Elegir el propio camino profesional es probablemente la decisión más difícil que afrontan los jóvenes, ya que la desorientación, las presiones familiares y sociales, pueden convertirse en un número excesivo de variables para manejar a edad tan temprana.

Eric repasa la larga lista de opciones y no le apetece ninguna. Si estuviese ante el menú de un restaurante podría pedir unos huevos fritos o una ensalada, un recurso para salir del paso. Pero la decisión que ha de tomar tiene mucha más trascendencia, de alguna manera podría decidir su vida. Eric siente vértigo. Por que, finalmente, debe responder a la pregunta que tantas veces le han formulado sus padres y familiares: "¿Qué quieres ser de mayor?".

Hasta ahora había sido fácil. "Mágico", decía a los cinco años sin un atisbo de duda. "Jugador de la NBA", proclamaba a los once. Y soñaba con ser "millonario" a los dieciséis.

Pero hoy, a la espera de recibir las notas finales del bachillerato, con la selectividad a la vista y los pies en tierra, resulta que no tiene "ni idea" de lo que desea para su futuro. No es el único. Miles de jóvenes bucean estos días en su interior en busca de un atisbo de les indique la modalidad del bachillerato o la carrera universitaria que cursarán después del verano. Muchos de ellos todavía no pueden votar, pero han de decidir en plena adolescencia - con las transformaciones e inseguridades que comporta- qué quieren ser de mayores.

"No llegan al 8% el número de estudiantes que tienen una idea válida, definida y decidida sobre el camino que seguir", asegura Alejandro García, director del Centro de Productividad y Desarrollo. "Otro 15% tiene a su alcance datos, ya sea de profesores o padres, para poder definirse. Pero el resto vivirá estos meses entre la angustia de los exámenes y la estresante dudade no tener idea de por donde orientar su futuro".

Elegir el propio camino profesional es probablemente la decisión más difícil que afrontan los jóvenes. Pues la desorientación, las presiones familiares y sociales, a las que muchas veces se suman factores económicos, pueden convertirse en un número excesivo de variables para manejar a edad tan temprana. Sobre todo si no se tiene la fortuna de disfrutar de una vocación temprana.

"Vocación" es un término que en la cultura cristiana está claramente relacionado con la "llamada de Dios", pero que el diccionario de la RAE - en su tercera acepción y en sentido coloquial- recoge como "Inclinación a cualquier estado, profesión o carrera". Según un estudio sobre los universitarios españoles y el mercado laboral, la "vocación" constituye el principal motivo de elección de carrera para ocho de cada diez estudiantes de los que logran cursar su primera opción. Y en contra lo que podría creerse, no es la tradición familiar la que acaba teniendo un peso decisivo. De hecho ocupa el último lugar, puntuada de 1 a 10 con 1,73, muy por detrás de los propios anhelos, del número de salidas profesionales o de la duración de los estudios.

El problema es el abismo que muchas veces separa la imagen de la profesión que tiene un joven de la realidad académica y profesional con la que se encontrará. Lo explica Adrià, que acaba de pasarse un año en el dique seco tras matricularse en Ingeniería Informática. "Soñaba con diseñar videojuegos, pero tardé dos semanas en darme cuenta que aquello no era lo mío. Así que decidí para y pensármelo. En septiembre empezaré en el INEF". Sus padres creen que es otro espejismo. "Piden unas notas de corte altísimas, y ¿qué salidas tiene? ¿Dar dos horas de clase en un gimnasio?".

En ninguna otra fase del ciclo vital, aseguraba Eric H. Erikson, el psicólogo alemán que teorizó sobre la construcción de la identidad en la adolescencia, se encuentran tan relacionadas y tan próximas las presiones para encontrarse a uno mismo y la amenaza de perderse. Y aunque en la actualidad los jóvenes disfrutan de muchísimas más oportunidades de información, su volumen puede precisamente contribuir a despistarlos.

