Equilibrar vida profesional y privada es un deseo legítimo pero casi imposible. Los aires que hoy soplan en Europa, lo ponen más difícil aún. No es justo que se valore al personal por el número de horas o por amiguismo, pero son criterios utilizados.

¿Quién no ha deseado alguna vez gozar de un equilibrio entre su vida profesional y la familiar? Alcanzar esta armonización–suponiendo que una y otra le sean atractivas , que no siempre es así– en toda su dimensión debe ayudar sin duda a sentirse pletórico y sicológicamente muy cerca del séptimo cielo. La entrada masiva de la mujer en el mundo laboral mercantilizado ha provocado que este desideratum se haya convertido en objetivo y así se expone en numerosas estrategias de empresas, cuando no queda plasmado en voluntariosas leyes. Es evidente que en una cultura como la nuestra en que el reparto de responsabilidades del hogar y el cuidado de los hijos aún recae en partemayoritaria en la mujer, la conciliación de ambas vidas representa una preocupación mayor para ellas, pero también lo es que cada vez hay más hombres cuya implicación en esta materia es mayor y empiezan a replantearse la incómoda situación que les provoca una dedicación exhaustiva a la profesión.

En una reciente encuesta realizada entre directivos españoles (mayoría de mujeres), por Deloitte se concluía que “la extensión de la jornada laboral es el principal obstáculo con que se encuentran los directivos españoles para conciliar su vida personal con su desarrollo profesional, según se señala en un 63% de los casos”. A la pregunta de cuánto acostumbra a alargarse la jornada laboral, el promedio está entre las dos horas y las dos horas y media –lo que supone que hay personas concretas a las que se le alarga bastante más– lo que, conociendo algo el mundo empresarial, no es descabellado ni mucho menos. “La extensión de la jornada de trabajo constituye un mayor esfuerzo y dificultad para aquellos trabajadores que tienen personas a su cargo y sobre los que pesa la responsabilidad familiar. Esta extensión puede llevar, incluso, a hacer incompatible el equilibrio y complementariedad necesarios entre vida profesional y personal”, comenta Enrique de la Villa, socio de Deloitte y responsable del área de Human Capital.

Pues bien, si alcanzar este objetivo ya estaba complicado, los recientes aires que soplan por Europa, lo van a complicar más aún. Durante años se ha buscado con ahínco una reducción progresiva de la jornada laboral, viendo en ello una conquista de la humanidad, desde que ya en la I Internacional de 1864 se planteara aquello de “ocho horas para el trabajo, ocho para la instrucción y ocho para el descanso”. Más de un siglo después, el tren ha invertido la dirección. Así, el ministro Sarkozy no parará, apoyado por la patronal, hasta eliminar en Francia las 35 horas; en Alemania, Siemens ha pactado alargar de 35 a 40 horas la jornada a sus más de 4.000 trabajadores –y es el inicio– sin subir el sueldo y en Austria se ha abierto un debate para alargar el horario laboral sin remunerar, siempre con el espantajo de la deslocalización como telón de fondo. Esta es la situación que se vive hoy en Europa y que supondrá un obstáculo más al desideratum de la conciliación. Manda la globalización... aseguran.

Con todo, para Carlos Obeso, profesor de Esade y director del Instituto de Estudios Laborales, la extensión de la jornada no causa tantos problemas como la creciente irregularidad en los horarios, que implica trabajar fuera de horas, fines de semana y, por supuesto, en otro orden de cosas, el gran problema: “cómo encajar los tres meses de vacaciones de los hijos”. “Eso de trabajar más horas está desenfocado. Aunque alguien piense lo contrario, trabajar más horas no nos hace más rentables. Habría que empezar por hacer rentables las horas laborales. Lo que sucede es que seguimos impregnados de la cultura industrial, en la que se liga productividad a número de horas. Pero cada vez hay menos industria y en el trabajo terciario, sobre todo del conocimiento, no hay paralelismo entre ambas variables”, concluye.

