El aislamiento social, el estrés, las dificultades para desconectar y separar la vida profesional de la personal o las menores posibilidades de proyección profesional forman parte del ‘lado oscuro’ del teletrabajo.

El aislamiento social, el estrés, las dificultades para desconectar y separar la vida profesional de la personal o las menores posibilidades de proyección profesional forman parte del ‘lado oscuro’ del teletrabajo que ensombrece las ventajas de esta modalidad laboral.

Existen pocas dudas sobre las ventajas del teletrabajo. El empleado concilia su vida laboral y profesional, reduce las pérdidas de tiempo y gana flexibilidad. La compañía obtiene una plantilla más motivada y productiva y ahorra costes en instalaciones fijas o en ayudas de comida, entre otras.


Como estar en la oficina

El hecho de que un trabajador realice su labor en el salón de su casa no implica que su empresa no responda en el caso de que éste sufra un accidente laboral.

"El empresario es responsable de la protección, de la seguridad y la salud del empleado. Debe informarle de la política de la compañía y para verificar la correcta aplicación de las normas de seguridad, las autoridades competentes tienen acceso al lugar del teletrabajo, dentro de los límites de la legislación", explica Bruno Álvarez, socio de Sagardoy Abogados.

No obstante, Juan Carlos Tena, director del área de ergonomía de Fremap, matiza que "el avance del teletrabajo ha sido más vertiginoso que el desarrollo legislativo específico, por lo que nos encontramos ante un vacío legal. La normativa existente en estos momentos es la misma que se podría aplicar a cualquier actividad".

Pero permitir al empleado desempeñar su labor fuera de la oficina tiene una serie de inconvenientes que se deben tener en cuenta para obtener el éxito esperado. "Los riesgos más frecuentes son los derivados del aislamiento del teletrabajador, de la difícil distinción entre la vida laboral y la familiar o el estrés", expone Ester Maza, abogada del área laboral de Baker & Mckenzie.

La actividad en remoto reduce el contacto con los compañeros a conversaciones telefónicas o al envío de correos electrónicos. Esto hace que el trabajador pueda tener la sensación de estar separado del resto de la plantilla y que caiga en el aislamiento. Para prevenir esta exclusión, "la empresa debe convocar reuniones presenciales temporales pactadas según el proyecto", aconseja Natalia Sánchez, consultora de recursos humanos de Randstad. Con este tipo de encuentros, además, "se refuerza la función social que cumple el trabajo", explica José Ángel Romero, técnico de contingencias profesionales de Ibermutuamur.

Esta fórmula de empleo exige también altas dosis de planificación y disciplina. "Si no se organizan bien los tiempos se puede incurrir en una dedicación excesiva", apunta la consultora de Randstad. Esto implica eternas jornadas de trabajo que pueden llevar al estrés. Romero aconseja hacer pausas de 10 a 15 minutos cada dos horas y planificar horarios y plazos de entrega.

Por otro lado, el teletrabajo puede inducir a la idea de que la disponibilidad del empleado es total. Esteban Ceca, socio director de Ceca Magan Abogados, cree que, para evitar esto, "el empleado debe disponer de un horario y jornada laboral pactada de antemano con su empresa". De este modo también es posible desconectar y separar los aspectos laborales de los personales. Algo complicado cuando la casa hace la función de oficina. Ante esto, Romero recomienda que la parte de la vivienda destinada a lugar de trabajo esté aislada del resto de habitaciones.

Cultura de la presencia

Más allá la misión social de las reuniones es recomendable que el teletrabajador visite su compañía regularmente, e incluso que combine jornadas en la oficina con la actividad en casa. "Se tiene la sensación de que si no estás en la oficina, desapareces, pierdes oportunidades", expone Cristina Simón, decana de Psicología de IE University.

Esto se debe a que en España se valora en exceso la presencia: "Impera la cultura del pico y pala. Lo que más se mide es la cantidad de horas que se pasan en la compañía, aunque se pierda mucho tiempo haciendo pasillo. Esto va en contra de la filosofía del teletrabajo, que funciona por objetivos", considera Álvaro Arias, socio de Neuman International.

Esa pérdida de oportunidades se traduce en un reconocimiento desigual de las labores realizadas por el empleado que trabaja desde casa y las que se desarrollan en la oficina, así como en la proyección de carrera. "El jefe tiende a valorar mejor a los que tiene o siente más cercanos, puesto que hay un componente emocional elevado; mientras que con el teletrabajador ese componente emocional no existe", apunta Arias. Sin embargo, Simón matiza que "no existe una regla fija que diga que si no estás en la organización, no promocionas. ¿Por qué no puede haber un manager que trabaje a tiempo parcial?".

La solución radica en modificar las herramientas que miden el empleo remoto. Actualmente se valora del mismo modo que el presencial: por horas de trabajo. Un parámetro que no se puede aplicar a esta modalidad laboral.

El socio de Neuman International indica que "se trata de incorporar métricas de calidad, de resultados y eficiencia. Nadie te controla el tiempo, lo que importa es cumplir los objetivos con la máxima calidad". Cristina Simón concreta que "el control del teletrabajador se debería basar en el cumplimiento de los objetivos y en la consecución de resultados. Actualmente, los mecanismos basados en la presencia física no sirven para la actividad remota".

Por esta razón, las compañías que permiten trabajar desde casa todavía son escasas. Según los datos para el Premio Empresa Flexible 2009 de la consultora CVA, casi el 53% de las organizaciones reconoce que no ofrece la posibilidad del trabajo en remoto a sus empleados, mientras que el 47% sí lo hace.

Álvaro Arias destaca que España se encuentra en el vagón de cola de Europa: el 3% de trabajadores realiza su actividad desde casa, mientras que en Finlandia lo hace el 17% y en Suecia, el 15%.

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