La generación que acaba de entrar en el mercado laboral tardará más en llegar a la pensión. Dinamarca ha anunciado que elevará la edad de jubilación hasta los 67 años - en línea con el Reino Unido- y otros países europeos ya debaten el asunto.

La OCDE pide no poner trabas a los trabajadores que quieran seguir con un empleo

Llegar a la edad de la jubilación se va a convertir en una meta cada día más difícil y lejana. El envejecimiento de la población está obligando a los países europeos a redefinir el concepto de Estado de bienestar. Incluso las economías escandinavas, que siempre han defendido su generoso sistema de prestaciones sociales, han decidido dar marcha atrás.

Dinamarca anunció el pasado lunes que los trabajadores que quieran disfrutar de la pensión estatal tendrán ahora que trabajar más. De los 65 años se pasará a los 67 años. Y los que quieran prejubilarse tendrán que esperar a haber cumplido los 62 años, en lugar de los 60 actuales.

Aunque puedan parecer modificaciones modestas, el Gobierno de Copenhage asegura que la reforma incrementará el PIB del país un 2% y que se generarán unos 100.000 nuevos empleos. Para paliar el impacto de esta medida, su entrada en vigor será progresiva y finalizará en el 2027, de manera que será la siguiente generación la que tendrá que aplazar su retiro del mundo laboral.

En Dinamarca los impuestos tienen un peso relevante sobre la economía (en el mundo, sólo Suecia está por delante). Por ello, no deja de ser sorprendente que el Gobierno de centroderecha del primer ministro Anders Rasmussen reconozca que el Estado no podrá mantener a los trabajadores inactivos como lo ha hecho hasta ahora.

"Es una decisión que va en la dirección correcta. Hay que apartar los obstáculos que impiden prolongar la vida laboral, y elevar la edad de la jubilación es una política idónea en este sentido", declara a este diario Sveinbjorn Blondal, del departamento de asuntos económicos de la Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (OCDE). "Sería bueno que incluso países más grandes adoptasen medidas similares", agrega Blondal.

Pero en las economías más industrializadas el debate sobre la edad de jubilación se ha ido aplazando para no causar tensiones sociales. En particular, hay temores de que al tener que alargar la vida laboral en las próximas décadas desaparezca la redistribución y la solidaridad entre generaciones. Así, hace unos días, el Banco de Italia instó al Ejecutivo de Roma a elevar la edad de la jubilación. El Gobierno de Romano Prodi al parecer está estudiando la posibilidad de subir la de las mujeres de 60 a 63, pero los sindicatos ya se han declarado en contra.

En algunos países europeos elevar la jubilación a más de 65 años supondría un problema, porque en la actualidad sus trabajadores pueden disfrutar de la pensión a una edad relativamente temprana. Por ejemplo, en Eslovenia se puede cobrar la jubilación a los 58 años. Las mujeres de Letonia, Estonia y Hungría también pueden acceder a ese derecho a esta edad.

Para financiar el sistema, una de las alternativas es la implantación de un sistema mixto entre público y privado. La idea está tomando cuerpo. Según UBS, el monto de los activos de los fondos privados de pensiones en los países más industrializados ya superaba a finales del 2004 los doce billones de euros. En el Reino Unido, estos fondos se duplicarán en la próxima década.

Sin embargo, si se mira a los países anglosajones, donde estos instrumentos han tenido más éxito, tampoco la situación es como para tirar cohetes. En EE. UU., en los últimos cuatro años la agencia federal Pension Benefit Guaranty Corporation (PBGC) ha tenido que duplicar sus intervenciones para financiar los planes de jubilación de varias empresas, que corrían el riesgo de no poder pagar la pensión de sus trabajadores, con un gasto anual que rozó en el 2005 los 3.000 millones de euros. ¿Cuál es la solución? En un reciente informe, la OCDE ha hecho un llamamiento para que los países miembros se esfuercen "para incrementar el número de personas con un trabajo remunerado si se quieren mantener los niveles de vida actuales y los sistemas de protección social a flote".

La organización recomienda a los países que establezcan medidas legales de manera que para las personas sea más interesante volver a trabajar que seguir recibiendo la pensión, algo que en muchos casos se ha desincentivado. Asimismo, hace hincapié en adoptar medidas que estimulen la incorporación de la mujer al mundo laboral, facilitando la compatiblidad con la vida familiar. "Existe la dificultad de obtener la adhesión de la opinión pública a ciertas reformas indispensables. Pero esto no tiene que ser una excusa para no hacer nada", concluyen.

Suscríbete gratuitamente a nuestros boletines

Recibe noticias e ideas en Recursos Humanos.
Suscripción

Utilizamos cookies para ofrecer a nuestras visitas una mejor experiencia de navegación por nuestra web.
Si continúas navegando, consideramos que aceptas su utilización.