La flexibilización del empleo es, en ocasiones, la única manera de evitar despidos masivos. Los convenios colectivos de las empresas catalanas no fomentan la reestructuración laboral ni aprovechan los márgenes de flexibilidad que permite la normativa.

Pocas soluciones encontraban en LU Biscuits a la crisis de producción que la fábrica de Granollers sufrió hace un par de años. Cabían dos posibilidades: el despido masivo o la reestructuración del trabajo. Los responsables optaron por lo segundo; mantener la plantilla y buscar una flexibilidad laboral que mejorase la productividad. Se establecieron constantes rotaciones en los turnos, se intercalaron semanas de cuatro y seis días laborables y aparecieron las jornadas de 12 horas los sábados y domingos. La empresa prometió retribuir generosamente los sábados trabajados y facilitar los cambios de turno entre empleados. El caso de esta factoría de galletas no es exclusivo. La flexibilidad laboral no sólo ha mejorado la situación de ciertas empresas dentro del mercado, sino que a veces es la única opción para conseguir la supervivencia de una fábrica o la integridad de una plantilla de trabajadores. Por esa lógica, cuanto más flexibles sean las condiciones laborales, más posibilidades tiene el empleo de seguir existiendo.

"La flexibilidad no es desregularizar derechos sociales; se trata de dialogar, de coparticipar", explica Miguel A. Toral, jefe de relaciones laborales de LU Biscuits, que participó en una mesa redonda sobre este tema celebrada el lunes en Esade. La escuela de negocios presentó ese día el estudio titulado La competitividad en la industria catalana: medidas de flexibilidad, elaborado para la Cambra de Comerç de Sabadell.

Flexibilidad a la catalana

Los convenios colectivos de las empresas catalanas no fomentan la reestructuración laboral ni aprovechan los márgenes de flexibilidad que permite la normativa, según el informe. Realizado a partir del análisis de siete convenios colectivos publicados entre 2004 y 2005, el estudio destaca que los modelos de negociación colectiva son estáticos y unilateralistas. El presidente de la Cambra de Comerç de Sabadell, Antoni Peñarroya, suscribe esta afirmación, asegurando que en Catalunya "a veces se confunde flexibilidad con anarquía".

En el debate de Esade también se expuso la reorganización laboral aplicada en otras dos empresas con sede en Catalunya. En Durero Packaging, dedicada a las artes gráficas y al empaquetado, hubo que implantar una serie de innovaciones que redujeran "el tiempo de servicio a los clientes y aumentaran la competitividad de la empresa", según su director financiero, Pere Colomer. Su apuesta por "la comunicación y la formación" polivalente generó un grado de flexibilidad que les permitió fidelizar a sus clientes.

En el caso de la multinacional Delphi Diesel Systems, que fabrica recambios de automóvil, quedó patente la importancia del diálogo entre sindicatos y empresa. La factoría de la empresa en Catalunya debía ampliar su horario de trabajo si quería que la casa matriz invirtiera en ella. Si esto no se producía, la inversión se realizaría en otro país y la fábrica catalana sufriría un despido masivo o, mucho peor, el cierre. La conflictiva negociación duró meses. Muchos de los trabajadores, según el director de recursos humanos de Delphi, Rogelio Oficialdegui, nunca creyeron del todo la gravedad de la situación. Se llegó a un preacuerdo de reorganización que incluía, entre otras innovaciones, una semana de 35 horas (65 horas menos al año) y un plus económico de un 10% más sobre el salario. Y es que para Oficialdegui "la flexibilidad no es, en absoluto, barata", en contra de los que creen que estas medidas sólo benefician a la empresa.

El papel de los sindicatos

Sin embargo, si en algo coincidieron los tertulianos de Esade fue en que hay que contar con líderes sindicales "que creen clima de opinión, ya que a muchos trabajadores les cuesta entender la complejidad de las razones de fondo de la aplicación de estas medidas", según dijo Miguel A. Toral. A lo largo del debate se echó de menos que uno de estos empleados explicara su opinión sobre las razones de la falta de entendimiento.

Esther Sánchez, profesora de Derecho en Esade, sostiene que el nuevo modelo laboral derivado de las necesidades del mercado actuales "debe pasar necesariamente por la negociación colectiva, por el pacto y por la integración de los intereses de empresarios y trabajadores; hay que ir de la flexibilidad laboral a la flexiseguridad". Un nuevo concepto en el que habrá que profundizar hasta conseguir que encaje en el frenético sistema económico actual.

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