Un director de formación en el comité y una selección contrastada con seis fuentes son algunos de los factores que hacen diferente la gestión de personas en Laboratorios Servier. Por ejemplo, destinan un 5,5 por ciento de la masa salarial a formación.

En Laboratorios Servier el director de formación tiene un sitio en el comité, un lugar que comparte entre otros con el director de recursos humanos y el financiero. Enrique Rodríguez, director de recursos humanos de la multinacional en España, explica que esta consideración resulta clara si se tiene en cuenta que el director de formación es además el responsable de la red de ventas, uno de los colectivos más representativos de la organización. "Buscamos calidad en nuestros profesionales más que ampliar la plantilla", señala. Laboratorios Servier destina un 5,5 por ciento de la masa salarial a formación. Este es sólo uno de los factores que convierten a la multinacional de origen francés –presente en 140 países y con una plantilla de 16.500 empleados, 420 en España– en una compañía diferente desde el punto de vista de los recursos humanos.

Afinar en la selección

La selección multifuente, contrastando la opinión personal y profesional de seis fuentes, es otra de las notas que distinguen a Servier. Esta minuciosidad puede suponer hasta sesenta días para dar con el profesional idóneo. Es el caso de los visitadores médicos. En la actualidad la firma tiene abiertos quince procesos de selección para este perfil. "La capacidad de aprendizaje, orientación positiva a resultados y ser hábil en la relación con los demás son factores que pesan en la elección", dice. Valga como ejemplo de esta filosofía el caso de uno de los últimos jefe de producto que incorporó Laboratorios Servier. Este no destacaba por su capacidad técnica, no dominaba el inglés ni tenía experiencia en el sector de prescripción, pero sus aptitudes y sus habilidades convencieron a la firma, que invirtió seis meses de formación en el desarrollo del candidato en París.

Idiomas al teléfono

Desde el punto de vista de formación, el aprendizaje de idiomas era una de las obsesiones de Rodríguez. Hace cinco años, ante la escasa eficacia de las tradicionales clases, optó por contratar tutores telefónicos, uno de inglés permanente y uno de francés que acude por las tardes.

Un total de 62 empleados, procedentes de la plantas de España –Madrid y Toledo– participan en los cursos de inglés de forma asidua. Los cursos, que han logrado un 95 por ciento de asistencia, se desarrollan telefónicamente y deforma personalizada una o dos veces por semana, en función del nivel. También existen otras sesiones no programadas. "Este sistema ha permitido al profesional perder el miedo escénico", explica Rodríguez. Tomando como referencia las puntuaciones del Toiec –test de habilidad del dominio del idioma inglés–, Rodríguez señala que los profesionales han logrado un aumento de cincuenta puntos anuales. Los cursos están subvencionados. Si el alumno no alcanza el nivel esperado debe costear el cincuenta por ciento el año siguiente.

Trabajar en la oficina como en casa

Se podría decir, sin miedo al error, que Laboratorios Servier está presvente en buena parte del mundo "discretamente". Este calificativo poco tiene que ver con sus resultados económicos mundiales –2.800 millones de euros en 2005– pero sí con su presencia física. Y es que desde sus orígenes, el doctor Servier –fundador de la marca– quiso que sus instalaciones formaran parte del paisaje en el que se levantan, sin perder la referencia cultural. Así, la planta de Casablanca (Marruecos) reproduce la estructura de un palacio árabe; en Brasil asemeja a una hacienda; en China el tejado es típicamente oriental; y la central farmacéutica de Orleans, donde trabajan mil personas, la mitad de la superficie que ocupa el edificio es campo, "hay hasta líquenes", comenta Enrique Rodríguez, director de recursos humanos de la firma en España. En Madrid, _la planta farmacéutica es un chalé similar a los que hay en la zona, el barrio de Conde de Orgaz, pero su interior parece no tener límites, hasta alberga un pequeño centro de producción. Rodríguez asegura que aunque no tienen resultados científicos, este tipo de ambientes contribuyen a mejorar la calidad laboral.

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