Corinne Maier logra un éxito editorial en Francia con su ensayo 'Bonjour paresse ' que invita “a no dar golpe”. “La cultura de empresa no es más que la cristalización de la estupidez”, dice Maier.

Si usted no puede ganar más por trabajar más, tampoco perderá gran cosa por no dar golpe. Escoja los puestos más inútiles: consejo, control de calidad, investigación, estudios. Y nunca atraviese un pasillo sin una carpeta bajo el brazo”. Lo dice Corinne Maier en Bonjour paresse (Buenos días, pereza), un best seller inesperado en la escena literaria francesa, sobre el mundo de la empresa y “su grotesca jerigonza”.

El libro salió, en primavera, en una editorial pequeña, Michalon. “Habitualmente publicamos ensayos de sociología –comentan en la editorial–, que realmente no despiertan pasiones. La obra agotó los primeros 4.000 ejemplares y ya pasamos de 15.000”.

La promotora inconsciente del libro es la industria eléctrica, Électricité de France, EDF, que desde hace doce años tiene en plantilla a Corinne Maier, la autora. Y que reaccionó con una carta certificada a la publicación del libro. Maier la hizo pública y dobló las ventas.

El enfado de la EDF provendría de la mención, en contraportada, de la condición profesional (“investigadora económica en la EDF”) de Maier. En cualquier caso, el tono de la carta parece un pelín exagerado para un libro que en el fondo se inscribe en una larga tradición, que tiene una de sus cimas en El elogio de la pereza. Y Maier, que echó los dientes con un primer libro sobre la jerga de los seguidores de Lacan, es más virulenta en el subtítulo del libro (Del arte y la necesidad de hacer lo menos posible en la empresa) que en ciertas definiciones de su obra; por ejemplo, ésta: “La cultura de empresa no es otra cosa que la cristalización de la estupidez en un momento determinado”.

“Hace doce años que trabajo en la EDF y hasta hoy era invisible”, protesta Maier, a quien la mencionada carta culpa por “deslealtad”. Uno de los cargos –“lee el periódico durante las reuniones”– provocó incluso la reacción del delegado sindical, quien contribuyó indirectamente a las tesis de la autora: “Llegar a las reuniones con una pila de carpetas, y periódicos, para trabajar durante las reuniones, y demostrar así que uno va de cráneo y trabaja más que todos, forma parte del estilo del ejecutivo medio”. Y apuntó: “El procedimiento disciplinario es ridículo y atenta contra la libertad de expresión”. Para un portavoz de la EDF, en cambio, el sabroso panfleto “atenta contra el buen ambiente laboral; los colegas de la escritora no aprecian demasiado aparecer como incultos y holgazanes”. ¿No será una imagen generalizada? Cuando el gobierno Jospin decretó las 35 horas semanales, el rumor recogía el descontento en EDF y la Educación Nacional: ya trabajaban 32 horas.

Pero lo más negativo, para Electricité de France, que tuvo sus más y sus menos con Bruselas, sería el eco extranjero recibido por el libro. El Financial Times dedicó primera página a “las reglas alternativas de la vida en oficina”. Por ejemplo: “trabaje lo menos posible”, “jamás acepte un puesto de responsabilidad”; “sea simpático con los contratados temporales, son los únicos que realmente trabajan”...

The New York Times se entusiasmó con capítulos como “La empresa no es un humanismo”; “Los cretinos con los que trabajáis”; “Eludir el compromiso no comporta riesgo alguno”... Y reprodujo esta incitación: “Comenzad vuestro trabajo de zapa mañana mismo”.

El influyente Herald Tribune, su socio en París, reprodujo el artículo, que califica a Maier de “heroína de la contracultura”, porque el libro justificaría “los esfuerzos del gobierno de centroderecha por reparar el daño infligido a los hábitos laborales por los gobiernos socialistas que adoptaron las 35 horas”.

Por su parte, Yves Michalon, el editor, está en pleno nirvana: “Recibimos artículos de Australia, de China, de Japón, de Argentina. Y la quinta edición se agota”. ¿Las próximas incluirán la carta de EDF a Maier, con el cargo de que “sus actitudes revelarían la estrategia individual demostrada en la obra, para gangrenar el sistema por dentro?”

En cualquier caso, el corresponsal de The New York Times apunta: “Cuando Maier recibió la carta de su empresa la transmitió al sindicato, para que la defendiera”. De hecho, “la entrevista empleada-empresa, para el 17 de agosto, fue pospuesta a septiembre”. Según EDF, “a petición de la empleada, que ahora disfruta de sus vacaciones”.

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