"¿Pero yo gano tanto? ¡No puede ser!" Así de sorprendido se muestra más de un asalariado cuando por estas fechas su empresa le entrega el resumen de ingresos del 2005. Y es que, entre lo que la empresa abona y lo que el trabajador percibe, hay un abismo.

"¿Pero yo gano tanto? ¡No puede ser!" Así de sorprendido se muestra más de un asalariado cuando por estas fechas su empresa le entrega el resumen de ingresos del año pasado. Y es que, entre lo que la empresa abona y lo que el trabajador percibe hay un abismo: cuatro de cada diez euros se va en cotizaciones y retenciones. Con todo, los sindicatos consideran que no pagamos tanto y que para la mayoría de trabajadores este pago al Estado acaba resultando rentable.

Las cotizaciones sociales y las retenciones por IRPF se comen un 39% del sueldo de un trabajador soltero con unos ingresos equivalentes al salario medio, porcentaje que baja al 33,4% si el trabajador está casado y tiene dos hijos, según las últimas estadísticas de la OCDE relativas a la fiscalidad salarial en 2005. El servicio de estudios de la patronal CEOE asegura que la brecha fiscal real - la diferencia entre lo que el trabajador le cuesta a la empresa y lo que éste se lleva a casa- es mayor: del 39,5% para un oficial administrativo con dos hijos (que cobra netos 19.514,2 euros pero le cuesta a la empresa 32.242 euros), del 42,4% para un jefe administrativo (se lleva a casa 26.491,9 euros de los 45.988 que para la empresa) y del 41,3% para un licenciado con un sueldo neto de 32.891,9 euros y un coste salarial de 55.988 euros.

"Y además hay que tener en cuenta que las retenciones de la nómina resultan liberatorias si el sueldo es bajo, pero resultan incompletas en los sueldos altos, que luego tienen que pagar más en su declaración de renta", explica Joaquín Trigo, director ejecutivo de la patronal catalana Foment del Treball.

A la vista de estos datos cabe pensar que trabajar resulta muy caro. "Puede parecerlo si se utiliza el criterio de costes laborales para la empresa, pero ésa es una visión muy parcial para los empleados, puesto que para juzgar si pagas mucho o poco al Estado también hay que ver qué recibes de él", dice Miguel Ángel García, responsable del gabinete económico de CC. OO. A su juicio, cada persona debería echar sus propias cuentas sobre lo que aporta y recibe del Estado, pues no es lo mismo quien utiliza la sanidad y los colegios públicos que quien tiene un seguro médico o lleva a sus hijos a un colegio privado. "De todos modos, para la mayoría de trabajadores sólo el derecho a una pensión ya hace que las cuentas resulten rentables, pues lo que cobrarán será mayor que lo aportado", indica García. Y advierte que, a la hora de echar estas cuentas "no hay que olvidar los valores no medibles, como la cohesión social o la menor delincuencia" de que puedes disfrutar debido a esas aportaciones y que las justifican y hacen rentables incluso si no te beneficias de otras prestaciones públicas.

También en UGT opinan que la carga fiscal sobre los salarios de los españoles no es excesiva. "La media de España es más alta que la de Estados Unidos o Nueva Zelanda, pero son países con otra tradición económica y otro nivel de prestaciones; en cambio, si se compara con los países de la Unión Europea anterior a la ampliación (UE-15) se está incluso por debajo", dicen fuentes de su gabinete técnico. En su opinión, el problema no está en que las cotizaciones o retenciones sean más altas o no que en otros países, sino en que los ciudadanos perciben que pagan más que lo que deberían porque no reciben los servicios que esperan, que los precios de los bienes de consumo cotidiano se han disparado, que tienen que sacrificar uno de los dos sueldos familiares para pagar su vivienda y que no todo el mundo paga igual, porque hay mucho fraude.

"Tenemos la sensación de que pagamos mucho porque el ciudadano percibe que vivir aquí es muy caro y, encima, cuando quiere llevar su hijo a la guardería pública no puede porque no hay plazas, cuando necesita una residencia asequible para sus padres no encuentra, y cuando va a comer se cuentra con que el menú ha subido un 20%, por no hablar de los precios de la vivienda", apuntan desde UGT. Y recuerdan que las encuestas del CIS evidencian que son mayoría los españoles que creen que los impuestos no se pagan de forma justa y que se paga mucho para lo que se recibe.

Joaquín Trigo enfatiza, a este respecto, que la percepción sobre la carga fiscal que soportan los salarios depende también del nivel de ingresos del trabajador. "No es lo mismo que te cobren el 32% cuando ganas 10 que cuando ganas 20, y también depende de los servicios que te den. ¡Claro que hay países que pagan más, pero igual reciben muchas prestaciones a cambio!", comenta.

Desde algunos ámbitos económicos se vincula esta elevada carga fiscal sobre el empleo con un peor funcionamiento del mercado de trabajo. "Los mayores costes laborales provocarán un descenso de la demanda de mano de obra y, en consecuencia, un incremento del paro, al tiempo que las empresas sustituyen el factor más caro en términos relativos, el trabajo, por el más barato, el capital, de forma que no se aprovecha toda la potencialidad del capital humano", advierten los responsables del servicio de estudios de La Caixa en su último informe mensual. En él destacan que la carga fiscal sobre los salarios en la Unión Europea es casi un 50% superior a la existente en Estados Unidos o Japón, a pesar de las rebajas de impuestos aplicadas en los últimos años por algunos países europeos.

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