos.
  • Estandarización con flexibilidad: desarrollada a partir de la Directiva Europea de Tiempo de Trabajo, la regulación se introduciría para normalizar las horas de trabajo aunque permitiendo la mayor flexibilidad posible. Esto daría lugar a variaciones dentro del modelo de 21 horas, incluyendo empleo compartido, turnos en función de los periodos escolares, permisos extendidos por el cuidado de otras personas o maternidad y periodos sabáticos.

Acceso a la noticia: http://www.neweconomics.org/press-releases/shorter-working-week-soon-inevitable-forecasts-think-tank130210

Acceso a página web de la NEF donde podrás descargar el informe “21 hours”: http://neweconomics.org/publications/21-hours

* “Shorter working week soon inevitable, forecasts nef”. New Economics Foundation, 13/02/2010. (Artículo consultado on line: 23/02/2010)

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