En la década de los 90, las autoridades educativas de Estados Unidos detectaron un problema preocupante. Una de las múltiples razones del fracaso escolar de los jóvenes de raza negra, era que toda la constelación de sus ídolos estaba formada por deportistas. Y el anhelo de convertirse en Jordan abocaba a un número excesivo de ellos a intentar profesionalizarse y ser como sus mitos. Un objetivo que se volvía inalcanzable dada la escasez de plazas que existe en la cúspide de cualquier competición. Y decenas de miles de jóvenes gastaban su mejor energía detrás de una quimera.

¿Hasta que punto uno quiere ser arqueólogo seducidos por la estética Indiana Jones? Hoy sabemos que series televisivas como Doctor Gannon o Lou Grant impulsaron a muchos jóvenes a hacer la carrera de medicina o periodismo. "Es cierto que los jóvenes eligen muy influidos por los medios de comunicación, por la imagen que éstos transmiten de las profesiones", asegura Eliseo Gómez-Senent, de la Universidad Politécnica de Valencia. "Pero a pesar de que en torno a un 50% renuncia a determinadas carreras por las dificultades que comportan, también lo es que una equivocación de este tipo a los 18 años no es el fin del mundo".

Muchos especialistas coinciden en que se sobrevalora el hecho de que la elección de una carrera concreta determinará de forma inexorable el futuro profesional. Joseph Samitier, catedrático de Electrónica de la Universitat de Barcelona, nos daba este consejo: "Iniciar la etapa universitaria con unos estudios que permitan una sólida formación de carácter generalista en cualquier rama científica, tecnológica o humanística se vislumbra como la mejor estrategia para afrontar futuras especializaciones. Así se adquiere un mayor grado de adaptación auna oferta laboral que con toda seguridad será muy distinta a la que hemos conocido hasta ahora. Los padres acostumbramos a intentar predecir el futuro de los hijos a partir de nuestra experiencias del pasado. Pocas veces acertamos. Debemos conformarnos con ofrecerles una educación sólida tanto en el ámbito intelectual como en el personal. Es el mejor pasaporte para el futuro".

Lo importante es sentirse a gusto

Pues aunque en la actualidad un título universitario no abra de inmediato las puertas del mercado laboral, las estadísticas muestran claramente que la lacra del paro la sufren más los peor preparados. Por eso, como dice Isabel Arimany, psicóloga y responsable del servicio de orientación profesional de EducaWeb. com: "Lo importante es sentirte a gusto con los estudios que elijas y la profesión que ejerzas. Por encima de sus perspectivas de trabajo".

¿Qué tipo de gente acude a su servicio? "Nos encontramos con el típico estudiante de ESO, de 16 años, que tiene dificultades para superar la secundaria obligatoria. Estos jóvenes requieren un importante trabajo de motivación para que no abandonen su formación; al contrario, la mejoren y así aumenten sus posibilidades de inserción laboral. Hay muchas opciones de formación práctica para la ocupación en las que pueden encajar perfectamente. Luego existe una situación que, curiosamente, se da mayoritariamente en las chicas. Tienen buenos resultados en todas las materias y tienen interés en muchos ámbitos aunque muy diferentes y dispares, por lo que les resulta difícil elegir qué estudios superiores seguir".

La importancia de la orientación profesional en este momento resulta decisiva. Aunque con frecuencia se confunde lo que quieres ser en la vida con los que deseas hacer. Pues si bien en ocasiones ambas pretensiones se dan la mano, en muchos otros apuntan en direcciones distintas sin que tengan que ser necesariamente contrapuestas.

Por eso todavía sigue siendo válido el sabio consejo del oráculo de Delfos que Sócrates hizo suyo: "Conócete a ti mismo". Que hoy podría traducirse por la necesidad de descubrir nuestra auténtica vocación. Por que si desvelamos que es lo que de verdad nos motiva, lo que hace que vibre lo más interno de nuestro ser, estaremos en el camino de entender el por qué y el para qué nuestra existencia.

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