El gigante de la distribución minorista estadounidense, Wal-Mart, propietario de la empresa británica del mismo sector, Asda, tiene una manera interesante de ver a los sindicatos: no le gustan nada.

Raramente, no pasa una semana sin que Wal-Mart aparezca en la prensa por alegaciones contra sus malas prácticas laborales.

El mayor distribuidor minorista del mundo forma parte de un selecto grupo de marcas multinacionales que logran provocar la ira general por la manera en la que tratan a sus empleados. Muchas personas comparten la opinión del senador norteamericano, Ted Kennedy, quién dice que “Wal-Mart viola cada día los valores de la familia americana por su maltrato a los trabajadores.”

La lista de alegatos contra la empresa que tiene 1,7 millones de empleados en todo el mundo, incluyendo los 140.000 trabajadores de Asda en el Reino Unido, va en aumento.

Wal-Mart se enfrenta a docenas de causas judiciales, por ejemplo, por la discriminación salarial de los 1,6 millones de mujeres que trabajan o han trabajado para la empresa. Un veredicto reciente ha obligado a la compañía a pagar 172 millones de dólares a sus empleados de California por las vacaciones que no han realizado, mientras que las autoridades han arrestado en 2005 a miles de inmigrantes ilegales trabajando en sus instalaciones.

El enfoque del distribuidor con respecto a la salud laboral de sus trabajadores, ha despertado críticas especialmente duras. A pesar de que su Director General, Lee Scout, ha reconocido que los seguros médicos, que no son gratuitos en los EEUU, no pueden ser pagados por gran parte de la plantilla, Wal-Mart facilita muy pocas ayudas a sus trabajadores.

El precio de las compensaciones

En 20 estados, Wal-Mart, es la empresa que más utiliza los fondos públicos de atención sanitaria. Los representantes de la campaña Wake up Wal-Mart (“Despierta Wal-Mart”), organizada por los sindicatos norteamericanos, estiman que cada establecimiento que emplea a 200 personas puede suponer un coste anual de 420.750 dólares a los contribuyentes.

Pero más que invertir en sí misma, Wal-Mart trata de averiguar otras maneras de reducir costes. La vicepresidenta de políticas de compensación, Susan Chambers, despertó recientemente las iras de mucha gente al sugerir que se podrían recortar costes disuadiendo a las personas poco sanas, con sobrepeso o de más edad, de trabajar en la empresa.

Las prácticas laborales de Wal-Mart no sólo son el centro de atención en los Estados Unidos, sino también en el Reino Unido. Asda debe hacer frente a las críticas de los sindicatos por sus políticas de empleo, con tres importantes derrotas judiciales sólo durante el mes pasado.

Los sindicatos afirman que estas prácticas laborales se deben al hecho de haber permitido a la compañía la política de no aceptar a los sindicatos. Como se afirma en la página web de Wal-Mart: “No estamos en contra de los sindicatos. Pueden ser adecuados para algunas compañías pero, simplemente, aquí no hay la necesidad de un tercero en la relación entre nuestros asociados (así llaman a los trabajadores) y sus jefes.”

En vez de eso, la empresa promueve la “Política de Puertas Abiertas”, permitiendo dirigir quejas a cualquier punto de la escala jerárquica de la empresa. Shane Dawson, líder del sindicato canadiense del sector, el United Food and Comercial Workers (UFCW), afirma que “esa política sólo sirve para poder identificar a los que causan problemas.”

En Canadá, la compañía reivindicó no estar en contra de los sindicatos, al ser preguntada por el Gobierno Laborista del Québec, tras la decisión de ésta de cerrar el año pasado una tienda Wal-Mart en Jonquire. El Gobierno supo que, tras la incorporación de la plantilla al UFCW, las nuevas contrataciones de personal pararon y el único establecimiento sindicado de Wal-Mart en toda Norteamérica acabó cerrando. Las autoridades denominaron la acción como de “represalia a los trabajadores sindicados”.

