Francia debe eliminar la jornada laboral de 35 horas semanales si quiere recuperar su mercado, porque esta medida no sólo no ha reducido el paro sino que ha incrementado el déficit público.

Algo se mueve en los mercados laborales de la Vieja Europa. Durante años hemos oído hablar de la supuesta superioridad del modelo europeo frente al norteamericano y la necesidad de mantenerlo a cualquier precio. Una legislación laboral protectora del trabajador, medidas que pretenden asegurar una cierta estabilidad en el empleo, pensiones garantizadas por el Estado mediante un sistema de reparto basado en la solidaridad entre las sucesivas generaciones, jornadas laborales relativamente cortas y períodos de vacaciones más largos que los existentes en otros países, jubilación a edades tempranas, en muchos casos inferiores a los 60 años, generosos subsidios de paro en el caso de desempleo, tanto en lo que se refiere a su duración como a la cuantía de las prestaciones.

Nadie ha dudado nunca de los costes de un modelo de regulación social como éste. Pero hasta ahora se venía considerando que sus inconvenientes eran mucho menores que sus virtudes; y los países parecían, por tanto, dispuestos a dedicar grandes recursos a su mantenimiento.

Pero, para bien o para mal, las cosas empiezan a verse hoy de una manera muy diferente. Hace ya algún tiempo que hablar del 'modelo europeo ' supone una falta de precisión notable. Algunas naciones europeas -Gran Bretaña e Irlanda, por ejemplo- tienen mercados de trabajo que se parecen más al de Estados Unidos que a los de los grandes países de la Europa continental. Y los resultados están a la vista. En la actualidad, la tasa de paro británica, por ejemplo, es inferior a la tercera parte de la francesa o la alemana. Y estamos hablando no de un país con una potencia económica indiscutible como Estados Unidos sino de una nación que hace poco más de dos décadas estaba considerada como el 'enfermo ' de Europa, que parecía alejarse cada vez más de los países más prósperos del continente.

Y lo que distingue de forma más acusada la próspera Gran Bretaña de nuestros días de la nación decadente de 1980 es el marco institucional en el que se desenvuelve su actividad económica, que ha experimentado cambios sustanciales, entre los cuales las modificaciones introducidas en su mercado de trabajo desempeñan un papel protagonista.

Hace sólo unos días, Alemania aprobó la implantación de reformas radicales en su modelo de relaciones laborales. Por mencionar sólo el ejemplo más significativo, hay que recordar que el período de disfrute del seguro de desempleo, que alcanzaba hasta la fecha los treinta y dos meses, ha pasado a un máximo de doce, salvo en algunos casos especiales. E incluso Francia, aunque con mucha más timidez que Alemania, está intentando introducir algunas reformas importantes, la más discutida de las cuales es, sin duda, el posible abandono de las treinta y cinco horas semanales. El hecho es importante porque la reducción del número de horas de trabajo fue presentado en Francia, en su día, como un gran avance social.

Cuando se aprobó tal reforma parecía que las treinta y cinco horas iban a ser la solución ideal para el mercado de trabajo francés. Con ellas -se decía- la gente verá incrementado su nivel de bienestar, ya que trabajará menos horas. Y además –se pensaba– constituirán una fórmula efectiva para reducir la tasa de paro, ya que las horas que millones de empleados dejen de trabajar permitirán crear multitud de nuevos puestos de trabajo. De poco sirvió que algunos economistas sensatos dijeran que este último argumento era un completo disparate; que el número de empleos -o de horas trabajadas- en una economía no es fijo y que, por tanto, tal supuesta sustitución de unas personas por otras no tiene por qué producirse; y que el efecto final podría ser, incluso, el contrario, ya que reducir la jornada laboral sin rebajar los salarios es equivalente a aumentar el coste laboral por hora trabajada, lo que provocará, con seguridad, una caída de la demanda de trabajo por parte de las empresas.

Las ideas, por absurdas que sean, aguantan bien en el papel. Pero la realidad suele ser inmisericorde con errores de esta dimensión. Las treinta y cinco horas semanales no han servido, ciertamente, para reducir una tasa de paro, que se mantiene muy alta, en cifras en torno al 10 por ciento de la fuerza laboral. Las empresas se han encontrado con problemas. Y el déficit del sector público ha crecido, como consecuencia de las fuertes rebajas fiscales que se ofrecieron a las empresas para compensarles por los costes que la nueva ley les ocasionaba.

En un mundo cada vez más competitivo, en el que, por ejemplo, los trabajadores de varias empresas alemanas han aceptado un aumento de la jornada laboral sin incrementos de sueldo para evitar que alguna compañía traslade su fábrica a otro país que tenga costes de producción inferiores, la 'excepción ' francesa en lo que a horas de trabajo se refiere se ha convertido en algo difícil de sostener. No es sorprendente, por tanto, que se esté intentando dar marcha atrás, aunque aún no se tenga muy claro qué camino se va a seguir para intentar cambiar la ley sin que los sindicatos salgan a la calle y creen todavía más problemas a un Gobierno cuyos resultados electorales, tanto en los comicios municipales en como los europeos, han sido muy mediocres.

La experiencia francesa de los últimos años ha demostrado hasta qué punto los políticos de aquel país están dispuestos a abandonar las tímidas reformas liberalizadoras emprendidas cada vez que encuentran oposición. Y la falta de fe en tales medidas que a menudo han mostrado los mismos gobernantes que las propusieron no contribuye, desde luego, a generar grandes esperanzas en este caso. Pero, al menos, el tema está sobre la mesa. Y los costes de no resolverlo de forma adecuada serían tales que, a lo mejor, hasta los políticos franceses encuentran una solución sensata.

Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.