Irse de vacaciones: para los europeos, un placer; para los estadounidenses, un lujo, y para los japoneses, una obligación. Pese a los esfuerzos de los gobiernos nipones hay que convencer a los trabajadores para que libren.

Irse de vacaciones: para los europeos, un placer; para los estadounidenses, un lujo, y para los japoneses, una obligación. Pese a los esfuerzos de los gobiernos nipones, que desde hace años han aumentado el número de días libres al que tienen derecho sus conciudadanos, los trabajadores veteranos se resisten a cambiar su modo de vida y renuncian a la mitad de los 20 días que tienen asignados.

El ministro de Trabajo japonés anunció hace dos semanas un proyecto de ley para obligar a las empresas a planear las vacaciones de sus empleados al inicio del año fiscal y animarlos a aprovecharlas. Es una medida más para incentivar el gasto en ocio y estimular la economía, además de facilitar la vida familiar, para ayudar a detener la caída de la tasa de natalidad. 'Hacen horas extras y renuncian a librar por cumplir con su deber ', explica Kazuei Tokado, de la Oficina Comercial española en Tokio.

Un caso parecido al nipón es el de Estados Unidos, pero allí no hay un mínimo de días libres impuestos por ley, y la administración pública no tiene intención de que eso cambie. Julio Navascués, de la Consejería Laboral española en Washington, describe el sistema como 'una selva '. Cada contrato es estrictamente individual, entre las dos partes. En la práctica, lo habitual es que en el primer año de trabajo se concedan dos semanas de descanso, que pueden ampliarse con el tiempo.

El liberalismo también inspira el sistema voluntario de relaciones laborales británico, basado en la negociación colectiva. 'La administración, en parte por la presión del empresariado, se resiste a las imposiciones de Bruselas ', explica Bernardo Fernández, consejero laboral de la Embajada en Londres. La UE obliga a establecer 20 días de vacaciones al año (tomados en base a una semana de cinco días laborables), lo que 'satisface ' a los trabajadores -que las aprovechan a fondo- pero produce 'reticencias ' entre las empresas, según Fernández. 'Algunas compañías aprovechan que los festivos están considerados laborables en la ley y obligan a sus empleados a trabajar o a recuperarlos ', añade. Tanto gobierno como sindicatos están intentando que las fiestas sean obligatorias.

En el resto de la UE hay menos oposición a seguir la directiva comunitaria sobre horas de trabajo. Así, 17 de los 25 países miembros (incluyendo los que se acaban de incorporar) se conforman con respetar los 20 días mínimos, mientras que Francia y Suecia, entre otros, llegan a los 25. Cuando se trata de medir los días reales surgen mayores diferencias. Los franceses se quedan con las cinco semanas legales, pero los suecos llegan a las 33 jornadas. La media efectiva en la UE está estimada en 24 días. A eso hay que sumar los festivos, que oscilan entre ocho, en Polonia, por ejemplo, y 13 en Malta.

El mínimo legal en España (22 días) está por encima de la legislación europea, pero el efectivo (22,8) está un poco por debajo. Rita Moreno, de CC OO, asegura que el aumento de las vacaciones oficiales no está entre las reclamaciones habituales. Pese a ello, lamenta 'la discrecionalidad empresarial a la hora de decidir cuándo se pueden tomar ', y que 'en determinados niveles de responsabilidad, por presión del entorno, la gente no se coge las vacaciones, o la baja por maternidad '. El caso extremo son los directivos, que no descansan 'por autopresión '.

China, la próxima

El exceso de trabajo es típico de las economías en crecimiento y amenaza ahora a China, que acaba de convertirse en la cuarta economía del mundo. Ya hay una propuesta de ley de un diputado nacional para cuidar la salud de los chinos. Los habitantes de las ciudades, especialmente los de profesiones intelectuales, son candidatos a sufrir karoshi, que significa 'muerte por exceso de trabajo ' en japonés.

Casos de karoshi fueron el acicate para reformas legales como la que pretende imponer ahora el gobierno japonés. Las cosas están cambiando, empero, como asegura Kazuei Tokado: 'Los jóvenes prefieren disfrutar, no entienden por qué hay que sacrificarse tanto '. ¿La razón? La 'opulencia ' de la sociedad japonesa, que está venciendo a la tradición. 'Un coche, una casa, ya no son suficientes; prefieren tomar vacaciones. '

Un derecho moderno e irrenunciable

Las vacaciones planificadas son una realidad moderna; en las sociedades agrarias antiguas, el descanso iba regido por los periodos naturales. 'En verano se trabajaba de sol a sol, y en invierno nada ', explica Cecilia Castaño, catedrática de economía aplicada de la Universidad Autónoma de Madrid. 'En Alaska sigue funcionándose así '. En las sociedades industriales sólo se descansaba un día a la semana. 'El concepto de vacaciones pagadas está ligado al estado del bienestar y es posterior a la Segunda Guerra Mundial ', añade la experta. Las vacaciones son un derecho irrenunciable y el trabajador ni siquiera puede ocuparse en su propia empresa. 'Pero es difícil evitarlo si tanto el empresario como el empleado están de acuerdo en saltarse la norma ', reconoce Pilar Charro, profesora de Derecho del Trabajo en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Especialmente proclives a trabajar a destajo son los inmigrantes, que como dice Castaño, 'vienen a ahorrar y no descansan en tres años '.

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