Juan LLobell: "Tras años de experimentos laborales, Francia y Alemania se han dado cuenta de que en los países donde más se trabaja hay menos paro. La jornada reducida amenaza con empobrecer la economía y ahuyentar las inversiones en ambos países."

En ocasiones, la política parece más bien el arte de lo imposible. Un buen ejemplo de ello es la semana de 35 horas que los socialistas franceses lanzaron a bombo y platillo en 1999 como la panacea para "el pleno empleo" y una "sociedad más humana", y que, cinco años después, se ha convertido en un corsé asfixiante. Ahora, la jornada reducida amenaza con empobrecer la economía y ahuyentar las inversiones exteriores tanto en Francia, donde fue implantada por ley, como en Alemania, donde sindicatos y empresas consensuaron su aplicación en algunos sectores.

A la derecha del Rin, Siemens ha abierto fuego al firmar un acuerdo con el sindicato IG Metall para que sus trabajadores acepten trabajar cinco horas más semanales sin aumento de sueldo. El ejemplo, con sus matices particulares, está siendo seguido por Mercedes, Volkswagen, Continental y otras compañías que ofrecen esta modalidad de empleo para el 25 por ciento de los alemanes. En Francia, la inmensa mayoría de los trabajadores de la empresa Bosch Vénissieux acaba de sacudir la conciencia de los empresarios, al aceptar trabajar un hora más a cambio de mantener su empleo. Lo hecho por Bosh podría ser el inicio de una reacción en cadena en el empresariado que hasta ahora se ha mostrado reacio a servirse de la ley Fillon de 2002 que suavizó la rigidez de la norma. Además, podría llevar a que en septiembre el ministro de Economía, Nicolás Sarkozy, poco amante de la ley, la flexibilice definitivamente.

Deslocalizaciones

¿Por qué aceptan los trabajadores las nuevas condiciones sin grandes aspavientos y sin que cale el argumento de que son más productivos? Alemanes y franceses se enfrentan a una amenaza muy real: que las empresas deslocalicen su actividad en mercados emergentes o en los países del Este de la Unión Europea. Siemens había amenazado con instalarse parcialmente en Hungría, Mercedes en Sudáfrica y Bosch en la República Checa. Los nuevos vientos, sin embargo, también soplan en la Administración alemana, que soporta un elevado déficit. En estados como Baviera, gobernados por los conservadores, los funcionarios han tenido que aceptar la ampliación de la jornada sin remuneración adicional.

La realidad, dicen los analistas, es que el empleo se genera y no tiene límites. Por eso el experimento del socialismo francés partía del supuesto erróneo de que existe un número limitado de horas de trabajo que conviene repartir. Una comisión del parlamento francés concluyó en abril que "el trauma de las 35 horas" había tenido consecuencias negativas sobre la economía francesa y podía hipotecar el crecimiento a largo plazo. Su coste estimado para las arcas públicas es de 10.000 millones de euros y puede elevarse hasta los 15.000 millones en 2005. Los supuestamente creados por la medida hubiesen sido generados en todo caso por el propio dinamismo de la economía y sin necesidad de onerosas rigideces legales. Un botón de muestra es que España creó cerca de cuatro millones de trabajos entre 1996 y 2003 sin recurrir al reparto. Otro es que en los países en que se trabaja más, como Estados Unidos, Reino Unido o Japón, los niveles de desempleo son sustancialmente inferiores que en Francia o Alemania.

Impacto positivo

Para Kevin Daly, de Goldman Sachs, las actuales decisiones "podrían tener un impacto positivo para el crecimiento de la zona del euro, si bien éste es un movimiento necesario para contrapesar el menor avance de los efectivos laborales". Tras varios cambios legislativos a finales de los 90 que promovieron el empleo a tiempo parcial y la flexibilización contractual -Bruselas aprobó la directiva que limita el trabajo a 48 horas semanales-, el número de horas trabajadas cayó considerablemente en la zona del euro. "En relación a Estados Unidos, el crecimiento potencial de la región en los últimos diez años se ha visto obstaculizado por el menor aumento de la población y la caída de la cantidad de horas trabajadas por empleado", afirma Daly. En Europa, el número de horas cayó en ese periodo a un ritmo del 0,5 por ciento anual, frente al 0,1 por ciento en Estados Unidos.

En términos globales, la reducción del tiempo de trabajo es una constante en el mundo desarrollado, que casi trabaja la mitad que hace 150 años, cuando estalló la Revolución Industrial. Por eso, en la próxima década es posible que lo siga haciendo, dicen en Goldman Sachs, siempre y cuando lo que está ocurriendo en Francia y Alemania suponga una auténtica revolución para el continente.

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