Los sindicatos no son bienvenidos

Wal-Mart arguyó que ese establecimiento presentaba problemas financieros y que las demandas sindicales habrían supuesto un cambio completo de modelo de negocio. El sindicato alegó que la dirección de Jonquire había hecho instalar cámaras y guardias de seguridad para espiar a los trabajadores y que había recurrido al acoso psicológico, enviando inspectores e ingenieros a la tienda e insinuando en varias ocasiones que quizás sería necesario demoler el edificio.

Pero, a pesar de todas las críticas y el seguimiento que se le hace a Wal-Mart (que pueden aumentar más aún si se cumplen sus intenciones de entrar en el negocio bancario), los americanos siguen buscando masivamente trabajo en la empresa. Recientemente, unas 25.000 personas se presentaron en Illinois a un proceso de selección para 325 puestos de trabajo.

Kevin Groh, portavoz de Wal-Mart, afirma que la mitad de los directivos de la empresa empezaron como trabajadores por horas y que la rotación de personal es un 15% menor que la media nacional estadounidense. Unas diez personas de media se presentan para cubrir cada nuevo puesto que ofrecen y las personas lo siguen haciendo “porque atraemos candidatos de cualquier clase: adolescentes que quieren trabajar a tiempo parcial, personas que quieren empezar una carrera en el sector o seniors que quieren seguir en activo.”

Wal-Mart presume de haber conseguido una buena puntuación en la importante lista de Mejores Lugares para Trabajar en Canadá de 2005. Mario Pilozzi, director general de Wal-Mart Canadá, atribuye el resultado “a la fuerte cultura corporativa y a un gran equipo de asociados.”

La compañía defiende a capa y espada su modelo de negocio y, con unas ventas globales de unos 150.000 millones de libras, muchos pueden encontrar difícil rebatirlo. Es difícil saber si sus prácticas laborales pueden funcionar en el Reino Unido o en otras operaciones en el extranjero. Seguro que tratarán de averiguarlo los experimentados observadores de Wal-Mart.

Asda en el banquillo

La semana pasada, un trabajador de Asda que fue despedido por dejar su puesto de trabajo para ir a tomar un medicamento contra la epilepsia, tuvo que ser indemnizado con 7.000 libras por despido improcedente. Paul Turner afirmó haber dejado su puesto sólo siete minutos para tomar su medicación porque se sentía mal. El tribunal también escuchó a los representantes de la empresa que acusaba al trabajador de haber tomado el descanso para ver la final de la Copa de Europa. Turner, que había trabajado para Asda durante diez años, se acogió a la Ley de Discriminación a los Discapacitados.

El mes pasado un tribunal de Newcastle-upon-Tyne decidió que Asda había quebrantado la Ley de Consolidación de Sindicatos y Relaciones Laborales (1992), al ofrecer un aumento del 10% del sueldo a los trabajadores si dejaban de ser miembros del sindicato GMB (Britain’s General Union). El tribunal condenó a la empresa a pagar 2.500 libras a cada uno de los 340 trabajadores miembros del GMB. Asda ha recurrido esta sentencia.

También en febrero, Asda fue obligada a pagar 27.750 libras en compensación a 37 trabajadores asiáticos por discriminación racial. Un jefe del supermercado de Lutterworth, en Leicestershire, ordenó a esos empleados que presentaran documentos para probar que tenían derecho a trabajar en el Reino Unido y asegurarse de que Asda no estaba empleando a inmigrantes ilegales.

Acceso a la noticia: http://www.personneltoday.com/Articles/2006/03/14/34355/Can+Wal-Mart+keep+unions+out.htm

Acceso a Wake Up Wal-Mart: http://www.wakeupwalmart.com

* “Can Wal-Mart keep unions out?”. Personneltoday.com, 14/03/2006. (Artículo consultado on line: 20/03/2006)

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