La apuesta internacional de las empresas obliga a desplazar cada vez más directivos españoles a filiales en el extranjero. Expatriar directivos es muy caro; de media, las empresas pagan casi un 80% más que en el puesto de origen.

El 90% de ellos se marcha sin conocer las condiciones de su regreso y, cuando vuelven, muchos se encuentran con que su empresa no sabe qué hacer con ellos. Por eso, se sienten inadaptados en su propio país.

La vuelta es lo más duro", dice Jorge Martínez, responsable de la marca La Piara, dentro del grupo Nutrexpa. "En el fondo siempre te sientes un poco inadaptado", admite Joan Bosch, responsable de la unidad de procesos de servicio al cliente de Gas Natural. Los dos han sido lo que en la jerga de las multinacionales se conoce como un expatriado: los empleados que las empresas envían, normalmente en muy buenas condiciones, a vivir y trabajar fuera de su país durante un tiempo. El regreso suele ser uno de los mayores problemas.

Bosch, de 46 años, es uno de esos miles de directivos, que, animados por las expectativas de desarrollo profesional, emprendieron un periplo internacional. Primero en Argentina, de 1993 a 1997, y posteriormente en Brasil, hasta 1999. Se fue, casado y con dos hijas pequeñas, y volvió hace seis años sin saber las responsabilidades que le aguardarían tras su experiencia internacional. "Así lo hace la mayoría", explica el profesor del IESE Sandalio Gómez-Egea. Un reciente estudio precisa que un 91% de los expatriados no conoce las responsabilidades que tendrá al terminar su estancia internacional, y un 77% no firmó ningún documento formal sobre la duración de la expatriación o el puesto que tendrá al regresar.

A Joan Bosch eso no le parece tan grave: "Te vas porque en un un momento dado te interesa y no puedes tenerlo todo atado". Él tuvo suerte: "Volví un viernes y al lunes siguiente ya estaba trabajando en mi nuevo puesto". Pero admite que algunos de sus colegas no lo han tenido tan fácil.

La recolocación de Jorge Martínez (33 años) presentaba un problema añadido: él no había sido enviado por Nutrexpa desde España, sino que el grupo catalán ya lo fichó en China, donde estaba trabajando para la Cámara de Comercio de Madrid. "Encontré mucha comprensión cuando después de cuatro años en China dije que quería volver, pero encontrarme un puesto no era fácil", dice. De hecho, no ha vuelto a su ciudad (Madrid), sino a Barcelona. "La vuelta es dura, pero merece la pena, porque si vives mucho tiempo fuera pierdes la perspectiva y corres el riesgo de no reciclarte".

Varios elementos hacen que, al regresar, el profesional se sienta inadaptado. Para Joan Bosch, el más importante "es volverse a encontrar con una organización pesada". "Cuando estás en una filial en el extranjero - dice- te enfrentas a problemas de más envergadura, tienes más capacidad para tomar decisiones y la organización es mucho más ágil". Eso sin contar la transformación que haya podido sufrir la propia empresa. Por ejemplo, ¿qué Gas Natural se encontrarán los colegas de Bosch a los que les ha pillado fuera la opa sobre Endesa?

Otro problema, señala el estudio del IESE, es que "muchos profesionales que regresan a su país de origen no comprenden cómo no se les recompensa o no se aprovechan los conocimientos que han adquirido como expatriados; les da la impresión de que no no saben qué hacer con ellos".

La inadaptación se agrava por la pérdida de status social que implica la vuelta a casa, porque la marcha al extranjero lleva pareja una suculenta prima salarial. "Depende del riesgo país, porque no es lo mismo vivir en Colombia que en Argentina", dice Joan Bosch. "Expatriar directivos es muy caro, y de media, hay que pagar casi un 80% más que en el puesto de origen", explica Joan Cohí, director general corporativo de Chupa Chups, quien reconoce que "con esta oleada de fusiones y de cambios muchos profesionales se encuentran con que su puesto ya no existe cuando vuelven". Según Cohí, la política de Chupa Chups es "garantizar un puesto de nivel similar al anterior o bien ayudar al profesional a buscar otro empleo en el mercado". En Indo, se ha optado por revisar la estrategia, que en el pasado se iba improvisando en función de las necesidades. "Ahora se han estandarizado las condiciones, con salarios pactados tanto de ida como de regreso", explica M. ª Carmen Martí, responsable de desarrollo en el departamento de recursos humanos.

Si la expatriación se hace en algún país en vías de desarollo hay otras ventajas, como una vivienda lujosa o un prestigio social que se pierde al regresar. "La pérdida de esa posición social es un problema para algunos", reconoce Joan Bosch, quien asegura que ése no fue su caso, porque nunca perdió "el mundo de vista". Él volvió cuando pensó que eso era lo más conveniente para sus hijas. "Tenían ya diez y once años. Y pensé: o nos quedamos sine die o volvemos, porque necesitan asentarse".

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