Las empresas socialmente responsables tienen que mirar tanto hacia fuera como para dentro, para retener a sus mejores trabajadores y hacer que se identifiquen con la empresa. La guía medioambiental de BBVA es un ejemplo de una tendencia en auge.

Las empresas socialmente responsables tienen que mirar tanto hacia fuera, para conocer y minimizar el efecto que sus acciones tienen en su entorno inmediato, como para dentro, con el fin de retener a sus mejores trabajadores, mantenerles motivados y hacer que éstos se identifiquen con la empresa como si fuera algo suyo. Tanto para una cosa como para la otra ponen en marcha todo tipo de acciones. Un ejemplo, y hay muchos más, sobre todo en los últimos años, de esta tendencia es la guía de prácticas medioambientales que ha editado BBVA para sensibilizar a los 1.400 empleados de su sede en Madrid.

El objetivo es sensibilizar a los empleados para que usen de la forma más eficaz y respetuosa con el medio ambiente el papel, ordenadores, impresoras, fotocopiadoras y otros materiales de oficina, así como el agua de los servicios y la electricidad. Para ello les da ideas prácticas, como reutilizar las carpetas vacías, comprimir los archivos informáticos para que ocupen menos discos, no apagar los tubos fluorescentes si se va a utilizar en breve la sala o cerrar los grifos mientras se lavan los dientes.

La campaña incluye también carteles, el más llamativo en el vestíbulo, con los 10 principios ambientales aprobados por la dirección del banco.

La guía, un folleto de seis páginas muy gráfico, se envió a todos los empleados de la torre en noviembre. El esfuerzo se produce después de que el banco lograse la certificación ISO 14.001 de gestión medioambiental de edificios para el complejo de Azca en diciembre, un proceso que ha liderado la dirección y que ha gestionado el departamento de inmuebles y servicios. Su responsable, Ángel Tejedor, reconoce que aún no se ha cuantificado el resultado de la campaña, si bien subraya que "se nota que los empleados colaboran; usan las papeleras, utilizan las dos caras del papel y apagan los equipos cuando acaban la jornada", expone. Incluso llevan el teléfono móvil al punto de reciclaje cuando deciden prescindir de él.

La entidad no quiere cifrar el coste que ha supuesto esta campaña, si bien su responsable subraya que "hay que contemplarla más como inversión que como gasto porque el retorno es muy alto".

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