El 14,2% de las grandes empresas del mundo sustituyó a su primer directivo en 2004. La tendencia a nombrar consejeros delegados por mandatos cada vez más cortos es más acusada en Europa y Asia que en Estados Unidos.

Coca-Cola, T-Online, Eurotunnel, Disney, Hewlett-Packard, Boeing o AIG. Son sólo algunas de las grandes empresas que han decidido sustituir a su primer directivo por presión de los accionistas, escándalos o malos resultados. El último informe de la consultora Booz Allen sobre sucesión de los consejeros delegados, presentado esta semana en Nueva York, constata que el año pasado el 14,2% de los primeros directivos de las grandes compañías del mundo dejaron su puesto, cuatro veces más que en 1995. La tendencia a nombrar consejeros delegados cada vez más breves es "incluso más profunda en Europa y Asia", concluyen los autores de la investigación. En Europa la probabilidad de que estos directivos sean despedidos casi duplica la de Estados Unidos.

La mayoría de las sucesiones en la cima de estas compañías (52%) tiene que ver con la marcha normal de la compañía. Ni los escándalos, muy numerosos en los últimos años, ni las luchas de poder, concluye el estudio, que se basa en las 2.500 empresas cotizadas de mayor facturación del mundo. Le siguen los despidos relacionados con la mala marcha del negocio (31%) y las relacionadas con un proceso de fusión (17%).

La región que engloba Asia y Oceanía es donde más presión viven estos directivos -casi el 18% fueron sustituidos en 2004-, por delante de Europa -algo más del 16%- y Estados Unidos (no llega al 12%).

En cuanto a los mercados de actividad más afectados por la rotación de primeros directivos, el año pasado sufrieron sobre todo la industria (19,5% de sucesiones en la cúpula) y servicios (19%). En el otro extremo se sitúan las eléctricas (10,3%) y materias primas (10,4%). En los últimos siete años, sin embargo, el rey de los despidos es el sector de las telecomunicaciones (12,7%).

Con estos datos, el estudio concluye que las grandes empresas han entrado en una "era de jefes a corto plazo", que puede resultar peligrosa. "¿Ha ido el activismo de los accionistas demasiado lejos?", se preguntan y, sin contestar esa pregunta, concluyen que es necesario que estos directivos desarrollen habilidades diferentes para no tener más problemas en el futuro.

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