La mayoría de las empresas no ve con buenos ojos las relaciones entre compañeros. Para los expertos la clave para evitar que esta situación afecten a la empresa está en la capacidad del responsable del equipo de encontrar una solución para los afectados.

Cuando comenzaron su relación me preocupé y no me gustó demasiado, pero los dos me aseguraron que no interferiría en el trabajo y lo cumplieron. Los problemas comenzaron cuando rompieron '. Carlos es gerente de una empresa de repuestos de automóviles en la que trabajan 20 empleados. Su compañía nunca había tenido normas respecto a las relaciones sentimentales entre trabajadores. Ahora, sí las tiene. 'Tuvimos un problema grave, porque eran dos personas valiosas que trabajaban juntas y que, de un día para otro, dejaron de hablarse '. Desde entonces en la empresa de Carlos existe un protocolo para resolver estas situaciones. 'La gente sabe que las parejas no trabajan juntas. Si se inicia una relación con un compañero se comunica y se pide el traslado ', apunta el gerente.

Ya se trate de normas escritas o no escritas, la mayoría de las empresas no ve con buenos ojos las relaciones sentimentales entre compañeros. Para los expertos en relaciones laborales, la clave para evitar que estas situaciones afecten a la buena marcha de la empresa está en la capacidad del responsable del equipo para encontrar una solución rápida, eficaz y que no resulte ofensiva para los afectados. ¿Qué hacer, por ejemplo, ante una pareja cuya ruptura amenaza con hacer saltar por los aires todo un departamento? 'En mi opinión, la solución es cambiar de área a uno de ellos. Si eso no es posible, lo mejor es hablar con los dos y decirles que se ha notado un bajón de rendimiento, pero sin dar a entender que tiene que ver con su ruptura ', apunta Juan Ignacio Arraiz, presidente de Hay Group España.

En el otro extremo, hay quien aboga por evitar los rodeos y coger el toro por los cuernos. 'Un buen principio sería decirles: 'Sé que habéis roto vuestra relación, pero tenéis que trabajar juntos. Todos somos parte de un equipo ', explica Sid Kemp, experto estadounidense en recursos humanos y autor del libro Cómo enfrentarse a las situaciones laborales difíciles (Gestión2000.com).

Pero si una ruptura en un equipo es un mal trago, hay situaciones todavía más complejas. Es el caso de un trabajador que se queja de ser objeto de atenciones constantes por parte de otro, ya sea para iniciar una relación sentimental o sexual. 'Creo que ahí hay que ser muy firme. Yo hablaría con el trabajador presuntamente culpable y le diría que ha habido una queja, que no sé si es verdad, pero que si resulta ser cierto se va a la calle inmediatamente ', afirma Arraiz. Kemp recomienda dejar claro al empleado sobre el que recae la acusación que la otra persona no está interesada y que su conducta podría interpretarse como acoso. Junto a ello, advierte encarecidamente que jamás se mencione la idea de un posible acoso sexual ante la persona que ha efectuado la queja.

¿Y si el objeto de las atenciones excesivas es el propio jefe? Aunque parezca una situación rebuscada, hay empresas que blindan a sus ejecutivos ante posibilidades como ésta o, en el otro extremo, ante posibles acusaciones de acoso. 'Algunas empresas españolas ya se plantean que en determinadas reuniones haya siempre una tercera persona, un testigo. Si el jefe es hombre y la subordinada mujer, ese tercero es siempre otra mujer ', explica Juan Ignacio Arraiz. El peor de los escenarios, para la mayoría de los expertos, se da cuando jefe y subordinado inician una relación sentimental. 'Si decide mantener la relación, mantenga siempre muy separada su vida personal de la laboral. Lo mejor es que ni siquiera salgan juntos del trabajo y que no hablen de temas personales en la oficina ', advierte Kemp.

Arraiz es taxativo. 'Eso es un desastre. Yo tendría claro que o no inicio la relación o acuerdo con la otra persona que se cambie de departamento. Tener una relación con alguien de tu equipo es lo peor que puedes hacer ', concluye.

Los problemas llegan con la rupturaLa clave del éxito

Los romances en la oficina no afectan al rendimiento de los trabajadores. Son las rupturas las que pulverizan su concentración, su eficacia y su productividad. Al menos eso se deduce de un estudio realizado por la Universidad de Westminster sobre el impacto que tienen las relaciones sentimentales entre compañeros en el trabajo. La mayoría de los encuestados en el informe coincidió al afirmar que mientras se mantuvo la relación, su productividad en la oficina no sufrió ninguna alteración. Sin embargo, esa misma mayoría reconoció que la ruptura tuvo consecuencias en su ámbito laboral: desde tener que presentar su dimisión, hasta pedir un cambio de departamento o incluso ser objeto de despido. En España, los datos del CIS confirman que, a veces, esas relaciones terminan convirtiéndose en vínculos estables. Así, el 13,3% de los trabajadores españoles asegura haber conocido a su pareja porque trabajaba o estudiaba en el mismo lugar. La encuesta también muestra el rostro de las empresas ante estas situaciones. Según un informe de la Sociedad de Management de Recursos Humanos, el 72% de las multinacionales no tiene una normativa para responder a estas incidencias, aunque un 14% trata de que el ambiente sea poco propicio.

La clave del éxito

  • El primer consejo que dan los expertos es evitar las relaciones sentimentales entre compañeros. Las empresas son muy amplias y es preferible centrar el interés en una persona que trabaje en otro departamento o en otra planta que en el compañero de mesa.
  • Si, pese a ello, ha sucumbido y está inmerso en una relación de ese tipo, trate de mantenerla en secreto el mayor tiempo posible o, al menos, hasta que sepa si se trata de una relación estable o de un romance sin futuro.
  • Una vez hecha pública la relación intente que usted o su pareja sean trasladados de equipo o departamento. Si eso no es posible, evite hablar de temas personales en el trabajo. Lo mismo puede decirse del clásico concepto de ajustar cuentas.

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