De todos modos, a partir de la experiencia personal y del entorno conocido, uno es cada día más escéptico con la posibilidad de alcanzar algún día la conciliación, sin querer negar, ni minimizar los buenos propósitos que asisten a empresarios, sindicatos y gobiernos. Pero una cosa es el deseo y otra la realidad del día a día. Veamos un ejemplo. Un departamento con cuatro personas que hacen el mismo trabajo. Uno está dispuesto a trabajar doce horas y las que hagan falta, mientras el resto tienen obligaciones familiares y no tiene la misma disposición absoluta. ¿Quién se llevará el gato profesional al agua aunque no sea el mejor? Está claro, ¿no? “Si dedico más que tú, me lucirá más, sin duda”, comenta de la Villa. “Sin embargo, nosotros tratamos de que el empresario valore algo más que la presencia –horas– en el puesto de trabajo y que se evalúe a las personas de forma objetiva, por sus resultados, actitudes... No es justo que sólo se valoren las horas, aunque tengo que admitir que siguen siendo muchas las empresas que lo hacen y que siguen valorando subjetivamente, a partir del amiguismo, por ejemplo. De todos modos, el tipo que es buen trabajador y está seguro de lo que hace acaba rechazando una empresa en la que no se reconozca el esfuerzo realizado y se valore el hacer la pelota”. Carlos Obeso pone un ejemplo candente. “¿Quién es el héroe empresarial hoy por hoy? ¿aquél que está dispuesto a todo por la compañía o el que dentro de sus responsabilidades entra el ir a buscar a sus hijos a la guardería y no puede hacer según qué? Es evidente, ¿no?”. Por ello, Obeso confiesa que “ cuando se habla de conciliación, siempre se está pensando en trabajadores de alta cualidad, de la sociedad del conocimiento, por ejemplo. En un segundo nivel las empresas entran, pero pensando ya más en la imagen de marca”. Del mismo parecer es De la Villa, al asegurar que la conciliación es una ventaja que está pensada más para las personas cualificadas, “para atraerlas y retenerlas. Dentro de poco tiempo estas personas podrán elegir la empresa que más les conviene. Las políticas que tienen las empresas en este sentido son, en definitiva, un reflejo de sus estrategias”, comenta.


Obstáculos para la conciliación

Además de la extensión de la jornada laboral, comentado en el texto principal, la encuesta de Deloitte comenta que otro obstáculo importante lo constituyen los horarios de los cursos de formación. En la mayoría de empresas, los cursos tienen lugar tanto dentro como fuera del horario laboral. “La formación está directamente ligada al desarrollo profesional. Por esta razón los directivos consideran importante que todas las personas de la organización puedan tener acceso a la misma, independientemente de su situación personal o familiar”, comenta Enrique de la Villa. Por supuesto, el desarrollo de la formación fuera del horario laboral supone un problema añadido para aquellas personas que tienen hijos o personas dependientes a su cargo y, una vez más, les obliga a elegir entre uno u otro ámbito de su vida o a realizar un sobreesfuerzo en los dos ámbitos.

Los viajes de trabajo constituyen otra barrera a la conciliación, ya que requieren una dedicación total en los períodos en que se producen. Las diferencias de frecuencia y duración entre las empresas son muy notables. Por ello, aunque de las respuestas de la encuesta se infiere que, para estos directivos en concreto, no suponen una grave interferencia en su vida personal, parece arriesgado realizar una extrapolación. Otro tanto sucede con las reuniones. De las respuestas se infiere que las mismas no tienen porqué suponer una razón para que las jornadas laborales se extiendan. Pero muchas veces lo son.


Modalidades de conciliación

El horario flexible es la modalidad de conciliación que mayor número de personas disfrutan en sus organizaciones. Además, cabe destacar que se trata de la medida de más antigüedad. La jornada reducida es también una medida frecuente de conciliación y también tiene cierta antigüedad. El resto de políticas son poco utilizadas, como el teletrabajo o la coincidencia del horario laboral con el escolar.

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