Entre las consecuencias de una escuela y una universidad que sobreprotegen al alumno está el abismo entre lo que se enseña y lo que realmente necesitan los empresarios y exige un mercado laboral cada vez más competitivo y global.

Hace tiempo que los empresarios han hecho sonar las alarmas a la vista del producto que las facultades ofrecen cada año para encarar la batalla de la competitividad. Ahora, cuando las dificultades económicas provocan que se hable con total convicción de un cambio de modelo basado en la innovación, el abismo entre la Universidad y la empresa se muestra especialmente grave.

El origen de este divorcio entre las cualificaciones universitarias y la realidad del mundo laboral debe buscarse mucho antes, y así a los empresarios les inquietan también los altos índices de fracaso y abandono escolar: España es, después de Portugal y Malta, el país de la Unión Europea donde menos estudiantes terminan la educación secundaria, y nos encontramos entre las naciones de la OCDE con peores tasas de obtención de un diploma de enseñanza secundaria postobligatoria, bien sea bachillerato o formación profesional.

Sobreprotección del alumno

Los alumnos españoles se preparan en un modelo educativo que no tiene demasiado en cuenta la cultura del esfuerzo. Esta misma semana, el Ministerio de Educación anunciaba una nueva medida de sobreprotección para los alumnos españoles: los estudiantes de primero de Bachillerato que suspendan tres o cuatro asignaturas podrán matricularse en el curso siguiente sólo de las materias suspensas conservando las notas sacadas en el resto. También podrán matricularse de todas, pero conservarán las notas sacadas en las aprobadas en caso de que en el nuevo curso las empeoren.

Fernando Francés, presidente de Everis y uno de los autores del informe más reciente del Círculo de Empresarios que analiza las carencias del sistema educativo español y su desajuste con la realidad del mercado laboral, asegura que en los últimos meses "apenas se ha hecho nada para cerrar esta brecha. Ahora se hace más evidente la necesidad de un cambio de modelo económico basado en la economía del conocimiento y el valor añadido, pero eso exige profesionales cualificados, y esto no se consigue de un día para otro; requiere muchos años". Precisamente el informe Próxima estación: la Economía del Conocimiento sitúa al sistema educativo y de formación entre los pilares fundamentales –junto con la existencia de mercados tecnológicos competitivos y las infraestructuras– de cualquier modelo económico basado en el la I+D+i.

Los empresarios consideran que esta nueva fórmula de crecimiento precisa de sistemas educativos y de formación basados en el concepto de aprendizaje a lo largo de la vida, caracterizados por la flexibilidad y la adaptabilidad. En el caso español, los avances registrados en materia de educación durante los últimos veinte años no han resultado ser los suficientes para dar el salto cualitativo hacia fórmulas más integrales, que conecten al sistema educativo formal con las esferas laboral, empresarial o científica. Se producen, de esta manera, desajustes entre la formación requerida por el mercado y la que ofrecen los trabajadores.

La Universidad, según el informe del Círculo de Empresarios, "no puede aspirar sólo a producir, aplicar y difundir el conocimiento, o a formar científicos y profesionales, sino que debe tender puentes con las empresas que permitan incrementar la productividad y la competitividad de éstas".

Lejos del modelo continuo

Fernando Francés cree que para el nuevo modelo económico resulta un problema el déficit de carreras técnicas, así como el superávit de las de letras o el deterioro general de la enseñanza: "Hay demasiadas universidades y éstas no proporcionan titulados de carreras que sean verdaderamente demandadas por las compañías". Francés añade que "la educación no es ahora peor que hace 30 ó 40 años, pero ésta no avanza a la suficiente velocidad como para mantener una posición competitiva".

Los empresarios opinan que estamos aún muy lejos del modelo de aprendizaje continuo que exige la sociedad del conocimiento y que constituye una de las claves del éxito de países como Finlandia, un ejemplo gracias a la calidad de su sistema educativo y a la visión de "sistema" que adoptó la política industrial, reconociendo así la importancia de las interrelaciones de universidades, centros de investigación y empresas. O como Singapur, que a las excelentes infraestructuras físicas, técnicas y lógicas suma un sistema educativo con una política de bilingüismo y un currículo que mantiene como ejes fundamentales la innovación y el espíritu emprendedor.

Entre las quejas de los empresarios destaca asimismo el fenómeno de la sobreeducación, que abunda en el desajuste entre las cualificaciones de los trabajadores y las que exigen las empresas: licenciados en carreras que el mercado no demanda o déficit de titulados "necesarios" que habrá que importar de otros países.

Nuestro sistema educativo, con una concepción residual de otras opciones, como la Formación Profesional, hace que la universitaria se vea como la única posibilidad al abandono de la educación cuando se acaba el tramo obligatorio.

Es una fórmula extrema que agudiza el abandono temprano para unos y el fracaso en la Universidad para otros.

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