El dinero que los emigrantes de todo el mundo envían a sus países de origen representa más del doble de los fondos públicos de ayuda internacional al desarrollo, según el Banco Mundial. España batió de nuevo en el 2005 su récord en envío de remesas.

El dinero que los emigrantes de todo el mundo envían a sus países de origen representa más del doble de los fondos públicos de ayuda internacional al desarrollo, según datos del Banco Mundial. Las remesas de la emigración constituyen la primera fuente de financiación exterior de los países en desarrollo y en algunos casos representan hasta un tercio de su riqueza nacional (PIB).

En el 2004, el volumen de transferencias con destino a los principales países receptores ascendió a una suma equivalente a 117.000 millones de euros, mientras que los fondos públicos destinados a favorecer el desarrollo de los países pobres sumaron 61.700 millones. En el 2005, las remesas de la población emigrante rebasaron incluso los 125.000 millones, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), aumento que revela las dimensiones de las nuevas migraciones masivas y el impacto en la economía familiar y nacional de los países de origen.

El volumen real del dinero de los emigrantes que circula de un país a otro es mucho mayor, ya que las cifras reseñadas se ciñen a los envíos de fondos a través de los circuitos bancarios tradicionales o las grandes agencias especializadas como Western Union (WU), líder mundial de esta actividad con presencia en casi doscientos países. La legendaria compañía, creada a mediados del siglo XIX y adquirida en 1994 por el grupo financiero First Data, gestionó en el 2005 el envío de 19.500 millones de euros, origen de su floreciente negocio y del beneficio de 2.400 millones declarado en el mismo año.

Sólo en España, donde los grandes bancos ya se han apresurado a tomar posiciones en la gran mina de oro de las remesas de la emigración, el Banco de España calcula que los envíos de dinero pueden haber rebasado los 9.000 millones en el 2005, frente a 3.844 millones registrados oficialmente. La abultada diferencia tiene explicación, ya que sumas imponentes de divisas circulan sin control alguno mediante redes o sistemas informales propios de comunidades de gran peso migratorio, como es el caso del hawala de los musulmanes o los peculiares mecanismos de compensación en China, India o Pakistán.

Estados Unidos, que conforme a sus propios orígenes encabeza el ranking mundial de los países con mayor número de inmigrantes (38,4 millones de personas, un 12,9% de la población), es también el principal emisor de fondos de la emigración destinados a los países en vías de desarrollo, con 30.300 millones de euros en el año 2004. Le siguen países de fuerte atracción migratoria como Arabia Saudí, con 10.600 millones de euros; Suiza (10.000 millones), y Alemania (8.100 millones), según datos del último informe del Banco Mundial sobre las perspectivas económicas (Global Economic Prospects 2006).

"La migración sigue siendo una fuerza importante en la lucha contra la pobreza, misión clave del Banco Mundial", escribe el norteamericano Paul Wolfowitz, presidente de la institución. "Los países en desarrollo se benefician del dinero que los emigrantes envían a sus familias, una menor presión en los mercados de trabajo, el contacto con los mercados internacionales y el acceso a la tecnología", subraya el antiguo subsecretario de Defensa de Estados Unidos y cerebro gris de la Sdministración Bush. Wolfowitz señala también, sin embargo, las situaciones de explotación de la emigración laboral y las duras condiciones y reglas del mercado que encarecen los envíos de dinero, con comisiones prohibitivas según el importe y destino. A pesar de que la competencia ha rebajado las comisiones de un 25% a un5% en EE. UU., la compañía WU sigue aplicando tarifas disuasorias, especialmente a África. Así, un envío de 250 euros desde Europa exige 24 euros de comisión, pero la enorme red de agencias WU en África (un millar en Nigeria) impone su ley.

En algunos países, el dinero de la emigración representa entre una quinta y una cuarta parte de la economía, como es el caso de Jordania (20%), Bosnia-Herzegovina (22,5%), Haití (24,8%) y Lesotho (25,8%), y hasta llega a un tercio en el caso del reino de Tonga (31,1%). Este mínimo Estado insular del Pacífico Sur (100.000 habitantes) es junto con Moldavia (27,1%) el país que más vive de sus expatriados. En los antiguos países de la órbita soviética, otro de los grandes nichos de emigración, los ingresos en remesas (15.500 millones en el 2004) rebasan la inversión directa extranjera, según Erik Berglofla, economista jefe del BERD (Banca Europea de Reconstrucción y Desarrollo). El dinero de la emigración representa un 1,3% del PIB de los 27 países que en 1991 integraron el banco, con Rusia en cabeza. Según Berglofla, la mayor parte de los ingresos son para el consumo familiar, pero también sirven para crear empresas, en especial en los Balcanes.


España recibe más que envía

España batió de nuevo en el 2005 su récord en envío de remesas (3.844 millones de euros), con un incremento del 10,4% con respecto al año anterior (3.481 millones), según el Banco de España. El Banco Mundial eleva sin embargo a más de 4.000 millones la cifra del 2004. En todo caso, hace diez años las remesas de los inmigrantes apenas eran una décima parte (360 millones). El envío medio es de 300 euros con una cadencia anual de siete a once veces. El flujo de dinero a Latinoamerica acapara el 52,6% con un total de 1.804 millones en el 2004. Pese a todo, España aún recibe más dinero de sus propios emigrantes: 4.300 millones en el 2005. El Banco Mundial sitúa a España en el sexto lugar de la lista de países receptores, con 5.400 millones en el 2004.

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